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Tus preguntas sobre los Santos

Santoral Silvestrino (OSB.SILV)

Santoral Silvestrino (OSB.SILV)

La Orden Silvestrina es una rama benedictina, que nació en 1227, en Las Marcas, Italia, fundada por San Silvestre Guzzolini (en la imagen). Fue aprobada por Inocencio IV en 1248. Siguen la misma regla de San Benito, haciendo énfasis en la acogida de peregrinos y personas que buscan a Dios. Sobre todo, acogen al otro como quien acoge a Cristo, y el signo devocional exterior es la devoción a la Santa Faz. Su carisma y misión están ordenados a hacer visible la espiritualidad de San Benito en el mundo, haciéndose presentes en diversas labores misioneras de la iglesia.

Mayo:
4: Beato Paulino Bigazzini, religioso.

Julio:
11: San Benito Abad, Padre e Inspirador.
27: Beato Hugo de Atti, presbítero, hermano del Beato José.

Agosto:
3: Beato Bartolo de Cíngoli, tercer Prior General.
20: San Bernardo de Claraval, abad.
25: Beato José de Atti, segundo Prior General, hermano del Beato Hugo.
26: Beato Beato Simón de Ripalta, hermano lego.
31: Beatos Juan “del Bastón”, religioso; y Juan el Solitario, eremita.

Noviembre
26: San Silvestre Guzzolini, Fundador.
27: Beatos Felipe de Varano, Jacobo de Attiggio y Bonaparte (1)

Diciembre:
6: Beato Bienvenido de Piticchio, religioso.

 


(1) Ninguno de los tres tiene culto oficial, pero se les recuerda este día, siguiente a la festividad del Santo fundador, porque a Felipe de Varano, San Silvestre le sanó milagrosamente; A Jacobo y a Bonaparte, San Silvestre les mostró mediante prodigios el momento de su propia muerte.

 

N. S. del Sagrado Corazón, un cambio de look.

N. S. del Sagrado Corazón, un cambio de look.

Pregunta: No sabía que N. S. del Sagrado Corazón había sido censurada en algún momento ¿tienes información sobre esta censura en tu blog?

Respuesta: Este comentario proviene de facebook, y es relativo a ciertas advocaciones marianas que ha padecido censura o reformas en su iconografía, en aras de una mejor comprensión del mensaje. Y una de ellas es:

Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús. Último sábado de mayo.

Historia y contexto:
Esta advocación nació en el siglo XIX, un siglo caracterizado por las devociones dulzonas, el auge de la religiosidad sensiblera y el desfavorable arte de las “estampitas”. Fue un siglo adverso para la fe, con respecto a la política y la sociedad, que avanzaban hacia el progreso y veían la religión como un lastre. Ante esto, junto a un sincero deseo de evangelizar, mediante la prolífica fundación de congregaciones caritativas, orantes o educativas, se dio el fenómeno que dicha evangelización puso acento en nuevas devociones, actos litúrgicos pomposos y exteriores y la reafirmación a toda ultranza de valores católicos frente al mundo. (1)

Las devociones nuevas o renovadas eran acogidas calurosamente por el pueblo (algunas para ser olvidadas con el tiempo), las indulgencias concedidas con generosidad. Las advocaciones marianas se multiplican (La Luz, El Amor Hermoso, La Milagrosa). Se reafirma el vía crucis, se determinan muchos santos patronos de oficios y asociaciones, nacen los siete domingos a San José, el Reloj de la Pasión, los múltiples rosarios. Estamos en la Francia de la devoción al Corazón de Jesús, a San José, y la Francia en que comienza a lanzarse la beatificación de Juana de Arco, como ejemplo de verdadera patriota: católica, amante de la Iglesia.

La advocación y su sentido:
La devoción realmente la ideó en 1846 el jesuita, P. Saint Angelo, que tuvo la inspiración y comenzó a peregrinar por Francia extendiendo su idea y obteniendo recursos para llevar a cabo su plan. Expulsados los jesuitas de Francia, al emigrar el jesuita a Holanda, continuó su idea, que no cuajó, puesto que ni la devoción se extendió ni el templo se construyó.

Es tenido por verdad que la ideó el Padre Luis Chevalier, fundador de los Misioneros del Sagrado Corazón, que desde joven tuvo la idea de honrar a María, unida al Sagrado Corazón de Jesús. Sus seguidores sustentan que ni conoció al iniciador de la devoción ni oyó nunca nada sobre la advocación, mientras que los jesuitas afirmaban que sí, que se había basado en la idea original de su compañero de Orden. Se también se basan en que el título jesuítico era “Nuestra Señora del Corazón de Jesús” y el del P. Chevalier era y es “Nuestra Señora del Sagrado Corazón”, pero eso no prueba nada. Pero ni es comprobable una cosa ni otra.

Ya fundada su congregación de misioneros del Sagrado Corazón, entre 1857 y 1859, mientras proyectaba el santuario que estaba construyendo en Issoudun, confirmó la idea de una advocación nueva y exclusiva para su instituto religioso. Decidió llamarla Nuestra Señora del Sagrado Corazón, como símbolo de María Madre que nos lleva a todos al Corazón de su Hijo, poderosa abogada frente al Corazón de su Hijo. De alguna manera la idea ya estaba planteada en la devoción al Corazón de María, pero era necesario plasmarlo iconográficamente.

Chevalier se propuso varias metas, con la nueva advocación: honrar el amor, la obediencia de Jesús hacia María:

1. Reconocer y propagar el poder suplicante que Cristo  ha dado a María sobre su propio Corazón.
2. Enseñar que el Corazón de María nos lleva al Corazón de Jesús.
3. Unirse a María en su alabanza y adoración al Corazón de Jesús.
4. Confiarle todas las causas difíciles y desesperadas, espirituales y materiales.

Y fue este cuarto punto el “gancho” que atrajo a miles de devotos, a que muchísimas iglesias dedicaran altares a la imagen, no a la original que quedó desconocida por causas que más adelante aclararé. En parte, esta advocación se propagó rápidamente por los jesuitas (como la Virgen de la Luz o Nuestra Señora de Belén), que la llevaban consigo en sus misiones, siendo así que en ocasiones precedía a los mismos misioneros del Sagrado Corazón. Algún conflicto menor y local hubo por ello, porque estos pretendían el monopolio de la advocación. Incluso al principio se negaron a que cualquiera, incluido los jesuitas, predicara o publicara sobre la nueva advocación.

La imagen original:
Así, en 1861, surgió la imagen, que no es como muchos dicen, una estatua, sino una vidriera. La compuso el mismo P. Chevalier basándose en la imagen de la Medalla Milagrosa, ya muy conocida por entonces, y poniéndole un Jesús casi jovencito delante, de pie. El niño señalaba con la mano izquierda a su propio corazón, mientras que la derecha la tenía en alto, señalando a la Madre. El mensaje: “Por el Corazón de mi Madre, llegaréis a mi Corazón”, mostrando el poder intercesor casi sin límites de la Madre de Dios, llamada la Omnipotencia Suplicante. El medio para dar a conocerla fue el de siempre, fundando una cofradía, que pronto se extendió y tuvo muchísimos miembros, atraídos por la novedad de aquella devoción y su mensaje de protectora y abogada de las causas imposibles. También tuvo muchos detractores que veían una innovación innecesaria, pero que, en todo caso, solo sirvieron para hacerla más conocida y amada.

Hitos de la devoción:
1.
El primer obispo en autorizarla y recomendarla fue Monseñor de la Tour d’Auvergne.

2. Pío IX autorizó y bendijo la cofradía otorgándole varias indulgencias.
3. El 2 de julio de 1864 el arzobispo de Tours consagró la iglesia del Sagrado Corazón de Issoudun.
4. En 1864 entra en la congregación el definitivo apóstol de N. S. del Sagrado Corazón: P. Víctor Jouët, quien escribió los conocidísimos “Mes de mayo en honor de Nuestra Señora del Sagrado Corazón” y el “Acuérdate”, que no es más que una paráfrasis de la popular oración atribuida a San Bernardo, en este caso, intercalando el título de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.
5. En 1865 se celebra por primera vez la fiesta litúrgica, el 31 de mayo. Pasando luego al último sábado del mes de mayo, por ocupar este día 31 la Fiesta de la Visitación de María, de mayor rango litúrgico (antiguamente era el 2 de julio).
6. En 1867, se comienza una reforma del templo, para construir una capilla propia y suntuosa para la imagen.
7. Se realiza una magnífica diadema con vistas a pedir la coronación canónica.

En 1868 Chevalier visitó Roma y el papa bendijo ambas coronas y se sumó a la Cofradía, a la que elevó a Archicofradía. La coronación fue fijada para el 8 de septiembre de 1869, que se celebró con más de 30.000 peregrinos. Se corona una estatua realizada en mármol de Carrara, según la ya conocida e ideada por Chevalier. Ese mismo día, Roma solicitó, para estudiarla, ante denuncias, todo el material publicado sobre la devoción y algunas representaciones de la imagen. Incluso la coronación llegó a peligrar, pero el arzobispo decidió llevarla adelante. Solventados los problemas y aclarados los malentendidos, se permitió la devoción, pero… y llegamos al punto: la imagen debía ser cambiada:

El cambio de aspecto, crucial en la claridad del mensaje:
Fue a finales del siglo XIX en que la devoción e imagen se propagó por Europa y América, principalmente México, aunque como ya dije, no la imagen original. Roma decidió que el Niño Jesús no debía estar por debajo de María y mucho menos señalarla a ella, puesto que prestaba a confusión, dando a entender iconográficamente hablando, que ella era el objeto de la devoción, la poderosa; en definitiva, que ella era más importante que Él. Por ello se prohibió la imagen del P. Chevalier y se ordenó su cambio, de forma que el Niño “se subiera” a los brazos de María y fuera esta lo señalara a Él, puesto que el fin último de toda devoción es Jesucristo. La variante más conocida es aquella en la que María sostiene el Corazón del Niño en el pecho de este, a veces ella también porta su propio corazón.

Y se ideó la pintura de dudoso gusto estetico, tipo “estampita” que todos conocemos, con el atractivo título de “abogada de las causas desesperadas”. Aunque en el santuario quedó la original. En América, con exclusividad, es la que se conoce y se venera por influencia jesuítica mayormente, no por los misioneros del Sagrado Corazón, que llegaron después de verla establecida. El único caso aparte está en la Habana, donde los P.P Escolapios veneran una imagen, en su iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, que sigue el estilo de la original: con el Niño a los pies y este señalando a la Madre. No conozco de ninguna más, salvo la original de Issoudun (2). En la imagen del artículo pueden ver la comparación entre ambas, la imagen habanera y la tradicional estampa.

 


(1) También es cierta una cosa, todo sea dicho: Es el siglo de la era moderna en que más santos y santas ha habido, fundadores, místicas, misioneros, que vivieron esta espiritualidad. Y también es el siglo en que más colegios y hospitales fueron fundados, inauguradas muchas misiones en Asia y África, que duran hasta hoy.
(2) Hector Balvanera me hace llegar de una versión de esta imagen, una talla española del XIX, perteneciente al Antiguo Colegio de Párvulos, en San Juan de Puerto Rico. El Niño aparece a la derecha de María, de pie sobre una nube alta,e, igualmente, señala al Corazón de María. Y Humberto Haro me indica que en la iglesia de la Merced de Guadalajara, existe una imagen como era originalmente.

San David para David.

San David para David.

Pregunta: Quisiera Saber más acerca de los Santos que lleven el nombre de David, tengo doce años y aun solo conozco acerca de San David de Gales. Quisiera algo sobre los Santos Davides con su iconografia o algo así, agradezco y Dios lo Bendiga. Colombia.

Respuesta: Hola David, pues tienes mucho tiempo por delante para conocer mucho más sobre los santos. Aquí te doy esta lista de los santos que tengo con ese nombre: David.

San David de Gales, obispo. 1 de marzo.
San David de Georgia, mártir. 15 de octubre.
San David de Jerusalén, rey y profeta. 19 (Iglesia Oriental) y 29 de diciembre (en la imagen).
San David de Suecia, obispo. 15 de julio.
San David de Tesalónica, ermitaño. 26 de junio.
San David Galván Bermúdez, presbítero mártir de México. 30 de enero y 21 de mayo.
San David I de Escocia, rey. 24 de mayo, 10 de junio (antiguamente con su madre, Santa Margarita) y 11 de enero.
San David I de Georgia, rey. 3 de marzo.

San David III, el Restaurador, rey de Georgia. 1 de enero.
San David Lewis, presbítero jesuita, mártir de Inglaterra. 27 de agosto y 21 de mayo.
San David Roldán Lara, laico mártir de México. 15 de agosto.
San David Uribe Velasco, presbítero mártir de México. 12 de abril y 21 de mayo.
San Pedro (David), príncipe de Rusia y monje. 25 de junio.

Beato David Carlos, escolapio mártir de España. 28 de julio.
Beato David Gunston, caballero de Malta, mártir. 12 de julio.
Beato David Himmerod, monje cisterciense. 11 de diciembre.
Beato David Oghlou, laico mártir de Armenia. 22 de noviembre.
Beato David Okelo, catequista, mártir de Uganda. 18 de septiembre.

Beatificación de Juan Pablo II: Un testimonio

Beatificación de Juan Pablo II: Un testimonio

JUAN PABLO MAGNO, LA IMPONENTE BEATIFICACIÓN DE UN GRANDE

Testimonio personal
La beatificación de Juan Pablo II quedará en la memoria de la Iglesia y del mundo como la más emocionante de la historia, con características que la hacen realmente única. Quiero consignar, entretejidas con mi experiencia personal, algunas peculiaridades que pudieron pasar desapercibidas, o que no fueron suficientemente detalladas por la prensa. Quizás muchas de ellas sean secundarias respecto del acontecimiento central del día, pero sin dudas contribuyeron a que sea una fecha sin precedentes en la Iglesia de Roma.

LA VIGILIA
Es cierto que es tradicional en la Iglesia, que la comunidad local a la cual pertenece el hijo de Dios que será elevado a los altares, organice una vigilia de preparación la noche precedente al evento. Pero es poco habitual que dicha vigilia adquiera como ésta, el carácter universal, el aval oficial y la cualificada participación de encumbradas autoridades de la Santa Sede, al punto que el mismo vicario de Su Santidad para la diócesis de Roma, el cardenal Agostino Vallini, fue quien la presidió.

La vigilia, que tuvo como escenario el célebre Circo Máximo, se estructuró en dos partes, durante las cuales se alternaron diferentes coros, como el Gaudium Poloniae, que interpretaron emotivas canciones:

1- La celebración de la memoria, en la que se proyectaron breves videos de la vida del Papa Wojtila, se realizó una procesión con candelas, en la que participaron los jóvenes de las parroquias romanas. Ellos encendieron lámparas frente al venerable icono de María, Salus Populi Romani, entronizado en el escenario, junto a una bella imagen de Juan Pablo II.

En esta parte, se contó con la presencia y el testimonio de quienes conocieron más profundamente  al amado Papa, y de quien experimentó el poder de su intercesión. Me refiero al doctor Joaquín Navarro Valls,  portavoz del Vaticano, durante gran parte del pontificado de Juan Pablo II. También dio su testimonio la hermana Marie Simon-Pierre, favorecida con la curación milagrosa del Parkinson que padecía, gracias a la intervención del beato Papa polaco. Finalmente, se escuchó la voz del querido cardenal Stanislaw Dziwisz, secretario personal de Juan Pablo II durante casi cuarenta años.

2- La segunda parte, centrada en la oración, quiso rendir homenaje al Gran Papa mediante el rezo de los misterios luminosos del Santo Rosario, por él mismo introducidos. El piadoso ejercicio tuvo lugar en conexión con cinco Santuarios, cada uno de los cuales rezaba un misterio, pidiendo por una intención:

Santuario de Santa María de Lagniewuniki, en Cracovia, oró por los jóvenes.
Santuario de Nuestra Señora de Kawekamo-Bugando, en Tanzania, oró por la familia.
Santuario de Nuestra Señora del Líbano, Harissa, por la evangelización.
Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en México, por la esperanza y la paz de las naciones.
Santuario de Nuestra Señora de Fátima, en Portugal, oró por la Iglesia.

Al concluir, contamos con la Bendición del  Santo Padre Benedicto, a través de un video en directo, desde su apartamento pontificio. Entre tanto, muchas parroquias romanas se preparaban para la “noche blanca”, como se le llamó a la vigilia de adoración eucarística a la que invitaron.

............

LA BEATIFICACIÓN.
Y llegamos al día esperado e inolvidable de la Beatificación.

El bus que nos trasladaba nos dejó en las inmediaciones del Castillo de Sant Angelo. La cantidad de gente era impresionante. Muchos habían pasado la noche allí, pues ya estaban ocupados todos los lugares cercanos a la Vía de la Conciliación; ella misma estaba totalmente “cubierta” de gente, y ni hablar de la plaza de San Pedro. Grandes pantallas estaban situadas en lugares estratégicos de la ciudad. La gran mayoría de peregrinos sólo se contentaban, siendo realistas, con ubicarse en un lugar desde el cual pudiesen ver bien la transmisión por esas pantallas.

Intenté avanzar lo más que pude, y llegué con mucha dificultad a la Vía de la Conciliación. Entre tanto, ya había comenzado la llamada “Preparación para la celebración”, que consiste en un conjunto de oraciones, reflexiones y cantos en diferentes idiomas, que nos predisponen espiritualmente para una fructífera celebración. Con este objetivo, se cantó en diferentes idiomas,  la Coronilla de la Divina Misericordia, revelada por el mismo Jesús a la religiosa polaca Santa Faustina. Fue muy significativo que se realizara este acto piadoso, pues era el Domingo de la Divina Misericordia, instituido por Juan Pablo II, y en vísperas del cual, él había sido llamado a la Casa del Padre. La vida y el ministerio del inolvidable Papa polaco, siempre estuvieron relacionados con la devoción a Jesús Misericordioso. Él mismo fue quien canonizó a Faustina Kowalska en el Año Santo 2000, al instituir la Fiesta.

En esta preparación se leyeron también fragmentos de homilías de Juan Pablo II, en las que se refería a la Divina Misericordia. Al son del canto de la Coronilla, yo seguía avanzando lentamente, por la Vía de la Conciliación. Era sumamente difícil. Jamás he visto tanta gente. Cuando llegué al tramo de la Vía que precede la Plaza de San Pedro, no pude avanzar más.

En ese momento, las notas del órgano dejaban escuchar la melodía del preclaro Tu es Petrus, de Palestrina. Cuál fue mi asombro cuando recordé que hacía pocos días, había elegido ese mismo tema para insertar en un sencillo power point que hice como homenaje a Juan Pablo II.

Luego comenzó la procesión de entrada, más que solemne y emotiva, al final de la cual, ante una incomparable ovación, veneré desde el corazón, y con amor filial, al amado Papa Benedicto, que con el rostro visiblemente emocionado y feliz, cerraba dicha procesión, impartiendo la deseada bendición apostólica, tesoro reservado a los Pontífices Romanos.

Del balcón central de la Basílica de San Pedro se veía un paño blanco que cubría el tapiz del futuro beato. El mismo balcón desde el que Juan Pablo y Benedicto habían dirigido a la humanidad sus primeras palabras como Sucesores de Pedro, y habían impartido su primera Bendición solemne. El balcón desde el que en tantas Navidades y Pascuas habían pronunciado el tradicional mensaje Urbi et Orbi. Pocos saben que los Papas sólo se asoman por ese balcón cuando son elegidos, y en los dos días más santos del año, en Pascua y Navidad.

La Misa comenzó como de costumbre. Luego del Kyrie, se inició el Rito de Beatificación, mediante el pedido formal que realizó el cardenal Agostino Vallini, vicario de Su Santidad para la diócesis de Roma, quien rogó al Santo Padre tuviera a bien incluir a su amado predecesor en el catálogo de los beatos. El cardenal leyó una breve biografía del querido Pontífice, interrumpida por aplausos de los fieles.

Luego, Benedicto XVI pronunció la fórmula de beatificación, al final de la cual, ante el clamor entusiasta de la multitud, que entre lágrimas de emoción, aplausos, y alabanzas al beato, presenciaban el descubrimiento del tapiz; éste ostentaba aureolado el rostro gozoso y juvenil de Juan Pablo II. En lo personal, fue el momento más emotivo de la celebración. No podía creer que aquel cuyas manos benditas tuve la gracia de besar, luego de que me dieran la Comunión, estuviera siendo oficialmente elevado a los altares por mi siempre amada Madre Iglesia.

Después, dos religiosas, una de ellas, polaca, que había servido desde siempre a su ilustre compatriota, y la otra, Marie Simon- Pierre, favorecida por el beato con el milagro de la curación de Parkinson, presentaron las reliquias al Santo Padre. Se trata de dos pequeños tubitos con sangre de Juan Pablo II, colocados en un bello relicario, que en algunos de sus detalles, parece reproducir rasgos del interior del Santuario polaco de la Divina Misericordia.

Después de ser entronizadas las reliquias, se cantó el himno Gloria in excelsis. Luego se pronunció la oración colecta propia del Domingo de la Misericordia, Octava de Pascua. Y comenzó la Liturgia de la Palabra. La primera lectura se leyó en polaco; el Salmo se cantó en latín; la segunda lectura se leyó en inglés; y el Evangelio se proclamó en latín. Después, el Santo Padre pronunció su homilía, en la que se refirió a la santidad mundialmente reconocida de Juan Pablo II.

Posteriormente se rezó la Oración de los fieles en diferentes idiomas, con una particularidad que pocos notaron: Se redactaron las peticiones a partir de las palabras latinas que dieron nombre a las principales encíclicas del nuevo beato. En el Libro oficial de la celebración, estas palabras están en cursiva.

En la Liturgia Eucarística, abrieron la procesión de ofrendas un joven y una joven polacos, notablemente emocionados, quienes con sus vestimentas típicas, se acercaron reverentemente el Santo Padre. Tengo que decir aquí, y permítanme esta digresión, que la presencia polaca durante todos estos días, y sobre todo éste, fue admirable. La devoción de este pueblo, su fidelidad y amor a la Iglesia, son realmente incomparables. No recuerdo haber visto ni un rincón de la Plaza, ni del Vaticano, ni de la misma Ciudad Santa, desde el cual no se viera una bandera polaca flameando junto a la papal, en manos de grupos de peregrinos de todas las edades y condiciones civiles y sociales. ¡Salve, Polonia, hija fidelísima de la Iglesia y de los Romanos Pontífices!

Luego, con un fervor digno de destacar, siguió la Misa como de costumbre, hasta el final, en que el Santo Padre, antes del rezo de la antífona pascual Regina Caeli, dirigió unas palabras de saludo y gratitud en diferentes idiomas a todos los presentes, empezando por las autoridades religiosas y civiles.

Después de la Bendición solemne, se cantó el Himno oficial del nuevo beato. Al concluir la Misa, larguísimas filas aguardaron para venerar el relicario (así se le llama al cofre con los restos mortales de un beato) de Juan Pablo II, colocado ante el Altar de la Confesión de San Pedro, dentro de la basílica vaticana. Fue una gracia de Dios derramar lágrimas de emoción ante el mismo cofre que me hizo derramarlas de tristeza hace seis años, cuando presenciaba por TV los funerales que me hacían tomar conciencia de que jamás volvería a ver en esta Tierra al Papa peregrino, mi padre, maestro y amigo.

UN ENCUENTRO INESPERADO:
Y para concluir este relato, quiero compartir con ustedes una experiencia más, muy personal, que no puedo sino considerar otra gracia de Dios. Luego de estar en Roma, visité otros lugares de Italia, el último de los cuales fue Milán. Cuando el último día estaba en el aeropuerto milanés, esperando el vuelo que me llevaría a Roma, para desde allí volver a Argentina, vi a un sacerdote, a quien reconocí como tal por su cleryman. Le pedí por favor que bendijera algunos objetos sagrados que llevaba conmigo como recuerdo de la beatificación. Me dijo que sí. Era italiano pero hablaba bien el español.

Cuando estaba trazando la bendición vi que tenía el anillo episcopal, y me percaté de que también llevaba cruz pectoral. Entonces le dije. “Pero usted es obispo”. Me dijo que sí, y que había estado en Argentina en 1987, cuando Juan Pablo II vino a este país. Le dije que me hacía acordar a Piero Marini, por su gran parecido. Monseñor Piero Marini fue el Maestro de Ceremonias Litúrgicas Pontificias de Juan Pablo II. Acompañó al Pontífice polaco en cada uno de sus viajes por el mundo, y estaba a la par de él en toda celebración litúrgica. Yo lo admiré siempre, porque parecía el ángel guardián del beato Papa, sobre todo en sus últimos años de vida terrena.

El hecho es que este obispo me respondió sonriendo: “Sí, soy bastante parecido”. Y me mostró su identificación. ¡ERA ÉL! ¡PIERO MARINI EN PERSONA! Y yo sin saber, le había pedido que bendijera esos recuerdos. Le pedí que autobiografiara el Libro de la beatificación que traje. Me emocionó reconocer  esa firma que tantas veces había visto al pie de documentos litúrgicos oficiales. Y después me saqué una foto con él. Experiencia inolvidable.

Concluyo este relato dando gracias al Altísimo por haberme concedido el regalo de estar en el punto que más amo del Planeta, la Plaza de San Pedro, participando de la beatificación de la persona que más amo, Juan Pablo II, presidida por la persona que más admiro del mundo: Benedicto XVI.

No mereciendo nada, ¿qué más puedo pedir?

Rodolfo Roberto Reynoso.


Gracias, Rodolfo, por tu inestimable testimonio, contado con tanta precisión y emotividad, que parece estuviéramos allí. Sirva para que otros que hayan estado presentes o lo hayan vivido especialmente desde sus hogares, nos trasmitan a todos su propio testimonio.

Ramón.

Santa Eustelle, o Santa Estrella

Santa Eustelle, o Santa Estrella

Pregunta: Ramón, en el santoral de www.catholic.net tenemos para hoy a Santa Estela o Estrella, ¿tienes tu alguna imagen de ella?, además me gustaría conseguir un mejor relato sobre ella, ya que el que tenemos es muy escueto.

Respuesta: Pues de esta santa, la verdad es que casi nada sabía yo, así que a ponerse a trabajar para los colegas de la página. Tomo los datos de “Las Vidas de todos los Santos de Francia”, una obra en varios tomos, del siglo XIX, que dice tomar los datos de una obra del siglo XVII, que a su vez tomaría los datos de documentos antiguos y de autor anónimo, que, por lo que veo, no es más que la “vida” de San Eutropio de Saintes.

Santa Eustelle, virgen. 11 de mayo.
Estamos en el siglo III, cuando la Galia tiene un gobernador, al que estos autores llaman rey, no dando a entender fuera un rey independiente, sino en nombre de Roma (recordar, copio del libro). Este rey o gobernador tenía una hija bella en el cuerpo y el alma, llamada Eustelle. Y hallamos el primer problema: El nombre original es Eustelle, que significa “bien adornada”. La latinización a Stella (de donde pasó a Estrella en castellano) fue una recreación del escritor Frederic Mistral en el siglo XIX, cuando Eustelle pasó a ser patrona de un movimiento literario interesado en rescatar la literatura y lengua occitana.

Y volviendo al siglo III. Llegando San Eutropio a la región, al comenzar a predicar el Evangelio, muy pronto Eustelle se convirtió a la fe cristiana, a pesar de que conocía el disgusto que daría a su padre, pero puedo más la gracia de Dios que los temores. Cambió de hábitos y costumbres, se volvió más mansa y obediente, más caritativa y dejó a otras jóvenes no cristianas que tenía como amigas, por el peligro que le suponían. Comenzó a orar más a menudo, a dejar los vestidos ricos y la pompa de su corte. Así pues, su padre conoció que se había convertido al cristianismo y la conminó a dejar esa nueva fe, pero Eustelle (como ya os imagináis) le respondió que antes prefería morir.

Su padre le ofreció regalos, un ventajoso matrimonio y riquezas, pero ella permaneció firme en lugar de abandonar a Cristo y, antes bien, le predicó sobre la verdad de la fe, la vanidad del mundo, la supremacía de Jesucristo por encima de todas los ídolos y de sabidurías humanas. En fin, todo un discurso, más propio de un predicador del siglo XVII, que de una jovencita del siglo III.

De los halagos, el padre pasó a las amenazas y castigos, ante las cuales, Eustelle se mantuvo más firme aún. Entonces su padre la echó del palacio, a pesar de los ruegos de esclavos y cortesanos, que le pedían recapacitara. Eustelle aceptó gozosamente, dispuesta a padecer por Jesucristo y salió de casa, y se dirigió adonde Eutropio, que la recibió con gozo, aunque advirtiéndole de la persecución contra los cristianos por parte del imperio. Eustelle se retiró a una cabaña, donde recibía a Eutropio que le hablaba de las cosas del cielo y las excelencias de la consagración virginal a Dios, al que Eustelle determinó dedicar su vida como virgen consagrada. (1)

Sabiendo esto el padre de Eustelle, mandó asesinar a Eutropio, que lo supo por una revelación divina (vamos, que tampoco había que esperarla, era evidente). Así pues, los sicarios primero le apedrearon mientras estaba de rodillas, perdonándoles. Finalmente murió de un golpe en la cabeza. Eustelle y otros cristianos enterraron su cuerpo con gran veneración. Contaba el padre de Eustelle que esto haría temer a su hija y que esta volvería a casa renunciando a la fe cristiana, pero no fue así: ella se mantuvo firme, si bien ya no nos dice más sobre ella la vida de San Eutropio. Si Eustelle fue mártir o no, o si su propio padre, estilo Dióscoro-Bárbara, le quitaría la vida. Es probable sea una santa posterior, devota de San Eutropio, o una eremita de la zona, benefactora de la Iglesia y que con el tiempo se le haya asignado una vida relacionada con el santo.

Sin embargo, el Breviario de Saintes la pone como mártir a 21 de mayo, diciendo que la memoria de la bienaventurada Eustelle, bautizada por San Eutropio, cuyo padre la mandó matar. Añade que fue enterrada en la misma tumba de Eutropio, desde donde fueron trasladados al construirse la basílica de San Eutropio. O sea, que la da por mártir, aunque no consta. En 1845, en un reconocimiento de las reliquias de San Eutropio, se halló otro cráneo, de una persona joven, entre los 18 y 25 años, que se supuso fuera el de Eustella, pero hay que reconocer que esto fue tenido así por la leyenda de que ella habría sido enterrada junto al santo obispo.

Todavía mantiene devoción en Saintes, donde hay una capilla y una fuente curativa, llamada “fuente de Santa Eustelle”. Allí acuden los fieles todavía, y las jóvenes que buscan marido cumplen con el rito de lanzar dos alfileres al aire, si caen en forma de cruz, es buen presagio, lo encontrarán pronto. Esta fuente se cree es el sitio donde se retiró, y que la fuente sería usada por ella y Eutropio, pero las excavaciones han descubierto que posiblemente sea una fuente anexa al anfiteatro de la ciudad, que está a unos metros del sitio. Y si no lo fuera, de todos modos sería poco probable que alguien que busca retiro lo haga precisamente junto a un anfiteatro, con todo el jaleo y espectáculos que allí ocurrían. Aún así, la devoción es constante y varios milagros están documentados. El libro detalla lo ocurrido en 1645, cuando un sordomudo sanó al instante y, quince días más tarde, se repitió lo mismo con dos jóvenes a los que su madre llevó a la fuente, inspirada por el primer milagro.

 


(1) Aquí hay un largo discurso de tono moralista que no forma parte de la vida de San Eutropio, es solo un discurso de quien escribe el libro, haciendo patente el concepto de historia que hay en las hagiografías: los hechos tienen que estar al servicio de la formación, la apología, la fe. Es por eso que las vidas de santos adolecen muchas veces de verosimilitud, porque la historia está supeditada a la enseñanza y la predicación.

AYUDA Y COLABORACIÓN

Hola queridos lectores!! Si alguien sabe inglés (también francés, italiano, árabe u otro idioma) con soltura y tiene deseos FIRMES (no firmes de los que duran una semana) de colaborar en el blog, que se comunique conmigo, ya sea por mail, o un comentario en este mismo artículo, y ya le diré cual es el proyecto, y la ayuda que necesito. 

Chao!!

Santa Constanza de Roma (I)

Santa Constanza de Roma (I)

Pregunta: Hola, me remito a tu excelente blog con la confianza de que me resolverás una duda: sobre Santa Constanza. He leido que tienes un apartado en la página, pero no está lo que busco, que es la santa Constanza, la hija de Constantino el Grande (también santo como sabrás. El asunto es que he visto muchas imágenes de esta santa, asi, como corposantos, esto lo he aprendido en tu pagina y quería saber si alguno es ella, o como se le puede venerar y donde, si hay alguna imagen. Gracias.

Respuesta: Lo primero, agradecerte tu lectura y atención a mi pequeña página, una más en un mundo lleno de sitios sobre santos. Solo con que tú hayas aprendido algo, ya vale la pena el esfuerzo de hacerla y dobla la satisfacción. Y paso al tema:

Santa Constanza de Roma, virgen, princesa. 19 de febrero.
Hay que empezar diciendo que santa Constanza no está incluida en los martirologios romano o cualesquiera que se consideren oficiales, aunque si lo está en listas no oficiales de santos. Sinceramente, no habría pasado a la historia de no ser por el bello mausoleo que su padre Constantino le dedicó en Roma, convertido en basílica y que con el tiempo terminó llamándose de “santa” Constanza, porque allí se encuentra su tumba (en la imagen).

Leyenda:
Un análisis de su “vida” lo primero que hace es poner en evidencia el poco valor histórico de las leyendas que narran su paso por esta vida. La suya y la de un par de santos más. Algo de historia hay, claro, pero muy mezclado con fábulas piadosas. Así es que Constanza era hija de Constantino el Grande, y padecía de escrófulas (lepra según otras versiones). Contantino la ofreció como esposa a su general Gallicano, recientemente viudo, pero a este no le hizo mucha gracia y se negó. Por tanto, Constantino lo envió a Tracia, para defender las fronteras romanas contra los bárbaros.

Gallicano, conocedor de la fe cristiana, hizo un voto de convertirse a la nueva fe si salía victorioso. Como no podía ser menos en una hagiografía, así sucedió: venció y se convirtió. Al regresar a Roma supo que Constanza había sido sanada milagrosamente por Santa Inés y que, junto a sus propias hijas Augusta, Ática y Artemia (celebradas también el 19 de febrero) se habían dedicado como vírgenes consagradas, junto a la iglesia de Santa Inés. Constanza tenía dos esclavos a su servicio, Juan y Pablo, a los que legó, a su muerte, la libertad y su patrimonio.

Al asumir el poder Juliano el apóstata, Juan y Pablo, fueron martirizados, con la intención del emperador de recuperar el patrimonio de Constanza (se celebran el 26 de junio). Luego del martirio, tres cristianos Crispín, Crispiniano y Benedicto los enterraron. Gallicano fue martirizado en Alejandría, adonde se le había desterrado por cristiano. El martirologio romano lo recoge a 25 de julio.

Historia:
Es cierto que el emperador Constantino tuvo una hija, cuyo nombre correcto es Flavia Julia Constantina, aunque generalmente es llamada Constanza. Sin embargo, consta históricamente, que no era una virgen consagrada, sino que estaba casada con Anibaliano. Y más aún, si creemos al historiador militar Amiano Marcelino, era una mujer completamente carente de principios, “un demonio en forma humana, una furia femenina siempre sediento de sangre”. (1)

Si Constantino tuvo otra hija que no tomó parte en la vida cortesana y pública, es desconocido por los historiadores o cronistas del momento. Lo cual no es de sorprenderse si, realmente, vivió recluida, primero por la enfermedad y luego por la consagración virginal. Queda en la sombra.

Un par de dificultades más: aunque el nombre de Gallicano era común, y en la época descrita hubo, dos muy conocidos, Vulcacio Gallicano, prefecto de Roma en 317, y Ovinio Gallicano, cónsul en 330, pero no consta ninguno en la guerra contra los bárbaros de Tracia. Por otro lado, es increíble que un general fuera martirizado tal y cual cuenta la leyenda. Y la segunda, el relato del martirio de los Santos Juan y Pablo, los ponen sometidos a interrogatorios por el propio Juliano en Roma, pero es conocido que después de convertirse en emperador, Juliano no puso un pie en Roma.

Por tanto, hay todos los motivos para tener la leyenda como fabulosa y sin sentido, uniendo a personajes de diversos momentos en una misma situación. Pero tranquilos, si bien la narración de sus vidas y martirio es falsa ¡hay indicios para creer en su existencia y culto muy antiguos! Pero eso, en el otro artículo, que este es muy largo. Además, así os aumento el interés.

 


(1) Historias, Tomo I, libros XIV-XVI.

El Papa, Santísimo Padre...

El Papa, Santísimo Padre...

Pregunta: Hola. Quisiera saber por qué a los papas les dicen Santo papa, o su santidad, o el santísimo papa y cosas así, si ellos siguen siendo humanos propensos a pecar. No es blasfemia? Gracias por tu respuesta de antemano.

Respuesta: Hola. No, no es blasfemia, para que fuera tal, el título de “santidad” o “Santo Padre” tendría que tener la intención de comparar al así llamado con Dios. O, por el contrario, también es una blasfemia, pretender rebajar a Dios con insultos o negándole de manera irreverente su santidad y grandeza.

Para entender el porqué de estos títulos, hay que entender primero que significa que alguien o algo sea “santo”. Lo primero es que, propiamente hablando, nada ni nadie es santo, sino solo Dios. Pero tanto las personas, como algunos objetos o dignidades, participamos de esta santidad divina, por acercamiento a Dios. Porque Dios "nos toca" con esa santidad.

La Iglesia entiende por santo no solo a aquellos que han llegado a la plenitud de la vida eterna junto a Dios (es esto lo que les hace santos), sino también a aquellos que, por cercanía, forman "parte" de Dios. El primer y mejor ejemplo lo vemos en la misma Escritura, si bien nos dice que solo Dios es Santo; no tiene reparos en llamar “santos” a los primeros cristianos; y también les llama “miembros de la asamblea de los santos” (1 Cor. 14, 33). Y esto no por méritos personales, ni porque todos fueran impecables o semejantes a Dios, pero se entiende que por el bautismo y la pertenencia a la comunidad cristiana, aún a pesar del pecado personal, se participa de esa santidad divina, regalo para todos.

Así, por extensión, son llamados santos o sagrados algunos objetos, porque el uso que se les da está relacionado con el culto a Dios, y de manera simbólica, pero visible, son “tocados” por la gracia de Dios. Así por ejemplo, los cálices, los altares, los ornamentos, se consideran objetos dignos de reverencia, no por ellos mismos, que solo son materia, sino por lo antes dicho.

Visto esto, que era solo una explicación introductoria, vamos al tema, que ya casi está dicho: Al papa no se le llama Santidad, o Beatísimo Padre, porque se considere impecable, o un ser divino, sino porque en su calidad de Pontífice de la Iglesia, participa en un grado visiblemente mayor de esa santidad. Recalco el término visiblemente, porque una abuelita de nuestras iglesias podría ser más santa que el papa. Además, es el título de Vicario de Cristo el que lleva consigo el tratamiento de “santo”, no la persona que lo ostenta.

Lo mismo podría decirse de la infalibilidad pontificia, por ejemplo: El papa, porque participa en grado eminente de la asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia, es infalible, no porque sea mejor o más listo que nadie.