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Tus preguntas sobre los Santos

Santa Apolonia: realidad versus ficción

Santa Apolonia: realidad versus ficción

P: “...en menos de lo esperado Santa Apolonia salta por voluntad propia a la hoguera ardiente para evitar renunciar a su amada religión. Los perseguidores junto al gobernador quedaron atónitos al ver que a pesar del fuego, las llamas no la consumían ni le hacían daño alguno, al verlo trataron incansablemente de golpearla para que muriera, pero la mano del Altísimo la protegía. Finalmente fue degollada...”
EXTRAIDO DE INTERNET, como lo que aquí leemos. ¿A quién le creemos?
Dios nos bendiga

 

R: Sí, Dios nos bendiga a todos, y gracias por compartir su inquietud. En primer lugar, todos debemos tener presentes que las fuentes disponibles por Internet no son, en la mayoría de los casos, nada fiables. Por ello, y dejando modestia aparte, en lo que a esta humilde servidora se refiere, siempre trato de recurrir a fuentes bibliográficas con referencias fiables, porque hoy día cualquiera puede escribir lo que guste, como guste, y donde guste.

 

Respecto a Santa Apolonia, sólo existe un único documento fiable respecto de su martirio: la carta que San Dioniso, obispo de Alejandría, escribió a las comunidades cristianas extranjeras para relatar el motín en esta capital egipcia. Si él no hubiera escrito esa carta, no hubiéramos podido saber jamás de la existencia de Apolonia, como tampoco la de Quinta, Metrano, Serapión, Amonaria, Mercuria y Dionisia, entre otros mártires que fueron masacrados allí. Fuera de esta carta no existe ninguna referencia que sea fiable, y únicamente los textos que se basan fielmente en esta carta son dignos de atención. El texto que usted adjunta no lo hace, y por tanto no debe ser tomado en serio.

 

En primer lugar, el que ha escrito eso se ha sacado al gobernador de la manga, por lo que parece. Apolonia no fue víctima de ningún proceso judicial legalmente establecido por la ley romana, sino de un linchamiento popular. Y esto lo dice Dionisio al inicio de su carta (y cito textualmente): “La persecución entre nosotros no comenzó con el edicto imperial, sino que se le adelantó un año entero. Una adivino y hacedor de maldades de esta ciudad tomó la delantera, azuzando contra nosotros a las turbas paganas y encendiendo su ingénita superstición. Excitados por él y con las riendas sueltas para cometer toda clase de atrocidades, no hallaban otra manera de mostrar su piedad para con sus dioses sino asesinándonos a nosotros”. Como puede ver, no queda lugar para la duda. No hubo ningún gobernador ni otro oficial público presente.  Quien ha escrito eso se lo ha inventado.

Sobre el martirio de Apolonia también nos da Dioniso suficientes referencias para no dudar de ello. Él, naturalmente, no estaba presente en el momento en que sucedió –lo hubiesen matado a él el primero, en su calidad de obispo- sino que había huido a esconderse en el desierto, pero cuando regresó lo averiguó a través de supervivientes u otros confidentes. No tenemos por qué dudar de su palabra, y de nuevo le citamos textualmente: “Prendieron a la admirable virgen, anciana ya, Apolonia, a la que le rompieron a golpes todos los dientes y le destrozaron las mejillas (…) Encendieron una hoguera a la entrada de la ciudad y la amenazaron con abrasarla viva, si no repetía a coro con ellos las impías blasfemias lanzadas a gritos”.  Apolonia decide arrojarse al fuego voluntariamente antes que ser obligada a blasfemar o seguir siendo torturada, y entonces añade Dioniso: “quedáronse los paganos boquiabiertos y conmocionados, al ver que aquella admirable mujer había sido más  rápida en ir a la muerte que ellos en dársela.”

Con esto se acaban las referencias a Apolonia en la carta de Dioniso. Ya no la vuelve a mencionar, y por tanto, todo lo que vaya más allá de estos fragmentos expuestos, es pura invención. Esa hermosa disertación de que el fuego no la consumía, los golpes no la herían y finalmente hubo que degollarla, es un añadido posterior, absolutamente fantástico, que tiene intenciones devotas y piadosas, pero que no responde a la realidad. Es una constante que se repite en la mayoría de las actas de mártires, especialmente mujeres y vírgenes, lo que  es el colmo (según mi opinión personal) es que también lo digan en las actas de Apolonia, cuando tenemos una prueba documental irrefutable. De haberse dado algún prodigio, y esto vale para todos los casos, hubiese quedado recogido en las fuentes más antiguas: no olvidemos que los paganos eran sumamente supersticiosos y siempre registraban aquello que no sabían explicar como portento sobrenatural digno de temor y respeto. Ninguna acta antigua da muestra de semejantes prodigios, luego son todo añadidos posteriores para excitar el fervor del fiel.

Lo lógico es pensar que Apolonia quedó reducida a cenizas en pocos instantes, y que éstas fueron esparcidas por sus verdugos. Se ha dicho que los fieles recogieron los dientes destrozados, pero es difícil de demostrar y menos sabiendo que actualmente hay hasta 500 dientes que se veneran diciendo que son de ella.

Así que, como ve, ese pequeño texto no merece la menor credibilidad. No digo que hubiese mala intención al redactarlo, pero yo defiendo que es indigno empañar la belleza de una verdad expresada en pocas líneas que es la prueba irrefutable de la existencia de una mártir –de otras no tenemos tanto, por cierto, y se han venerado más- con relatos fantásticos y supersticiones por el estilo. Dioniso dice más verdad en siete líneas que todos los grandes hagiógrafos medievales en quince tomos. Es en esa sencillez donde está la verdad, la realidad supera siempre cualquier ficción.


meldelen

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5 comentarios

Martin -

Hola otra vez.

Quiero aclarar que lo que oportunamente extraje de internet y que aquí se expone como ficción, lo he tomado de una página que también dice tener fuentes verídicas (las cuales menciona). Le he escrito sobre este tema a su autor, pero a la diferencia de Meldelen, no ha respondido a mi pregunta hasta ahora.

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Quizás aquellos que lean esta página no encuentran concordancia a lo que primero se expone y a cuanto yo hice referencia si Dios puede o no hacer cosas. Aclaro que ésto surgio por un intercambio vía email con el autor del blog, pero bien el tema ya está expuesto.
Entonces pregunto, si no se cuestiona a Dios al decir: ¿por qué haría tal cosa o aquella, si no tiene sentido? ¿sentido para quién? No olvidemos que el mundo es de Dios y no nuestro. Siempre nos ponemos por encima de todo y todo tiene que satisfacer nuestra manera de percibir las cosas.
Y si nos mantenemos en la postura de ¿por qué Dios permite ésto sin sentido? me atrevo a preguntar: ¿por qué Dios cura a Santa Agueda de su herida desangrante en el/los pechos en la carcel para luego ser muerta en la hoguera, (algunos dicen que no murió en el fuego. Antes de morir fue llevada otra vez a prisión donde después de una larga agonía murió por su cuerpo casi carbonizado. El autor del blog quizás pueda confirmar o desmentir ésto último).
Además, el romano que la pretendía y la mandó a ajecutar, ¿por qué al ver el milagro de su curación no se convirtió. Al contrario, se enfureció más al ver que ella seguía con su fe y así mando a quemarla viva.
Esto nos muestra que no todos respondemos igual ante un evento extraordinario (milagro). El estado mental puede hacer la diferencia.
Recuerdo el caso de otro santo (creo que es San Pantaleon, rodeado también de muchos eventos que pueden considerarse de ficción). Especialmente recuerdo el hecho que fue condenado a morir en el circo romano devorado por los leones. Al soltar los leones, éstos se comportan como gatos domésticos y caminaban a su derredor. Al final murió decapitado. ¿Entonces, qué sentido le encontramos a ésto?
Cuando uno escucha estos acontecimientos es bueno analizar qué sucede en nuestra cabeza, suena delirante, imposible o irreal tan irreal como antes se mantenía que la tierra era el centro del universo, so pena de muerte.
Si uno estudia un poco de la cultura y religión de oriente (me aferro más a la de la India) puede descubrir muchos de estos eventos fenoménicos y otros mayores, pero lo interesante es, que no exponen estos eventos como sinónimo exclusivo de santidad sino de desarrollo del ser humano (desarrollo del ser). La verdadera santidad la exponen por su percepción directa y personal de Dios. Pero bueno ya me estoy metiendo en otro campo y mejor no seguir.
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Quizás lo más importante que mencionamos aquí es que no ponemos en tela de juicio la santidad de Santa Apolonia.
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Sigo diciendo que si cuestionamos ¿por qué Dios hace ésto sin sentido para nosotros, entonces por qué no preguntarnos para qué creo la vida misma, si al final todos morimos? ¿no era más fácil ponernos directamente a todos en el cielo o en el infierno?

Y termino con la pregunta del millón, que creo es la más interesante y más bella, y es:
sentarse en silencio e interiormente preguntarle a Dios desde lo más profundo de nuestro corazón:
¿POR QUE ME CREASTE?

Coordiales saludos a todos.

Francisco Martínez Gómez -

“EXTRAIDO DE INTERNET, como lo que aquí leemos. ¿A quién le creemos?”

Esperando ser oportuno en mis comentarios me gustaría hacer las siguientes reflexiones. Es necesario sea el tópico que fuere el investigar que tan fidedignas son nuestras fuentes, sin mencionar el hecho de tomar en cuenta por quienes son reconocidas y/o analizadas a través del tiempo. En nuestro caso el relato más puro viene de la carta que escribió San Dionisio (Papa de 259 a 268 D. C.) a Fabio patriarca de Antioquía (253 D.C.) , y conservada por Eusebio (EUSEBIO, H. E., VI-VII). Habiéndose señalado esto en lo escrito por Meldelen habrá que tomar en cuenta la deformación de una historia original por las pequeñas “licencias literarias” que a través del tiempo se han tomado los que han repetido la misma historia como los juglares al pasar de boca en boca o como a su vez lo efectuaron los clérigos de los santuarios que hicieron públicos los libelli miraculorum. Desde el Siglo X en la liturgia de las fiesta de los santos se incluía en el relato de sus vidas toda clase de intervenciones y hechos maravillosos para rodear al Santo en cuestión de una aureola que invitaba a su veneración siguiendo su vida ejemplar. Siendo así, ¿qué habrá encontrado Jacobo de la Vorágine en el Siglo XIII al recopilar tantas narraciones para escribir “La Leyenda Dorada” en especial de Santa Apolonia? ¿Cuántas mentes a través del tiempo habrán querido contribuir a la gloria de la Santa aumentando detalles a la información original? Conscientes de éstos hechos nos queda documentar de la manera más seria nuestros comentarios citando las fuentes en las que son apoyados, evitando ahogarnos en las turbulentas aguas del mar de información que ofrece internet. El poder discernir nos lo permite Dios, y el intelecto humano es uno de sus grandes milagros y al que asistimos día con día… ¿por qué no habríamos de utilizar tal maravilla de tal manera que glorifiquemos su nombre en la búsqueda de la verdad?
Atte.
Francisco Martínez Gómez
México

Meldelen -

Yo ni afirmo ni niego ningún milagro de Dios, porque no estoy autorizada para ello. Pero que la literatura hagiográfica está llena de fantasías, portentos y supersticiones es un hecho y los primeros en saberlo somos los que estamos familiarizados con esa literatura. ¿Por qué si no existe una sociedad como la de los Bolandistas, investigadores capacitados y con el beneplácito de la Iglesia, que se han dedicado durante mucho tiempo a depurar las vidas de los santos de estos detalles prodigiosos,llegando incluso a retirar aquellos cuya existencia sólo se debe a una leyenda fantasiosa? No debemos de caer en el error de tomar al pie de la letra estos relatos, porque muchos no pasan el filtro de una investigación seria y respetuosa. No se trata de negar el poder de Dios, que no se niega, sino de acercarnos a la realidad de aquellos a quienes veneramos y saber quiénes fueron y cómo vivieron. En la Edad Media la gente precisaba de portentos y supersticiones para venerar a este o aquel santo, pero hoy día no necesitamos eso, o perderemos muchos cultos por su escasa credibilidad.
Y ya desde mi estricta opinión personal, yo creo que se hace más bien a Dios y a los santos queriendo ser honrado y tratar de buscar la verdad en la sencillez y en la pureza de unos hechos creíbles, que seguir divulgando fantasías y rarezas que nos alejan de ellos, y que hacen que perdamos credibilidad delante de los que no son creyentes.

Meldelen -

Yo en ningún momento entro a cuestionar si Dios puede hacer un milagro o no, o está sujeto a las leyes naturales o no. No estoy autorizada para semejantes debates.
Lo que trato es lo que hay en la documentación disponible, y lo que hay en la mayoría de las vidas de santos y actas de mártires de la Antigüedad es mucho relato fantástico y mucho portento, y mucho añadido por parte de los hagiógrafos que tenían intención devota. Esto es un hecho y no tiene que ver con la capacidad de Dios para hacer milagros. Por otra parte, ¿por qué iba Dios a permitir que le arrancaran los dientes, pero no que la molieran a golpes o que la quemaran? No tiene demasiado sentido. Y no lo tiene porque quien añadió esas extrañas manifestaciones era un devoto escritor medieval que estaba ya muy lejos del momento en que sucedió lo que relata. En algunos textos incluso podemos estimar en qué momento se fueron añadiendo cosas que no estaban en las fuentes originales.
Por lo tanto, no confundamos la fantasía devota de un tercero con los milagros, no tienen nada que ver.

Martin -

Gracias.

Pero por ahora el tema se ha convertido en otro más importante.
Si se quemó en el fuego o no ya me parece irrelevante, pero no el hecho que nos atemos a la idea que Dios no puede manifestar tales milagros, que pensemos que está sujeto a las leyes del mundo que El mismo creo y mantiene funcionando.

Mis coordiales y respetuosos saludos a todos.

Dios nos bendiga
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