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Tus preguntas sobre los Santos

Martyrium: enterramiento en vida

Martyrium: enterramiento en vida

No fue demasiado practicado, pues se consideraba impío –y horrible- entregar a la tierra a quien aún no le había llegado su hora, pero en toda piedad hay excepciones. Cabe destacar que el enterramiento en vida que se practicaba en el antiguo Imperio –al menos en Occidente- no tenía nada que ver con cavar un hoyo, tirar a alguien dentro y cubrirlo con piedras y tierra, como han pretendido hagiógrafos y artistas. Esto es rotundamente falso. Lo que se hacía era excavar una cámara subterránea, o aprovechar tumbas e hipogeos, que se equipaban con luz, agua y alimentos, lo cual era mucho más civilizado que llenarle la boca a alguien de tierra suelta, pero no por ello menos cruel: la luz el agua y los alimentos se acababan tarde o temprano, y según la moral pagana era más honroso suicidarse que esperar a la muerte lenta y atroz, por lo que a menudo se le proveía a la víctima de una soga o una espada. Se mencionan algunos casos:

Santa Fotina: considerada por la tradición ortodoxa como la mujer samaritana que hablara con Jesús en el pozo de Jacob,  fue, tras ser desollada, arrojada a un pozo seco que fue sellado.
 
Santa Daría: con su esposo San Crisanto, fueron encerrados en una cámara sepulcral bajo un arenal que luego fue lugar de reunión de la comunidad cristiana, algunos de sus miembros fueron de nuevo enterrados vivos allí. Su caso es interesante porque antes de casada había sido virgen vestal (sacerdotisa de la diosa Vesta), y el castigo para aquellas vestales que abandonaban el sacerdocio antes de hora o perdían la virginidad, era ser enterradas vivas.

Santas Cándida y Paulina (en la imagen): madre e hija respectivamente, y esposa e hija de San Artemio, fueron encerradas en el Tullianum –o cárcel Mamertina-, horrenda sima que no era más que un simple agujero en el suelo por el que descendían a los condenados, donde morían de hambre en la oscuridad. Nadie que entraba allí salía nunca, por lo que no parece verídico el pasaje del encierro de San Pedro.

Santa Antusa la Joven: fue arrojada también a un pozo, donde se la dejó morir. El sobrenombre de “la Joven”, es para distinguirla de la otra Santa Antusa, princesa de Constantinopla, más conocida.

Santa Irene de Egipto: junto con su hermano San Atanasio, como no quisieran adorar a los dioses, fueron también arrojados a un pozo que luego fue sellado.

Además de los varones ya mencionados, cabe destacar a San Vidal, que también fue enterrado vivo en un pozo -y tengo entendido que por eso es patrono de los poceros-; los Siete Santos Durmientes de Éfeso, jóvenes cristianos que fueron encerrados en una cueva sellada, pero que cuando mucho tiempo después fueron rescatados sus cuerpos, parecía que durmiesen, de ahí su nombre (y una leyenda tardoantigua según la cual sí se habrían dormido de verdad, y despertado trescientos años más tarde, cuando el cristianismo ya era religión oficial).

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