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Tus preguntas sobre los Santos

Santos poco conocidos

San Juan de Colonia y los mártires de Gorkum

San Juan de Colonia y los mártires de Gorkum

San Juan de Colonia. 9 de julio.

No es este santo un santo fácil “de tragar”, un santo del que se lee sin sentir que se queman las entrañas, que nos levanta del cómodo sofá de la cómoda fe. Un simple “no”, o, por el contrario, un pequeño asentimiento y no habría padecido el martirio, acaso ni siquiera hoy sabríamos de él.

Juan vivió en el siglo XVI, profesó en la orden dominica, y aunque de origen alemán, estaba destinado en el convento de los dominicos de Horn, Holanda. Son los tiempos de las guerras religiosas, de la reforma protestante, en este caso, llevada a cabo por los calvinistas. Reforma religiosa, pero sostenida y alentada por intereses políticos y económicos. Verse libre del “papismo” era verse libre del emperador y su vasallaje, a lo cual anhelaban los príncipes del Imperio. A esto nos había llevado la unión Iglesia-Imperio, lamentablemente: papas guerreros, economistas, más interesados en la voluptuosidad del renacimiento que en la santidad cristiana. Mucho se demoró la Reforma del Concilio de Trento y, cuando se hizo, ya era tarde, al menos para reconciliar a las partes.

En Horn, Juan era amado por sus feligreses y gozaba de fama de virtuoso y caritativo, por ello no es extraño que, arriesgando su vida, se decidiera a visitar a católicos, fieles y religiosos, prisioneros. Hoy muchos dirían que fue imprudencia, temeridad, falta de sentido práctico… y tal vez fue un poco de todo, pero hay algo que apremia aún más que la razón, y esto es la caridad, el cumplimiento del deber (¿ven como no es un santo fácil de tragar?). En esta visita, al no ocultar su condición de sacerdote y religioso dominico fue apresado junto a los que ya estaban allí, y fueron sus compañeros de sufrimientos y gloria: 2 religiosos premonstratenses, 11 franciscanos, y 2 canónigos regulares de San Agustín. En la prisión, además de los vejámenes comunes que se cometen cuando se tiene toda la libertad para ello, acrecentados cuando los castigados son inocentes y desgarran con sus miradas limpias, nuestros mártires son sometidos a las promesas de libertad por unas “pequeñas concesiones”: Negar el primado espiritual del Papa y la presencia Real de Jesucristo en la Eucaristía. ¿Quizás los carceleros, antiguos católicos, creían aún en lo que pretendían que otros negaran? ¿Qué gusto sentirían en que renegasen de su fe? ¿Que les aportaría a su nueva fe la renuncia de los otros, lograda por la fuerza? Son preguntas que sólo los verdugos (los de todos los tiempos) sabrían responder, porque Juan y los demás, no las respondieron: permanecieron firmes.

Burlas, castigos, amagos de matarlos en el momento, nada pudo hacer que los religiosos condescendieran a negar su fe. Cansados los verdugos, desmoralizados, decidieron pasarlos a la “justicia” y que juzgase sus crímenes de “romanismo”. Fueron llevados a Brila, atados con cadenas y casi desnudos, pues los hábitos les habían sido arrancados a la fuerza, porque ni esto quisieron permitir los mártires. Unos a otros se animaban, se consolaban y se ayudaban: dar el alimento al desfallecido, sostener la cabeza de uno para que pudiera orar… y otras muestras de caridad. Al llegar a Gorkum, destino final de su calvario, ya estaban preparadas las horcas, a la que Juan se subió sin esperar la sentencia, ni las últimas promesas de libertad si renegaba de su fe católica. Fueron ahorcados y allí, según la piadosa leyenda, que no falta en ninguna vida de santo que se precie, con el tiempo creció un precioso árbol con tantas flores como mártires fueron.

Clemente X los canonizó a todos juntos, como juntos habían dado testimonio, y alcanzados el premio. Juan de Colonia y compañeros no son del siglo XVI, son de hoy, de cada día. Es el santo de decir “”, aún cuando un simple “no” podría salvarnos, no ya de la horca, pero sí de la cuerda que ata la libertad.

Sus atributos: hábito blanco y negro dominico, una soga al cuello, la palma de martirio, una custodia o copón con el Santísimo, que proclaman su afirmación de la Presencia Eucarística. Un libro con una tiara pontificia o una pequeña iglesia (su fidelidad al papa y la Iglesia).

San Gerardo y Santa Graciela

San Gerardo y Santa Graciela

Pregunta: El motivo de mi correo es comentarte que estoy buscando información sobre 2 santos; por un lado, San Gerardo, cuya fecha no tengo clara, pues en Internet aparecen infinidad de fechas distintas. Por otro lado, información sobre Santa Graciela, que no encuentro; ¿será que no hay ninguna santa con ese nombre? Por favor, te agradecería mucho si tuvieras información al respecto. Muchas gracias. Un cordial saludo.

Respuesta: Hola. Es normal que encuentres muchas fechas de San Gerardo, y es porque existen varios santos y beatos con ese nombre. A veces la información que se halla es mala, o se limita a “san Gerardo es el 3 de octubre”, afirmándolo con tal rotundidad que parecería santa palabra. Pero no es así, en este tema de santos nada es definitivo, cada día se descubren cosas nuevas y nada es tan sencillo como parece y aparece. Aquí te pongo los Gerardo que conozco, que me imagino tal vez haya más.

San Gerardo de Braga, obispo. 5 de diciembre.
San Gerardo de Brogne, abad. 3 de octubre.
San Gerardo de Macon, obispo. 29 de mayo.
San Gerardo de Monza, eremita. 6 de junio.
San Gerardo de Orchimont, abad. 23 de abril.
San Gerardo de Potenza, obispo. 30 de octubre.
San Gerardo de Toul, obispo. 23 de abril.
San Gerardo María Majella, religioso redentorista. 30 de octubre.
San Gerardo Sagredo, obispo, apóstol de Hungría y mártir. 24 de septiembre. (en la imagen)
San Gerardo, obispo carmelita y mártir. 26 de agosto.
Beato Gerardo Cagnoli. 29 de diciembre.
Beato Gerardo de Claraval, abad. 16 de octubre.
Beato Gerardo de Claraval, monje. 13 de junio.
Beato Gerardo Gil Leal, agustino mártir. 6 de noviembre.
Beato Gerardo Mecatti, caballero de Malta. 25 de mayo.
Beato Gerardo Pascual Mata, agustino mártir. 6 de noviembre.
Beato Gerardo, fundador de la Orden de Malta. 13 de octubre.
Beato Gerardo, mercedario. 15 de noviembre.

En cuanto a Santa Graciela… pues hasta ahora no conozco ninguna. Es una forma de Gracia (como Graciano,  Graciniano, Grace), en este caso italiana (Graziella), y aquí sí que encontramos “santo”:

Una advocación mariana muy difundida a partir del siglo XIV, llamada Nuestra Señora de la Gracia o de las Gracias. El origen podría estar en las palabras angélicas de la anunciación: "Salve, llena de Gracia” de hecho algunas de estas vírgenes son celebradas el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación. No sigue una iconografía estable, sino que en ocasiones tiene Niño, en otras no, en algunas son Inmaculadas y punto. Las hay representadas en tablas góticas o renacentistas, esculturas barrocas. Sentadas, en pie, con ángeles, ofreciendo manzanas o granadas, dando el pecho al Niño… en fin, que ninguna se puede decir que ofrezca un modelo único y concluyente. Tengo localizados al menos 120 sitios donde se venera esta advocación (sobre todo en Italia y España), pero estoy seguro que hay muchos más. También celebran los carmelitas el 23 de julio a Nuestra Señora, Madre de la Divina Gracia.

Santos con ese nombre, recojo cuatro:

Santa Gracia de Alzira, virgen y mártir. 23 de julio.
Beato Gracia de Cattaro
, religioso franciscano. 28 de noviembre.
Beata María Gracia Lecuona y Aramburu, virgen visitandina y mártir.
18 de noviembre.
Beata María Gracia de San Antonio
, virgen de la Doctrina Cristiana y mártir.
20 de noviembre.

Y, como ya me anotan por ahí, al menos dos corposantos:
Santa Gracia, venerada en Germagno, Italia
Santa Graciosa, venerada en La Coquille, Bélgica.

Santos Julita y Quirico, ejemplo de invento

Santos Julita y Quirico, ejemplo de invento

Santos Julita y Quirico. 16 de junio.

“…queréis saber si se conservan sus actas en Icona, de donde os han dicho que madre e hijo eran originarios. Os quejáis que las que han dado en vuestras manos son poco correctas, llenas de fábulas, de cuentos frívolos y de muchas cosas que no admite la sólida y austera decencia de la religión cristiana…

Así se inicia la carta que el obispo de Icona, Teodoro, envía a Roma por el año 304, al ser requerido sobre “un cierto martirio” de Julita y su pequeño hijo. Actualmente todos tenemos la misma queja de los que le escriben a Teodoro, no han cambiado los deseos en más de 1700 años: queremos saber lo que pasó, tanto de Julita como de otros mártires. Lamentablemente no siempre se puede y lo que poseemos de muchos mártires corresponde más a fantasías que a hechos reales. No es este el caso; esta carta, según su autor, se basa en averiguaciones entre varios testigos “muy bien instruidos de todas las circunstancias de esta historia: tuvieron la bondad de hacerme la relación conforme la habían oído hacer muchas veces a unos señores de Licaonia, parientes muy cercanos de la santa”, prosigue Teodoro.

Y esto es lo que nos cuenta: Julita (cuya fiesta era celebrada por las casas más nobles de Licaonia, que la tenían por pariente), ante el avance de la persecución decretada por Diocelciano, se retira a Seleucia con su pequeño hijo Quirico (también llamado Ciro o Quirce) y dos doncellas; pero allí no es menor la persecución, llevada a cabo por Alejandro, gobernador de la región. Como era costumbre, todos los ciudadanos fueron llamados a sacrificar a los dioses, con la amenaza de muerte para quien se negara. Julita huyó a Tarso, donde fue abandonada por sus esclavas y apresada junto a su hijo, puesto que Alejandro se había trasladado allí y su séquito la reconoció.

Al ser llevada ante el gobernador, Julita ocultó su condición noble, simplemente respondiendo a todo “soy cristiana”. El gobernador mandó que le quitaran el niño y fuera azotada con nervios de bueyes, una de las variadas modalidades de flagelos que usaban los romanos para castigar. Como es natural, costó muchísimo separar al niño de su madre y con solo imaginar la escena ya se puede entender el valor y la fe de esta mujer. Alejandro tomó al niño, que se revolvía contra él, queriendo ir con su madre (las actas posteriores y legendarias ponen algunas palabras piadosas en su boca, así como intenciones de ser mártir, e incluso que soportó el tormento de la rueda, pero no hay que inventarse nada donde lo más natural es que el niño hiciera precisamente eso, querer volver con su madre).

Alejandro intentó ganarle con mimos y cariños y llama la atención de este gobernador que no se conduele con la madre, tener estas ternezas con el niño. Este hecho en la narración es buena señal, no se nos intenta poner una situación idílica, sino que se nos narran hechos propios de las debilidades humanas y sus contradicciones. ¿querría ablandar a la madre, entristecerla tal vez, viendo que el niño se olvidaba de ella?... queda en lo secreto de la historia, que continúa diciendo que Quirico repetía las mismas palabras de su madre “soy cristiano”, sin querer aceptar las bondades de Alejandro. No duró mucho la “bondad” del gobernador: tomó al niño de un pie y lo lanzó al suelo, rompiéndose la cabeza contra las gradas del tribunal. Así de impactante y escueto se muestra el obispo Teodoro al narrar la muerte del niño, como si decir más palabras quitaran fuerza a semejante acto de crueldad para con el niño y la madre.

Julita, ante esto, no claudicó, sino que se mostró más intrépida cuando fue amenazada con el potro y mientras le envolvían los pies en pez ardiente, a la vez que el verdugo le conminaba a sacrificar. Ella, más valiente después de perder a su niño, sólo gritaba: “Yo no sacrifico a los demonios. Yo adoro a Jesucristo, único Hijo de Dios”. Viendo Alejandro que no tenía remedio, la condenó, finalmente a la pena capital y su cuerpo y el de su hijo arrojados con los de todos los condenados. Julita inclinó la cabeza, hizo una oración: “Gracias os doy, Dios mío, de que os hayais dignado dar a mi hijo una silla en vuestro reino. Tened la bondad, Señor, de querer recibir también en él a vuestra sierva, por indigna que sea”. Hay que decir que estas y otras palabras que siguen sí es probable que sean añadidas por los narradores que le contaron la historia a Teodoro, los cuales no sabrían en verdad las palabras exactas de dicha oración. No hay que dudar que quien sea capaz de dar la vida, sea capaz de hacerlo con serenidad y en medio de una oración. Y así, al terminar, el verdugo cortó su cabeza, los cuerpos fueron arrojados a la fosa común, de donde serían sacados por las esclavas que estaban escondidas, pero vigilantes. Estas mujeres, dice Teodoro “tuvieron bastante valor y resolución para levantar las sagradas reliquias de su ama y del niño”. Las enterraron en un campo cercano, donde estuvieron hasta que fueron puestas a la veneración, ya luego de la paz de Constantino.

El culto a madre e hijo es muy antiguo y la misma carta cuyos fragmentos se reproducen aquí lo demuestra. En algunos sitios el hijo ha ganado en la veneración a la madre y esta ha pasado a segundo plano, como en Potenza o Cisterino, ambas localidades italianas, donde goza de gran devoción el santo niño. La escultura no ha sido muy generosa con madre e hijo, pero sí lo han sido la pintura y los grabados, motivados por el patetismo del momento del niño llorando por su madre, mientras es atraído por el gobernador, o su martirio. Grabados, miniaturas, pinturas del romanticismo y el neoclasicismo del siglo XIX recogen bellamente esta escena, tan bella que a veces hacen olvidar lo que hay detrás: la dureza de quien se ve vencido y aplastado por la verdad y la bondad.

(Tomado de: P. Teodorico Ruinart. LAS VERDADERAS ACTAS DE LOS MÁRTIRES. Tomo Tercero, página 59. Madrid, 1726).

Beata María Jordá Botella

Beata María Jordá Botella

Pregunta: Dime algo de la Beata María Jordá Botella, martir de Benifallín, Alicante. Es que tiene mi apellido y me gustaria saber quien es. España.

Respuesta: Por desgracia noy hay mucha información disponible sobre esta mártir, ya que pertenece al gran grupo de mártires de la diócesis de Valencia –unas 233 personas, nada menos- y de cada uno de ellos no hay más que unos pocos apuntes en la web. Para ampliarlo cabría buscar publicaciones o realizar visitar a sus lugares natales y preguntar a los lugareños. Pero  en fin, vayamos con lo que tenemos.

La Beata María Jordá Botella, virgen y mártir (26 de septiembre) nació el 26 de enero de 1905 en la ciudad de Alcoi, Alicante (España). Como era costumbre en la época, recibió el bautismo y la confirmación ese mismo año, en 28 de enero y 20 de octubre respectivamente, y tomó la Primera Comunión el 21 de abril de 1912 en la parroquia de San Francisco. Educada en un colegio de religiosas, se destacó por su amplia cultura general. De carácter era optimista y alegre, y se dedicó al apostolado de la caridad y del testimonio personal. Su caridad llegó al heroísmo a través de la Confraternidad de San Vicente de Paúl, dedicándose a las labores sociales en su entorno. También fue miembro de Acción Católica y desarrolló, de acuerdo con los principios de ésta, una destacada promoción propagandística de la fe católica, por lo que ya en el año 1931 estaba en el punto de mira de los opositores a su espiritualidad y forma de pensar. Con el estallido del conflicto civil y la persecución religiosa vinculada a éste, era evidente que sería una de tantas víctimas.

Fue encarcelada y los milicianos que la custodiaban trataron de violarla, porque era una mujer muy guapa y llamaba la atención, pero se defendió con ahínco y acabó siendo asesinada el 26 de septiembre de 1936, en Benifallím, Alicante. Fue beatificada por el papa Juan Pablo II, junto con el resto de mártires valencianos, el 11 de marzo de 2001.

Meldelen

Santas Menodora, Metrodora y Ninfodora

Santas Menodora, Metrodora y Ninfodora

Pregunta: Otra cosa, sobre las hermanas mártires Metrodora, Menodora, Ninfodora... Me resultan chocantes ¿Usted, que opina? Muchísimas gracias.

Respuesta: De las Santas Menodora, Metrodora y Ninfodora, vírgenes y mártires (10 de septiembre) se sabe lo que la tradición ortodoxa ha transmitido hasta hoy, dado que son prácticamente desconocidas en la católica. Los nombres, aunque extraños a nuestros oídos, tienen un bello significado: Menodora, “don de Menes” (que era una antigua diosa griega), Metrodora, “don de una madre”, Ninfodora, “don de una ninfa” (que era otra divinidad menor de la cultura griega). Las tres eran hermanas entre sí y nacieron en la región de Bitinia. No se sabe nada de su nacimiento pero se supone que quedaron huérfanas o huyeron de casa, porque vivían en la montaña en continua oración y ayuno. Como su fama de santidad se extendiera por la región, llamó la atención del gobernador local, un hombre llamado Frontón, que mandó traerlas a su presencia.

Una vez las tuvo delante les ofreció posicionarlas con un buen matrimonio y suntuosos medios de vida si dejaban su vida eremítica, y con ello, de llamar la atención del pueblo, y desde luego, ofreciendo el prescrito sacrificio a los dioses. Ellas se negaron aduciendo que los bienes temporales nada les importaban, y que sólo miraban por su salvación. Frontón dio orden de tomar a Menodora y hacerla torturar delante de sus otras dos hermanas, creyendo que así las intimidaría, pero Menodora murió en medio del tormento sin haberse retractado de sus palabras. Con esto mandó devolver a las otras dos a prisión mientras meditaba qué hacer con ellas. Cuatro días después, las mandó traer de nuevo y exhibió ante ellas el cadáver de Menodora, que empezaba a corromperse. Las otras dos lloraron mucho el espectáculo pero no cedieron en su propósito, sino que se animaron mutuamente a perseverar en su propósito. Procedió entonces Frontón a torturar a Metrodora, pero el resultado fue el mismo: murió en medio de la tortura sin haber logrado que se retractara.

Ninfodora, que era la menor, se había quedado sola y creyó Frontón que a ésta la vencería con facilidad. Mandó colgar al sol los dos cadáveres de sus hermanas e hizo que los contemplara, pero ella insistió en que no iba a ser menos que sus dos hermanas y que no quería nada de este mundo. Entonces fue golpeada con varas de hierro hasta que murió. Los cadáveres de las tres hermanas fueron parcialmente quemados y los restos enterrados en Pitia. Su martirio se ubica tradicionalmente entre los años 305 y 311 de nuestra era, y sus reliquias se conservan en la Catedral de San Pantaleón del Monte Athos, en Grecia, aunque la mano de Metrodora ha quedado en el monasterio local del Pantócrator.

Meldelen

A veces causa hasta risa cuando alguien asombrado pregunta "¿pero cuantos santos hay?", y es que aún no nos damos cuenta de que hay más santos por conocer, que conocidos. Sólo en la Iglesia Occidental hay un sinfín de santos bretones, irlandeses, galeses, que pasan desapercibidos para la gran mayoría. Si pasamos a Oriente, podríamos esta años y años escribiendo sobre un santo diferente cada día. Demasiada costumbre a los santos "de siempre", como si los santorales se reciclaran año tras año y sólo hubiera un par de santos. Por eso cuando conocemos santos nuevos nos parecen tan "raros". Estoy seguro que lo mismo dicen en Oriente de San Martín de Porres ¿y ese tan raro quién es?

Ramón

Santo... de nombre raro

Santo... de nombre raro

Pregunta: Ramón, cual es el nombre de santo más raro que conoces? España

Respuesta: Me la pones en China... es que todo depende de lo que se entienda como raro... quizás San Eleusipo nos parezca rarísimo, pero a él le parezca estrambótico, digamos... Iker. De todos modos, el nombre más raro, en cuanto a que a nadie se le ocurriría llamarse así, al menos en español, creo yo que es: Santa Tetta (escribo con cuidado para no comerme ninguna letra), fue abadesa del monasterio de Wimborne, en el siglo VIII. Fue princesa, hermana del rey Ine de Wessex y, al enviudar, se hizo religiosa. Mantuvo una relación espiritual con San Bonifacio, el Apóstol de Alemania, al que pudo seguir en su aventura misionera (como lo hizo Santa Lioba), pero prefirió gobernar su monasterio y continuar la amistad mediante cartas, según cuenta su hijo San Wiehtberht (lo de los nombres raros aqui es mal de familia), monje y compañero del mismo Bonifacio. No se sabe a ciencia cierta cuando murió Tetta, pero a finales del mismo siglo VIII ya se narran algunos milagros en su tumba, lo cual casi equivale a una canonización. Se celebra el 28 de septiembre.

También San Plátano (venerado en Cerdeña), San Agrícola (Avignon) o Santa Machita (Gales) tienen amplias posibilidades de protagonizar este artículo, pero como parafraseando el dicho, Tetta hala más que una carretta.

Santa Fe de Agen

Santa Fe de Agen

Pregunta: Su martirio fue similar al de Sn. Lorenzo? Nos podrías decir algo de esta Santa?. México

Respuesta: Hola. Santa Fe de Agen, virgen y mártir (6 de octubre) es una santa gala de la que bien poco se sabe con certeza. El relato de su martirio es bastante legendario y en algunos puntos se confunde con el de San Caprasio, por lo que ofrece poca veracidad histórica, sobre todo por la presencia en él del controvertido pretor Daciano.

Estrictamente, la leyenda nos cuenta que Fe (Fides en latín, Foy en antiguo francés) era hija de una familia destacada de la ciudad aquitana de Agen, en Francia, y que tenía una hermana mayor, de nombre Alberta, la cual está bastante olvidada en comparación a la célebre Fe. Fueron convertidas en su niñez por el obispo Caprasio, y con la publicación del edicto persecutorio en el año 303, en tiempos de Diocleciano, se llegó hasta Agen el pretor Daciano, que mandó detener a los cristianos de la ciudad y llevarlos a sacrificar. Entre ellos estaba Fe, quien sostuvo un heroico interrogatorio –apócrifo, por supuesto- con el pretor, condenando la persecución y la religión pagana, y negándose a sacrificar. Es por ello que se mandó encender una hoguera, reducirla a brasas, calentar en ellas una parrilla al rojo vivo y tender sobre ella el cuerpo desnudo de la niña, de modo que su martirio fue muy semejante al de San Lorenzo.

Al ver este horrendo espectáculo, los otros cristianos protestaron muy vivamente, especialmente Alberta, saliendo en defensa de su hermana menor. Cansado de aquel alboroto, Daciano mandó sacar a Fe de la parrilla, decapitarla, y tras ella murieron por la espada su hermana Alberta, los varones Primo y Feliciano, el obispo Caprasio, y todos los cristianos detenidos con ellos.

La redacción de la leyenda es muy probablemente de época tardoantigua, bastante posterior a los hechos en sí, y el culto a Santa Fe ni siquiera existió de forma destacada hasta el siglo X, cuando un monje de la abadía de Conques robó de la iglesia de Agen las reliquias de la Santa, que llevó a Conques. Esta abadía, joya del románico francés, estaba enclavada en la ruta del Camino de Santiago, y a partir de las peregrinaciones el culto de Santa Fe floreció y se hizo inmensamente popular. Todos los peregrinos camino de Compostela paraban en Conques a venerar las reliquias de la mártir, que se conservan en un relicario dorado que, lejos de representar a la propia mártir, es la figura de un emperador-niño bizantino entronizado, siendo pues una pieza muy particular.

El culto a Santa Fe ha continuado hasta día de hoy, algo ensombrecido por la espectacular belleza de la propia abadía de Conques. En Francia tiene muchas iglesias consagradas y en España destaca su santuario en el Montseny, Cataluña. Hay iglesias dedicadas a Santa Fe en Estados Unidos y en Filipinas. Pero es importante hacer notar que todas aquellas ciudades de fundación colonial española que llevan el nombre de Santa Fe, no hacen referencia a esta mártir, sino a la “santa fe” católica, que llevaron los colonos allende el mar.

(En la imagen, estatua de Santa Fe que se venera en la ciudad de Sancy, Francia. Cortesía de Adolfo Blanco Alcalde).

Meldelen

Beata Victoria Díez

Beata Victoria Díez

Pregunta: Qué bonita foto, que linda joven, qué pena que la hayan matado, en cuales circunstancias, tú acaso saberías? Abrazos. Brasil

Respuesta: Más abrazos a ti. La Beata Victoria Díez, virgen y mártir (12 de agosto),  nació en Sevilla (España) en el año 1903. Desde muy joven sintió vocación de enseñanza y completó sus estudios de Magisterio en 1923.  Tres años después se incorporaba como maestra a la Institución Teresiana, recién instaurada en Sevilla, llegando a ser presidenta de la Juventud Misionera de esta institución. Como maestra se esforzó en trabajar por sus alumnos y luchar contra el absentismo escolar, especialmente de las niñas, y así lo siguió haciendo tras ganar las oposiciones y estar destinada a Badajoz y posteriormente a Hornachuelos, Córdoba.  Su metodología pasaba por alternar las clases en el aula con excursiones y visitas; posteriormente, combinará todo esto con clases de pintura, de canto, y cursillos nocturnos para la formación de mujeres analfabetas y asistencia social a las familias pobres de Hornachuelos.

Con la llegada de la Segunda República, se prohibió impartir religión católica en las aulas, por lo que ella desarrolló una catequesis que supliera esta falta, siendo impulsora de Acción Católica. A pesar de su clara postura de creyente, lo que es de admirar en ella es que no buscó enfrentamiento ni enemistad con los que eran contrarios a su forma de pensar y a su espiritualidad, siendo colaboradora en el Ayuntamiento de Hornachuelos, tanto de gobiernos de derechas, como de izquierdas, llegando a ser Presidental del Consejo Local y mostrando una clara capacidad de convivencia con una y otra ideología. Asimismo, y precisamente por ello, se ganó el cariño y el respeto del pueblo entero. Por desgracia, ello no le salvó la vida llegado el momento. Pensando en que vendrían tiempos difíciles para ella, había dejado escrito: “Si es preciso dar la vida para identificarse con Cristo, desde hoy dejo de existir".

El 11 de agosto de 1936 Victoria fue detenida por dos milicianos que la llevaron al Comité para ser interrogada, y ya no le permitieron regresar a casa, siendo detenida junto con otras personas en una casa rural. Los esfuerzos diplomáticos que muchos allegados hicieron para tratar de liberarla fueron en vano. En la madrugada del día siguiente, fue conducida, junto con 17 varones, a los exteriores del pueblo, una marcha de 12 km en la cual fue consciente de que iba a morir, pues dijo a sus acompañantes: “Ánimo, adelante, Cristo nos espera”. Sus compañeros fueron siendo fusilados uno a uno frente a la boca de uno de los pozos mineros en la Mina del Rincón, quedando ella la última, quizá con la idea de atormentarla y desesperarla con tan horrible espectáculo. Finalmente, ella fue fusilada también. Tres meses después, en noviembre, su cuerpo fue exhumado y enterrado en el cementerio de Hornachuelos, donde reposó durante 30 años. Luego, sus restos fueron trasladados a la cripta de la Institución Teresiana en la plaza de la Concha (Córdoba), y algunas otras reliquias en el altar mayor del convento de Santa María de las Escalonias en Hornachuelos. El papa Juan Pablo II la beatificó  el día 10 de octubre de 1993.

Meldelen