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Tus preguntas sobre los Santos

Martyrium: violación y humillación pública

Martyrium: violación y humillación pública

Uno de los componentes de toda tortura es la humillación, que por ser psicológico y no físico el daño que produce, se tiende a minusvalorar. Sin embargo basta un esfuerzo para ponerse en la piel del otro para imaginar el horror y la vergüenza de semejante procedimiento, que es patrimonio de todas las culturas y de todos los tiempos. Las torturas se ejecutaban en público y dada la desnudez de la víctima, ello era ya bastante humillante de por sí, pero a menudo las mujeres eran las más afectadas. La exhibición de la víctima desnuda era algo que se hizo cin frecuencia y se hacía con hombre, mujeres, ancianos y niños, invariablemente, que recibían el insulto y la burla de la multitud. Se los paseaba por las calles y se les exhibía en sitios públicos a tal efecto. Pero no era lo peor, ya que todos ellos estaban expuestos, en cualquier momento, y especialmente las mujeres, a ser víctima de una agresión sexual.

De esto no hablan las fuentes cristianas por pudor y piedad, pero existía una ley en Roma, tan antigua que procedía de los legendarios tiempos de la monarquía, según la cual una virgen no podía padecer ni tortura ni muerte. Violar esta ley era un sacrilegio tal, que no se conoce momento en que fuera inflingida. La virgen, ser puro e inmaculado, era un regalo de los dioses, y lo que viene de los dioses ni se ofende ni se destruye. Por eso, hecha la ley, se hizo la trampa; y para no obstaculizar procesos de condenas y ejecuciones que implicaban a mujeres vírgenes, se las violaba antes de proceder a la tortura o a la ejecución, porque ninguna ley prohibía ejercer ese tipo de violencia contra ellas –en todo el mundo antiguo, el único Estado que contempló la violación como delito fue el Egipto faraónico- . Esto significa que la inmensa mayoría de aquellas que veneramos como vírgenes y mártires, con toda seguridad ya no eran lo primero en el momento de su suplicio y/o ejecución. Conscientes de la dureza y el horror que asumir esto implicaba, los hagiógrafos inventaron mil prodigios que protegían la castidad de las casadas y la virginidad de las solteras, para edificar al lector y convencerle de que el poder de Dios velaba sobre sus fieles. Tristemente, la realidad era otra.

Algunos relatos mencionan el traslado de algunas mujeres a burdeles, donde se las forzaba a ejercer la prostitución, esto no era más que otro modo de solventar esta cuestión. Pero no es cierto, como se ha dicho, que fuera un castigo únicamente reservado a las cristianas, como tampoco es cierto que a ellas esto las horrorizara más que a las paganas; este proceder inhumano se aplicaba a las condenadas vírgenes profesaran la religión que profesaran, y naturalmente es injusto pensar que para una pagana fuera menos horrible que para una cristiana.

No se puede hacer una lista exhaustiva de las mártires agredidas de este modo, que en la Roma imperial serían prácticamente todas, pero podemos hablar de aquellas que las actas sí mencionan explícitamente este procedimiento contra ellas. En primer lugar, las que fueron forzadas a la prostitución en un burdel:

Santa Inés (en la imagen)

Santa Águeda
Santa Lucía
Santa Daría
Santa Teodora de Alejandría


Las que fueron exhibidas desnudas ante la multitud o paseadas así por las calles:

Santas Basilisa y Anastasia
Santa Bárbara
Santa Inés
Santas Perpetua y Felicidad
Santa Sinclética y sus dos hijas
Santa Irene de Tesalónica
Santa Eulalia de Mérida
Santa Sinforosa
Santa Blandina

Santa Episteme
Santa Teodosia de Constantinopla
(mártir de los iconoclastas, en el Bizancio medieval)
Santa Cristina de Bolsena
Santa Teonila
Santas Ágape, Quione e Irene.

Los Santos mártires de Tiro (no se conservan los nombres), que fueron expuestos desnudos a las fieras con los cuerpos azotados previamente y  finalmente fueron degollados. 20 de febrero.

Las que murieron defendiéndose de un intento de violación, -o se suicidaron para evitarlo-, no se limitan tan sólo a la Edad Antigua, haciendo notar que la crueldad de este método va más allá de Roma:

Santa Eutalia
Santa Dula
Santa Eufrasia de Nicomedia
Santas Domnina y sus hijas Verónica y Proscudia
Santa Pelagia de Antioquía
Santa Irene de Tesalónica
Santa Saturnina de Arrás
Santa Belina de Landreville
Santa Tomaide de Egipto
Santa Solange
Santa Úrsula y compañeras
Santa Sofía de Fermo
Santa Laura de Constantinopla y compañeras trinitarias mártires.

Mención aparte merecerían las llamadas mártires de la pureza, que son básicamente lo mismo, mujeres que murieron violentamente en defensa de su integridad física, o porque rechazaron propuestas de tipo sexual; pero se trata de un término acuñado en el siglo XX y por tanto se limitaría a las mártires de este siglo:

Santa María Goretti
Beata Pierina Morosini
Beata Antonia Mesina
Beata Albertina Berkenbrock
Beata Teresa Bracco
Beata Lindalva Justo de Oliveira
Beata Karolina Kozkówna
Beata María Clementina Anwarite Nengapeta
Sierva de Dios Josefina Vilaseca
Sierva de Dios Concetta Lombardo
Sierva de Dios Santa Scorese
Sierva de Dios Marisa Porcellana
Sierva de Dios María Vieira
Sierva de Dios Angelina Zampieri
Sierva de Dios Marisa Morini
Sierva de Dios María de la Luz Cirenea Camacho González
Sierva de Dios María de San José Parrá Flores
Sierva de Dios Coleta Meléndez Torres
Sierva de Dios Elena Spirgevidutè
Sierva de Dios Anna Kolesarova
Sierva de Dios Bodi María Magdolna
Sierva de Dios Verónica Antal
Sierva de Dios Isabella Cristina Mrad Campos
Sierva de Dios María Israel Bogotá Baquero
Sierva de Dios Bárbara Umiastauskaite


El hecho de que la agresión sexual a la mujer vaya más allá de la Antigüedad y de un sistema cruel y machista, que se prolonga hasta nuestros días en un mundo considerado moderno, igualitario y libre, debería hacernos reflexionar. Por otra parte, todas y cada una de estas santas, beatas y siervas puede ser -y suele ser- invocada en situaciones semejantes.

Meldelen

A las mártires por la defensa de su castidad, hay que añadirle, en justicia a algunos varones, a los que raramente se les da este título y son: San Pelayo de Córdoba (26 de junio), adolescente mártir que se negó a complacer al sultán. Y los más conocidos: San Carlos Lwanga y sus 12 compañeros mártires (3 de junio). Carlos rechazó de plano las insinuaciones homosexuales del soberano, que había vuelto al paganismo, lo que le valió un atroz martirio. Aunque a estos chicos les diferencia de las chicas que no murieron en una violación, su acto de valentía es el mismo. Por cierto, San Carlos era de Uganda, único país africano donde menos sida hay, porque retrocede y, por cierto, donde menos preservartivos se venden.

Y yo, añado, la curiosidad de la humillación pública (hoy no lo sería tanto, según andamos) a la que fueron sometidos los santos Sergio y Baco: fueron paseados vestidos de mujer antes de ser martirizados.

Ramón

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