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Tus preguntas sobre los Santos

Santos poco conocidos

Santa María Egipcíaca, la gran penitente.

Santa María Egipcíaca, la gran penitente.

La vida de Santa María Egipcíaca esta entre las diez vidas de santos que mas me han fascinado y mas me han llegado. No es una vida de grandes viajes,ni de grandes milagros (algunos hay), es la vida de una gran mujer que llevo en su juventud una vida más que disoluta y que un hecho prodigioso la cambio para siempre, retirándose del mundo conocido y viviendo durante 47 años en el desierto. ¿Que debió hacer durante 47 años completamente sola? La verdad que hay que tener una fortaleza de hierro para vivir así, pero ella lo hizo, y solo tuvo una visita humana prácticamente hacia el final de su vida. La vida de estos penitentes que se retiran del mundo siempre me ha impresionado, jamás podría ser capaz de imitarlos, por eso tanto me atraen tanto, los admiro y valoro. Os relato a continuación su historia dentro de "La Leyenda Dorada" de Santiago La Vorágine tal cual está escrita.

Hacia el año 270,en tiempos del emperador Claudio, María Egipcíaca, conocida popularmente con el nombre de "la pecadora", se retiró al desierto en el que vivió cuarenta y siete años entregada a muy duras penitencias.

En cierta ocasión un abad, llamado Zósimo,paso al otro lado del Jordán y recorrió una gran zona desértica para ver si en la región que quedaba a la otra orilla del río moraba algún anacoreta. Un día vio desde lejos un bulto que caminaba. Cuando estuvo un poco mas cerca advirtió que se trataba de una persona totalmente ennegrecida por el calor del sol. Era María Egipcíaca, quien, en cuanto se dio cuenta de la presencia, aunque lejana, del abad, emprendió veloz carrera huyendo de él. Pero el abad corrió todavía mas, y cuando estaba ya cerca, María, vuelta de espaldas le gritó:

"¡Abad Zósimo! ¿Porqué me persigues? ¡Párate! No puedo dejarme ver de ti, compréndelo; soy una mujer y estoy completamente desnuda. Arrójame con fuerza tu manto desde donde estás para que pueda cubrirme con él, y después, con mi pudor a salvo hablaré contigo".

Zósimo quedó estupefacto al enterarse de que aquella mujer conocía su nombre. Luego le arrojo el manto para que se tapara, en cuanto vio que la mujer se había cubierto con aquella prenda, corrió hacia ella, se postró a sus pies y le pidió su bendición.

"¿Que dices padre?" -replicó María-"Tu, como sacerdote debes bendecirme a mi!" Zósimo iba de sorpresa en sorpresa, aquella desconocida no solo sabía como se llamaba, sino que también estaba enterada de que era sacerdote. Con esto, aun más impresionado, insistió en que la bendijera. María, entonces exclamó: "¡Bendito sea Dios,redentor de nuestras almas!"

Luego, extendiendo sus manos comenzó a orar, y mientras oraba fue levantándose en el aire hasta quedar suspendida a una altura de un codo sobre la tierra. El anciano, a la vista de este fenómeno pensó interiormente si no estaría en presencia de un demonio disfrazado de mujer, que trataba de engañarle y simulaba orar para mejor conseguirlo. Mas he aquí que una nueva sorpresa vino a añadirse a las anteriores, porque inmediatamente la desconocida dijo:

"Que Dios te perdone tu mal pensamiento de haberme tomado por un espíritu inmundo. No soy un demonio, aunque si una mujer muy pecadora.

Zósimo, en nombre del Señor, rogóle que se identificara y le dijera quien era. Ella le respondió:

"Padre, no sé si debo declararte quien soy; temo que si lo hago eches a correr espantado, como quien huye de una serpiente. Temo que mis palabras mancillen tus oídos, y hasta que el aire quede contaminado si me atrevo a contarte mi vida."

No obstante Zósimo insistió en que quería saber quien era, por lo cual ella accedió y refirió al abad lo siguiente:

"Yo, hermano, nací en Egipto. A los doce años fui llevada a Alejandría, y a los diecisiete me dediqué a la prostitución de mi cuerpo; en este oficio permanecí mucho tiempo. En cierta ocasión, al enterarme de que desde el puerto de Alejandría iba a salir un barco cargado de peregrinos que se dirigían a Jerusalén para adorar la Santa Cruz, rogué a los marineros que me permitieran embarcarme en su navío.

¿Tienes dinero-me preguntaron-para pagar el pasaje?

Yo les respondí: No tengo dinero,pero puedo pagar con mi cuerpo, ellos aceptaron, me dejaron embarcar, y durante la travesía usaron y abusaron de mi cuanto quisieron. Al llegar a Jerusalén, quise también adorar la Santa Cruz, y me dirigí a la iglesia, pero al acercarme a la puerta del templo me sentí rechazada por una fuerza invisible, que no me dejaba pasar. Cuantas veces intenté penetrar en el sagrado recinto, y fueron muchas otras tantas me lo impidió una mano misteriosa. Al observar que todos los demás entraban libremente, y que solamente a mi se me vedaba el paso, traté interiormente de indagar cuales podrían ser las causas de tan extraño fenómeno, hasta que caí en la cuenta de que no podían ser otras que las de la enormidad de mis pecados. Entonces empecé a darme golpes de pecho y a derramar amarguísimas lágrimas y a prorrumpir en profundos suspiros.

En esto vi que sobre la portada había una imagen de la Bienaventurada Virgen María, en la que hasta entonces no había reparado, y mirándola tiernamente le rogué con copioso llanto que me alcanzase de Dios la gracia de que se me perdonasen mis culpas y de que pudiese pasar al interior del templo para venerar la Santa Cruz, prometiéndole a Cristo y a Nuestra Señora que en cuanto saliera de aquella iglesia abandonaría el mundo y viviría en absoluta castidad hasta el final de mis días. Una vez hecha esta oración y promesa quedé tranquila y firmemente convencida de que la Bienaventurada Virgen María me alcanzaría lo que le había pedido, y sin dudarlo me acerque al dintel del templo, lo traspasé y entre en el santo lugar sin que nadie ni nada me lo impidieran; adoré devotamente a la Santa Cruz, y cuando termine de hacerlo, alguien, no sé quien, me dio tres monedas de plata y a continuación oí una voz que me decía: Si pasas el Jordán, quedarás a salvo.

Con las tres monedas compré tres panes, y con ellos en mis manos cruce el Jordán, me vine a este desierto, me refugié en él, y en el llevo viviendo ya cuarenta y siete años, durante los cuales no he visto a persona alguna, hasta ahora que te he visto a ti. Los tres panes que traje conmigo, conmigo siguen después de cuarenta y siete años, sin merma alguna, cual si fuesen piedras, a pesar de que en todo este tiempo de ellos he comido cuanto he precisado. Mis ropas fueron deshilachándose poco a poco hasta que perecieron totalmente. Durante los primeros diecisiete años que pasé en esta soledad tuve a menudo tentaciones carnales; pero con la gracia de Dios logré superarlas y desaparecieron por completo. Bueno, hermano, ya te he comentado mi historia; ahora que la conoces encomiéndame en tus oraciones al Señor, te lo ruego".

Acabada la narración, el santo abad se arrodilló y bendijo al Señor por la misericordia que había tenido de aquella su venerable sierva. Después la penitente dijo a Zósimo:

"Voy a pedirte un favor. El año que viene acude el día de Jueves Santo a la orilla del Jordán y trae contigo el cuerpo del Señor. Yo te buscaré por allí, para que me des la comunión, porque desde que vine a este desierto no he comulgado nunca".

El anciano abad regreso a su monasterio,y al año siguiente, la víspera del Jueves Santo, se trasladó a la orilla del Jordán llevando consigo el cuerpo del Señor, y al llegar a la vera del río vio como ya estaba aguardando en la otra ribera la penitente, quien en cuanto lo divisó trazó la señal de la Cruz sobre la corriente y comenzó a caminar sobre las aguas; de ese modo llegó a la orilla opuesta y exactamente al mismo sitio en que Zósimo se encontraba. El venerable anciano, maravillado, en un impulso de devoción se hincó de rodillas ante la recién llegada, pero esta al instante le dijo: "¡No hagas eso! ¡No hagas eso! ¡Levántate! ¡Eres un sacerdote, y además traes contigo el cuerpo del Señor!"

Terminada la entrevista, la penitente antes de separarse del abad, rogó a este que el año próximo, el día de Jueves Santo, acudiese a visitarla al mismo lugar en que se vieron por primera vez; luego trazó la señal de la Cruz sobre el rió, se internó en él, lo cruzó de nuevo del mismo modo que lo hiciera al venir, es decir, caminando sobre las aguas, llegó a tierra, y continuó avanzando hacia el desierto. Zósimo por su parte,regreso a su monasterio.

Al año siguiente el abad acudió al sitio que la sierva de Dios le había indicado, y al llegar a él quedó sorprendido; en el lugar preciso en que casualmente la había visto por vez primera yacía ahora, tendido en tierra, el cuerpo muerto de la santa mujer. Mucho lloró Zósimo sobre aquellos venerables restos. Luego pasó por momentos de perplejidad. Por una parte parecíale que debería enterrarlos, por otra, no se atrevía a hacerlo, para darle sepultura era menester tocarlos, y esto -pensaba él con reverente temor- tal vez no fuese del agrado de la santa. Cuando estaba entregado a estas cavilaciones vio, de pronto,junto a la cabeza del cadáver,una inscripción hecha sobre la arena que decia: "Zósimo, entierra el cuerpo desmedrado de María que por orden del Señor dejó esta vida el dos de abril. Torna este polvo a la tierra y ruega por mi".

Haciendo cálculos el abad cayó en la cuenta de que la penitente había fallecido el año anterior precisamente el día de Jueves Santo,o sea, en la misma fecha que el administrara la santa Comunión; por tanto, aquella piadosa mujer, en cosa de una hora, milagrosamente había cubierto la distancia existente entre la ribera del Jordán y el sitio en que su cuerpo se encontraba, distancia que el había tardado en salvar treinta días en cada una de las dos ocasiones en que había recorrido aquel trayecto.

"Asombroso"-pensaba y decía Zósimo, hablando consigo mismo. Mas su asombro fue en aumento, porque al reflexionar acerca del modo de ejecutar la orden que se le daba en la mencionada inscripción, y hallar serias dificultades para excavar la sepultura, observó como llegaba hasta el un león caminando mansamente. Entonces, dirigiéndose a la fiera le dijo:
"Escucha león. Esta santa mujer antes de morir dejó escrito que yo diese sepultura a su cuerpo; pero no veo la manera de hacerlo, porque además de que soy viejo y carezco de fuerzas, no tengo herramientas ni puedo hacerme con ellas en este desierto. Lo mejor sera que tú, con tus garras, hagas un hoyo en el suelo para que pueda cumplir su deseo".

Seguidamente el león comenzó a excavar en la arena e hizo en tierra un hoyo suficientemente hondo y amplio para depositar en él los venerables restos, y una vez sepultados se alejó de aquel lugar tan mansamente como había venido, cual si fuese un cordero. Zósimo también glorificando a Dios, retornó a su monasterio. 

Abel Moreno Rubio.

Hay que decir que la mayoría de estos detalles, los recoge Santiago La Vorágine de una composición poética del siglo XIII, porque la narración original es mucho más escueta. Y añadir que a solo cien años después de la muerte de María Egipcíaca, ya se recogen testimonios de peregrinación a su tumba. Junto a María Magdalena, Thais y Pelagia, forma parte de los grandes ejemplos dados por la predicación medieval sobre la necesidad de la penitencia y los actos heroicos de conversión.

La imagen, de Vicente Ventura, también la dona el autor del artículo, Abel.

Ramón.

Santas Marinas, unas cuantas

Santas Marinas, unas cuantas

Pregunta: Primero, felicitarte por este espacio católico.Es muy bueno e interesante. He observado, una cosa muy buena de este blog, y es, la información que publicas acerca de santos/as, mas o menos con nombres raritos.Tengo una amiga que se llama Marina, ¿Podrías darme información acerca de alguna santa, con este nombre? Muchas gracias.

Respuesta: Gracias a ti por el elogio al blog, que no es para mí sino para todos los colaboradores, y principalmente para el creador y administrador del mismo. Marina no es que sea un nombre “rarito”, ya que tiene mucho uso actualmente, pero sí es verdad que las santas conocidas con este nombre no son precisamente muy conocidas, valga la redundancia. Son las siguientes:

Santa Marina (Margarita) de Antioquía, virgen y mártir (20 de julio): más conocida por los católicos como Margarita; Marina es, sin embargo, el primer nombre que se le atribuye y con tal siguen venerándola los cristianos ortodoxos hasta día de hoy. La passio de esta santa es muy conocida y popular pese a su legendariedad –de la passio, que no de la mártir- y así a grandes rasgos podemos resumir en que era una joven nacida en Antioquía de Pisidia (Asia Menor), a quien expulsó su padre de casa al saberla cristiana, tuvo que sobrevivir apacentando ovejas, y detenida por su religión fue torturada y ejecutada. Iconográficamente se la representa pisoteando un dragón.

Santa Marina, virgen (18 de junio): también de muy legendaria tradición, se dice que acompañó a su padre a un monasterio y tomó hábitos y nombre de varón –Marino- para poder ingresar en la comunidad. Calumniada por una mujer que le acusó de haberla violado, se vio forzada a cuidar del hijo ilegítimo por no desvelar su auténtico sexo, lo que le valió el desprecio de la comunidad. A su muerte, y cuando se amortajó su cuerpo, se descubrió que era realmente una mujer. Este relato es muy parecido en otras leyendas de mujeres que se hacen monjes y su autenticidad es muy discutible. Iconográficamente, aunque aparece como monje con un niño a sus pies, muchos tienden a confundirla con la mártir de Antioquía.

Santa Marina de Orense, virgen y mártir (18 de julio): la identidad de esta santa es bastante confusa; en general, sus devotos la identifican como una de las nueve hermanas mártires de Santa Quiteria, por lo que se trataría de una mártir local; sin embargo, copia exactamente la iconografía de la mártir de Antioquía, por lo que las confusiones están a la orden del día, hasta el punto de creer algunos que la mártir de Antioquía nació y murió en Galicia.

Santa Marina de Omura, virgen y mártir (11 de noviembre): japonesa, se hizo terciaria dominica muy joven y hospedaba en su casa a los misioneros occidentales. Por ello fue detenida al estallar la persecución, encarcelada, ultrajada públicamente, y finalmente quemada viva en la colina de Nagasaki, el 11 de noviembre de 1634. (En la imagen)

Beata Marina de Spoleto, religiosa Agustina (18 de junio).

Sierva de Dios Marina Francisca Cinta Sarrelangue, esposa.

Estas son las Marinas que he podido encontrar y reseñar, con todo, si alguna me dejo, o algún detalle faltara por añadir, lo dejo a cargo del administrador.

Meldelen

Santas Reparadas y Restitutas, hay unas cuantas

Santas Reparadas y Restitutas, hay unas cuantas

Pregunta: Mel una pregunta. ¿Santa Reparata es llamada tambien Santa Restituta o son dos diferentes? (pienso que no, pero como tu eres la experta… jeje) España

Respuesta: ¡Hola! En principio has acertado tú mismo, Santa Reparada y Santa Restituta son dos santas diferentes. De buenas a primeras, los nombres son totalmente distintos, aunque el significado sea parecido, “reparata” significa restaurada, arreglada, en el sentido religioso de una falta cometida que se repara; mientras que “restituta” significa “restituida, devuelta, retornada”, esto es, algo que es devuelto a su estado original (estos nombres no hay que verlos muy literalmente sino con su significado alegórico y místico). Pero la realidad es bastante más compleja, porque existen muchas otras Santas Restitutas y Santas Reparatas, todas diferentes entre sí. Veamos algunas.

Santa Reparata de Cesarea en Palestina (8 octubre): es la niña mártir que mencionábamos en el artículo de Niños Santos, la Reparada más conocida. Sus reliquias se conservan y veneran en el Santuario de los Padres Redentoristas en Teano (Italia). (En la imagen)

Santa Reparata de Bagur: es una mártir de las catacumbas que se venera en la parroquia de Bagur (España). Los lugareños la identifican, erróneamente, con Reparata de Cesarea.

Santa Reparata de Moravia: otra mártir de las catacumbas, sus restos se veneran en una iglesia de Moravia, en la actual República Checa.

Santa Reparata de Niza: a pesar de que la gran basílica de Santa Reparata que está en Niza (Francia) lo está en honor de la niña mártir de Palestina, es evidente que los huesos que allí se veneran no pueden ser los de ella, sino de una mártir distinta.

Y ahora vamos con las Restitutas.

Santa Restituta de Túnez (17 mayo): virgen y mártir en el África Proconsular junto a diversos compañeros, conocidos como los Mártires de Abitinia. Sus reliquias se veneran en la isla de Ischia (golfo de Nápoles), donde según la tradición llegaron plácidamente en la barca donde había muerto quemada.

Santa Restituta de Vercelli (también en 17 de mayo): es la madre del obispo San Eusebio de Vercelli, que fue martirizada por la fe poco tiempo después de su marido.

Santa Restituta de Córcega (5 de agosto):  virgen y mártir en la isla de Córcega, junto a cuatro compañeros: dos varones, Domnisio y Verano, y dos mujeres, Partea y Parténope. Sus reliquias se veneran en la ciudad corsa de Calinzana.

Santa Restituta Romana (27 mayo): virgen y mártir en Roma en tiempos de Aureliano, ejecutada por no querer abandonar la fe, condición impuesta para un ventajoso matrimonio. Se venera en Borbona de Rieti (Italia).

Santa Restituta de Florencia: virgen y mártir de las catacumbas, sus restos se veneran en la iglesia de San Miguel de Florencia (Italia).

Santa Restituta de Vendargues: mártir de las catacumbas que se venera en Vendargues (Francia).

Beata Restituta Kafka (30 de marzo): religiosa de las Hermanas Franciscanas de la Caridad, enfermera de oficio, arrestada y decapitada en Viena por su condición de religiosa en el año 1943, durante la II Guerra Mundial.

Éstas son todas las Santas Reparatas y las Restitutas de las que tengo referencia. Con todo, si alguna me he dejado, y si he cometido algún error, apelo a vuestra benevolencia y comprensión. Espero que el artículo sea útil.

Meldelen

Santa Dimpna, la irlandesa

Santa Dimpna, la irlandesa

Pregunta: Una santa de irlanda martír? sabes algo sobre ella Meldelen? Alemania

Respuesta: Hola, la santa por la que preguntas es Santa Dimpna (15 de mayo), que se venera en Gheel, provincia de Amberes (Bélgica), y a quien la tradición atribuye un origen irlandés, de ahí que porte un Evangelio con un trébol en la portada, por ser esta planta símbolo de la identidad irlandesa. La Vita de esta santa fue escrita en el siglo XIII por el canónigo Pierre de Cambrai, en honor a esta santa local que se veneraba desde hacía mucho tiempo, para la cual únicamente se sabó en rumores y leyendas que circulaban entre los devotos de la Santa. No se puede garantizar en absoluto su veracidad histórica, por ser un modelo de leyenda medieval que vemos en los relatos de otras mártires de esta época.

Lo que se sabe es que en la iglesia de Gheel fueron hallados dos sepulcros que se podrían datar en época prerrománica, y uno de ellos tenía la siguiente inscripción: MA DIPNA. Se ha querido pensar que se trate de un nombre de origen irlandés y que signifique “adecuada, conveniente”, lo que daría lugar a Dimpna. Pero parece que se trate realmente de una inscripción merovíngica que alude a una persona anónima. Las tumbas estaban vacías, pues las reliquias de la Santa habían sido trasladadas a la iglesia de Gheel mucho antes, pero el culto y la devoción a esta Santa acabaron por construir una hermosa leyenda que, como digo, es de poca veracidad histórica.

La tradición dice que Dimpna era hija de un caudillo irlandés, un jefe celta (algunas versiones utilizan las palabras “rey” y “princesa” para describir padre e hija, pero eso es mostrar desconocimiento de la realidad histórica de la Irlanda tardoantigua). Mientras que la madre de Dimpna se había hecho cristiana y había hecho administrar secretamente el bautismo a su hija, el padre, de nombre Damon, no acababa de aceptar este nuevo culto y seguía adorando a los antiguos dioses celtas.

Se dice que Damon comenzó, a mediados de su mandato, a mostrar síntomas de una extraña dolencia que se agravaría con el tiempo. Padecía súbitos arrebatos de ira y luego se sumía en largos períodos de apatía y melancolía. Cuando Dimpna tenía catorce años, la madre murió, dejando a su marido todavía más sumido en su abatimiento y dolor. Envió embajadores para encontrar esposa, pero ninguna que le presentaron le agradó lo suficiente, y siguió malviviendo en este estado durante un tiempo. Finalmente, y viendo que nadie en el mundo era más parecida a su perdida esposa que su propia hija, resolvió tomarla a ella por esposa. Se ha querido decir que si Damon ya estaba enfermo mental o poseído por el demonio, de modo que mirando a su hija creía estar viendo a su difunta consorte, pero en realidad, en la cultura celta, el incesto entre padres e hijos estaba permitido, especialmente en la clase gobernante. Naturalmente Dimpna, educada en el cristianismo, al saber lo que su padre se proponía, le rechazó espantada, pero éste desestimó sus razones y dio orden de preparar la boda.

En su desespero Dimpna recurrió a su confesor y director espiritual, el sacerdote Gereberno, que para sustraer a la muchacha de su miserable destino planeó una huida y, disfrazados, partieron de Irlanda y navegaron hasta la actual Bélgica, donde se establecieron en Gheel y vivieron allí, cerca de una capilla dedicada a San Martín.

No por ello Damon se resignó a la pérdida de su hija, sino que, todavía más furibundo, registró toda Irlanda en su búsqueda y luego mandó a sus sicarios a rastrearla en Inglaterra y el continente. Finalmente, habiendo él mismo llegado con sus hombres a Amberes, uno de los posaderos de la zona, al ver que pagaba con moneda irlandesa, delató a los fugitivos relatando que éstos ya le habían pagado antes con esta moneda. De ahí a encontrarlos en la capilla, donde hacían vida de oración, empleó poco tiempo.
El caudillo Damon mandó inmediatamente ejecutar a Gereberno por haber dispuesto la fuga de su hija, y la orden fue ejecutada pese a las súplicas de ésta. Luego le fue manifestado que iba a volver a Irlanda para desposarse con su padre, pero ante su nuevo rechazo y su confesión de ser cristiana y en realidad, la que había pedido fugarse, fue el propio Damon quien la mató en un arranque de ira.

El cuerpo de Dimpna fue enterrado en la misma iglesia de Gheel, mientras que los restos de Gereberno fueron transferidos a Kanten. Con el tiempo, se edificó en la zona un hospital para enfermos mentales. Santa Dimpna empezó a ser invocada, ya en la Edad Media, como patrona de los enfermos mentales, de los melancólicos y depresivos, porque se juzgaba que había sido víctima de la locura de su padre. El martirio le fue atribuido por la violenta muerte tras la confesión de su fe y el rechazo al incesto.
Los Bolandistas han publicado una serie de milagros perfectamente documentados atribuidos a la intercesión de esta Santa. La gente acudía en masa a su sepulcro y se hacían procesiones de dementes que daban vueltas al mismo, hasta nueve veces, con carteles con la inscripción MA DIPNA colgadas del cuello. Contrariamente a lo que pudiese pensarse, no sólo no es una santa olvidada, sino que su culto jamás ha decaído desde la Edad Media, siendo muy fuerte en Bélgica y Westfalia, y actualmente está en expansión por todo el mundo, difundida por la gente de raigambre irlandesa. Sigue siendo invocada para las enfermedades mentales, depresiones, y también para los casos de “posesión diábolica” (epilepsia). Últimamente está empezando a ser invocada para el Alzheimer (aunque habría que ver hasta qué punto esto puede ser considerado “enfermedad mental”, y no una degeneración como consecuencia de la edad). Una cantidad de hospitales y centros psiquiátricos están bajo su patronazgo, así como diversos santuarios en todo el mundo.

La iconografía antigua de la Santa la representaba como una princesa medieval, con espada, libro y el demonio encadenado a sus pies (el Mal sometido, no sólo el Mal en tanto que perversión e incesto, sino también el Mal que causa las enfermedades). La iconografía moderna, más realista y la que está en boga, la representa como una muchacha campesina irlandesa llevando la espada, los lirios y el Evangelio con el trébol (en la imagen). Incluso los ortodoxos la han aceptado en su santoral por datar de una época probablemente anterior al Gran Cisma –aunque no ha sido precisada- y está empezando a aparecer en los iconos de factura tradicional bizantina.

Meldelen

Beata Charlotte de la Résurréction

Beata Charlotte de la Résurréction

Pregunta: Quería saber la vida de Santa Carolina, en algún minuto supe que era una carmelita francesa, pero me interesaría saber más.

Respuesta: Hola, la verdad es que aquí hay un poco de confusión. La única Santa Carolina que existe es una virgen y mártir de la que nada se sabe, pero que aparece a menudo representada en algunas estatuillas o medallas. Suele llevar la palma de martirio y un crucifijo, pero no he podido encontrar nunca la menor referencia a ella. La persona por la que preguntas es la Beata Charlotte de la Résurréction (en la imagen) que inexplicablemente ha sido identificada como Santa Carolina por algunos santorales de dudosa calidad, sin que haya otro motivo que el parecido de pronunciación entre los nombres de Carlota y Carolina, que son distintos en sí. De ella sí que puedo hablarte, ya que se trata de la carmelita francesa que mencionabas, pero que conste que nada tiene que ver con Santa Carolina, una perfecta desconocida.

Ella pertenece al grupo de las dieciséis Beatas Carmelitas de Compiègne, vírgenes y mártires durante la Revolución Francesa, que se conmemoran el 17 de julio. En el marco del Terror se produjeron numerosas exclaustraciones de conventos y el de Compiègne, que gozaba de gran tradición en Francia, fue clausurado y las religiosas forzadas a vivir como seglares, prohibiéndoseles que continuaran con la vida religiosa que habían llegado. Esto es porque la ley revolucionaria de 1790 ordenaba que todos los religiosos debían considerarse funcionarios del Estado y los bienes de los conventos inventariados y sacados a subasta pública. Las religiosas tuvieron que firmar el juramento revolucionario (Liberté, Égalité, Fratérnité) para no ser deportadas, y la comunidad pasó a residir en grupos de cuatro en diversos domicilios.

Fue en 1792 cuando la superiora, la Beata Thérèse de Saint Augustin, propuso a sus hermanas ofrecer su vida por la paz de la Iglesia si falta hiciere. Pero las dos monjas más ancianas, pensando en la terrible guillotina, que funcionaba a pleno rendimiento en aquella época, rechazaron horrorizadas el martirio. Una de ellas era la decana, Charlotte de la Résurréction, en el siglo Anne-Marie Thouret, originaria de Moyse-sur-Ois, que tenía ya 79 años y estaba muy enferma, por lo que consideraba que aquella prueba no era para ella. Sin embargo, al poco tiempo ambas se arrepintieron de su primera impresión y decidieron unirse a la propuesta de la superiora.

Así pues, comenzaron a hacer estricta vida conventual de nuevo, como si nunca hubiesen sido exclaustradas, y esto llamó la atención del Comité jacobino, que de inmediato hizo registrar los domicilios de las religiosas y se incautaron pruebas de la vida conventual, como eran diversos objetos devocionales (por ejemplo, una estampa del Sagrado Corazón), cartas y escritos. Se las encerró en el monasterio de la Visitación –entonces era usado de cárcel- y se les exigió firmaran de nuevo el juramento revolucionario. Esta vez dijeron que no. Aquello, a ojos de los revolucionarios, era abogar por el retorno de la monarquía y el dominio católico, y fueron halladas culpables de conspirar contra la Revolución. Les afearon sus prácticas religiosas y finalmente dieron orden de deportarlas a París, donde tras un nuevo interrogatorio y juicio en el que no quisieron colaborar, las esperaba la guillotina.Fue un viaje duro y largo en carro, y ellas tenían las manos atadas a la espalda. No les ayudaron a bajar del carro al término del viaje, y la anciana Charlotte de la Résurréction, que no sabía cómo se las arreglaría para bajar, fue empujada por sus escoltas y estrellada contra el suelo. Cuando pudo levantarse, se dirigió a los que la habían agredido y les dijo: “Créanme, no les guardo ningún rencor. Al contrario, les agradezco que no me hayan matado, porque si hubiera muerto, habría perdido la oportunidad de pasar a la gloria y la dicha del martirio”.
Hasta tal punto había cambiado su opinión primera respecto a la muerte voluntaria.

El 17 de julio de 1794 las dieciséis carmelitas fueron guillotinadas en la plaza del Trono de París, empezando por la joven novicia Constance de Jésus y acabando por la misma Madre Thérèse. Sus cuerpos fueron arrojados a la fosa común de Picpus junto con otros 24 condenados, donde una placa las conmemora con la sentencia: Beati qui in Domino moriuntur. Felices los que mueren en el Señor. Fueron beatificadas por el papa San Pío X el 27 de mayo de 1906.

Meldelen

Hay que decir que en la música y la literatura su martirio ha sido fuente de hermosas obras, como el famoso "Diálogo de Carmelitas", de George Bernanos, una obra teatral muy buena y que recomiendo leer. Por otro lado, es interesante reflexionar como a veces se pretende imponer a la fuerza, causando incluso la muerte, la libertad, la igualdad y la fraternidad...

Ramón

 

Santa Trahamunda, para los emigrantes

Santa Trahamunda, para los emigrantes

Pregunta: Hola. Felicitaciones por la página. Queria preguntarle por una santa de la que no encuentro absolutamente ninguna referencia,ni en ninguno de mis libros de santos (enciclopedias incluidas) ni en la red. Se trata de Santa Trajamunda o Tramunda (no lo recuerdo bien,es una lástima) creo que es una santa del norte de España, vi una estampa de ella y se la representa con habito (no sé la orden) y con una palmera en la mano (no palma de martirio,sino el gigantesco árbol) Si puede ayudarme se lo agradeceria. ¡Saludos! España

Hola. Gracias por las felicitaciones al blog y tus continuas visitas y comentarios. Formas parte ya de los asiduos y eso me alegra. Me preguntas por Santa Trahamunda de Pontevedra (14 de Noviembre).

Era una religiosa benedictina del monasterio de San Martín, en Galicia, a finales del siglo VIII. La leyenda cuenta que fue raptada por los moros y llevada hasta Córdoba para formar parte del harén del sultán. Como se negó, fue encerrada en un calabozo. Allí estuvo hasta que, la noche de San Juan Bautista, añorando celebrar la fiesta y recordando la piedad y solmemnidad con que se celebraba en su monasterio, se le apareció un ángel que le entregó una rama de palmera. Despertó de suvisión, o sueño, y se vio en un prado, junto al monasterio. Allí mismo plantó la rama de palma, que creció y se hizo una palmera, que dio nombre al sitio "Prado de la Palma". Trahamunda regresó a la vida religiosa y alí murió, su tumba se conserva hasta hoy en el monasterio de San Juan de Poio, donde se le hace fiesta con procesión incluida.

Es considerada patrona de los emigrantes y más aún, de la "morriña" que nos da a los que estamos lejos de la tierra, la familia, los amigos (¡Ay, Santa Trahamunda!...). También es patrona de jardineros, por lo de sembrar y hacer crecer la palmera. También se invoca contra la sordera y dolores de oídos, esto puede ser por una tradición local, ya sabemos, a uno le fue bien invocándola, lo propagó y ya está creado el patronato.

Santa Felicia de Labiano

Santa Felicia de Labiano

Pregunta: Desde que era pequeña, mi padre nos hablaba de Santa Felicia, una santa muy milagrosa que había en su pueblo natal, que se llama Labiano, en España. Recuerdo que en mi casa siempre hubo una novena de esta santa y que estaba acostada, en una urna. ¿Podría usted decirme más de esta santa? Gracias. Argentina.

Respuesta: Lo que tengo de ella, lo extraigo de un libro viejo de santos: Se trata de Santa Felicia de Labiano (Navarra, España), virgen y mártir. Era hija de los reyes de Aquitania, y en el siglo XIII (1200 dicen algunos) peregrinó con su hermano Guillermo (o Guillem) a Santiago de Compostela. Al regresar del viaje, Felicia le dijo a su hermano que continuara solo, porque ella quería dedicarse a servir a Dios desde la pobreza y escondiendo su linaje. Así, comenzó a servir de criada a una familia de Amocain, que le tomó mucho afecto por sus virtudes.

Cundo su hermano llegó a la corte de Aquitania, sus padres le obligaron a que buscase a su hermana y la trajera aunque fuera a la fuerza. Así lo hizo Guilermo, pero al encontrarla, Felicia le respondió que antes la llevaría muerta que viva, y Guillermo, colérico, le quitó la vida con su espada. Arrepentido de su crimen, peregrinó a Santiago, para expiar su pecado y luego se quedó como eremita penitente en Obanos (luego regresamos a la historia de Guillermo).

Los amos de Felicia, muy tristes, la enterraron en la iglesia de Amocain y, en una ocasión, cuando la señora estaba en la iglesia, rezando, vio como nacía un clavel de la tumba de Felicia, avisó a su marido, abrieron la tumba junto al párroco y vieron como la flor nacía de la herida mortal de la joven. Por ello se colocó el cuerpo, expuesto, en una urna para la veneración de los fieles, lo cual equivalía a una canonización en aquellos tiempos. La leyenda cuenta un día el cuerpo apareció en medio del campo y se decidió ponerlo sobre una mula blanca y que decidiera adonde transportar la urna, así, anduvo 19 km, más o menos y se detuvo en este lugar, al que fueron a vivir sus antiguos señores desde Amocain.

Retornando a Guillermo, para redondear la información: Es considerado santo, por su vida penitente y su cabeza se venera en la iglesia parroquial de Obanos, donde cada año se representa un auto sacramental sobre los hechos que arriba te narro. Y añadir, como detalle, que cada año, el primer jueves de Pascua, se hace pasar vino por la cabeza del santo, para que bendiga la cosecha del año próximo.

Santa Verena de Zurzach: virgen, no mártir

Santa Verena de Zurzach: virgen, no mártir

Pregunta: Esta mujer, al final es mártir ¿o no? España.

Respuesta: Esta Santa forma parte de ese grupo de Santas que son como una espina en mi costado (dicho con cariño, no con irreverencia) porque les ponen atributos de mártires cuando, estrictamente, no lo son (y claro, luego una servidora se desilusiona).

Santa Verena de Zurzach (¡¡no confundir con Santa Venera, virgen y mártir!!) es una santa que en el Occidente católico tan sólo recibe culto en Zurzach, Suiza, donde se veneran sus reliquias, pero es una de las santas más reverenciadas por la Iglesia copta de Egipto, que ha recibido reliquias procedentes de Suiza. Según la tradición, ella nació en Tebas de Egipto y al parecer era pariente de alguno de los legionarios de la legión Tebea (la famosa legión de San Mauricio), porque cuando ésta fue destinada a Helvecia (la actual Suiza), ella les acompañó junto con otras tantas mujeres, y es que era habitual que las legiones romanas llevaran consigo a sus mujeres y niños, que hacían vida normal en los campamentos. Fue testigo del martirio de estos soldados y fue en busca de sus reliquias. Reuniendo a su alrededor un grupo de vírgenes, ejercía la caridad asistiendo a enfermos y heridos del campamento, de ahí que lleve un jarro o una patena con agua para limpiar úlceras y heridas. Desaparecida la Legión, llevó vida eremítica y solitaria, y se hizo famosa entre los lugareños de la zona, por lo que el gobernador romano de turno la mandó encerrar en prisión, pero cayendo gravemente enfermo, fue asistido por ella y le salvó, hecho que él recompensó con su libertad. Murió cargada de años y de méritos, pero no mártir. Otras versiones dicen que el martirio de la Legión tuvo lugar cuando ella aún estaba en Tebas de Egipto, y que acudió a recuperar las reliquias, pero no parece probable. Las noticias son confusas y la escasez de fuentes que no estén en alemán (idioma que no comprendo) no mejora el tema. Algunas traducciones en español la han colocado erróneamente como mártir. Si en algunas pinturas le ponen la palma, imagino que será o por su breve estancia en la cárcel, o por ser asociada a la Legión Tebea, pero como una mártir más, lo cual también es erróneo.

La tumba de Santa Verena se convirtió en centro de peregrinación y hoy día aún recibe culto y visitas. Por cierto, lo de virgen en un campamento romano, no deja de ser un mérito, si había algo que abundaba en ellos, aparte de esposas e hijos, eran las prostitutas.

En fin, lo que es martirio y lo que no lo es, es siempre muy confuso. Hay vírgenes consideradas no mártires, como Praxedis, Pudenciana o Petronila, que muy probablemente lo fueron, y en cambio hay otras tenidas como mártires que no lo son, como Verena. Y Santa Marcela, viuda, a quien azotaron en público frente a las hordas de Atila y nadie la considera mártir por eso…

Meldelen