Se muestran los artículos pertenecientes al tema MARTYRIUM.
Martyrium: fusilamiento

Se trata, básicamente, de la aplicación de la pena capital mediante una descarga de disparos, ejecutada por un pelotón de fusileros. Existe esta forma de muerte prácticamente desde que se generalizó el uso de las armas de fuego, a inicios de la Edad Moderna, y es un tipo de ejecución muy asociada al régimen militar y a las guerras. A diferencia de otras formas de ejecución, que fueron abolidas por su crueldad, el fusilamiento se sigue aplicando hoy día en las guerras y conflictos civiles, así como en algunos estados de Norteamérica. También se caracteriza por ser una forma de ejecución sumaria, rápida y expeditiva, que convirtió la muerte en un fenómeno masificado y más de una vez incontrolado.
El fusilamiento se puede aplicar por igual a personas individuales o a grupos. Era frecuente que al menos uno de los fusiles que estaban en manos de los ejecutores estuviese cargado con salvas –es decir, sin munición, sólo con pólvora, por lo cual no es lesivo- para aligerar la responsabilidad individual de cada uno de los ejecutores, que no sabían cuál había sido el arma cargada con salvas y podían consolarse pensando que podían no haber sido ejecutores en aquella ocasión determinada (esto disgusta por su cinismo, ya que realmente quien no tiene consuelo es el que muere, y aquellos que le quieren). Acabada la descarga, se aplica el tiro de gracia, que es un disparo individual en la cabeza, para cerciorarse de la muerte del ajusticiado, o ponerle fin si aún no ha fallecido. No es fusilamiento toda aquella ejecución por arma de fuego que es ejecutada por una sola persona, como el tiro en la nuca o el disparo a bocajarro.
La cantidad de personas que han muerto hasta día de hoy por fusilamiento es innombrable. No hablamos sólo de los ejecutados durante las dos guerras mundiales –especialmente en la segunda, la cifra de muertos se eleva a cantidades estremecedoras- sino también de los ejecutados en los pequeños –y no tan pequeños- conflictos civiles y fronterizos en otras zonas del mundo, en los grandes y pequeños genocidios, en las represiones políticas y las persecuciones religiosas, de cualquier naturaleza o ideología. Todos estos lamentables episodios han sembrado no sólo Europa, sino el mundo entero, de miles de fosas comunes repletas de víctimas que aún a día de hoy no han sido recuperadas ni contadas en su totalidad, y que difícilmente podrán serlo, teniendo en cuenta que sobre los cadáveres viejos, hasta día de hoy van cayendo de nuevos.
De entre todas las víctimas de tantas masacres, los mártires, es decir, aquellos ajusticiados por su vida o ideales religiosos, son también un número inmenso y sería demasiado extenso realizar una lista exhaustiva de todos ellos. Pero por hacer un breve recuento, aquí vienen algunos:
Mártires durante la Guerra Civil Española (1936-1939)
Soy consciente de que esta denominación es un tanto genérica, por lo que resta simplemente a título orientativo. Incluye principalmente a los religiosos, laicos y sacerdotes asesinados en la persecución religiosa que tuvo lugar en este conflicto. En algunos casos, se adelantó a la guerra, iniciándose alguna muerte en 1934.
- Beatos Mártires Españoles (498 personas) 6 de noviembre
- Beatos Mártires Valencianos (233 personas) 22 de septiembre
- Beatas Carmelitas de la Caridad (25 religiosas)
- Beatas de la Congregación de la Doctrina Cristiana (17 religiosas) 20 de noviembre
- Beatas Mártires Escolapias (6 religiosas y 2 laicas)
- Beatas Mártires Visitandinas (7 religiosas)
- Beatos Mártires Agustinos (65 religiosos)
- Beatos Mártires Agustinos Recoletos (8 religiosos)
- Beatos Mártires Capuchinos de Valencia (12 frailes y 5 clarisas)
- Beatos Mártires Carmelitas Calzados (17 religiosos)
- Beatos Mártires Carmelitas Descalzos de Barcelona (14 religiosos) y de Toledo (16 religiosos)
- Beatos Mártires Claretianos de Barbastro (51 religiosos)
- Beatos Mártires del Clero Diocesano de Toledo (12 sacerdotes)
Mártires durante la Revolución Rusa (1917) y la II Guerra Mundial (1939-1945)
Para esta denominación, mantengo lo dicho en la anterior: es meramente orientativa. En muchos casos las muertes se adelantan a la guerra y se mantienen después de ella. Están incluidas las víctimas de la persecución y de la represión tanto por parte del régimen nacionalsocialista alemán (nazismo) como los del régimen comunista (y dentro de este último también es meramente orientativo y no exclusivo el incluirlos, ya que desde la Revolución Rusa en 1917 hay gente fusilada por sus convicciones religiosas).
- Beatos Mártires Polacos (108 personas)
- Beatas Hermanas de la Congregación de la Sagrada Familia de Nazaret (11 religiosas) (en la imagen)
- Beatos Mártires Greco-Católicos de Ucrania (25 personas)
- Neomártires de Rusia (incluye a todos los sacerdotes, religiosos y laicos rusos víctimas de la represión bolchevique, que es muy anterior a la guerra, a los del período de la guerra, y a los que han venido siendo víctimas del régimen comunista hasta mucho tiempo después de terminada la guerra).
Mártires Mexicanos de la Guerra Cristera (1926-1929)
- San Cristóbal Magallanes Jara y 24 compañeros, sacerdotes y laicos.
Meldelen
Martyrium: la guillotina

Era la máquina utilizada para aplicar la pena capital por decapitación, reconocida por su utilización durante la Revolución Francesa. La máquina empezó a ser llamada guillotina, por el Dr. Joseph Ignace Guillotin, médico, aunque se debe aclarar que él no fue el inventor de dicho dispositivo. Máquinas parecidas ya se habían utilizado en Bohemia durante el siglo XIII, Alemania, Escocia y los Estados Pontificios desde el siglo XV, donde se la conocía con el nombre mannaia, según la descripción publicada en 1730, El viaje a Italia de Labat, y en el Voyageur français de Abbé de la Porte, de publicación posterior.
Como diputado en la Asamblea Constituyente Francesa, en octubre de 1789 el Dr. Guillotin propuso el uso de la máquina para llevar a cabo las ejecuciones. De modo que, como fue él quien sugirió el uso del artefacto, la máquina empezó a ser nombrada por su apellido. El hecho de que un médico como Guillotin sugiriera el uso de este instrumento, fue con el argumento de evitar “sufrimientos inútiles” al condenado, por ser un método más rápido y limpio. Llegó a decir, no sin cierta ironía, que “el sentenciado tan sólo tendría tiempo de notar una leve frescura en el cuello” antes de morir. (Lo cual, como se pudo comprobar después, no es cierto, ya que la conciencia se mantiene unos breves instantes después de desprendida la cabeza.) Pero en ese momento no fue escuchado. Insistió y, en abril de 1792, esta horrible máquina fue ensayada con cadáveres y animales. El secretario de la Academia de Cirugía, Doctor Antonio Luis, modificó la cuchilla horizontal por otra con forma oblicua, de mayor efectividad en el corte. La Asamblea Constituyente adoptó el uso de la guillotina a fin de que la pena de muerte fuera igual para todos, sin distinción de rangos ni clase social.
La guillotina tradicional consiste en un armazón de dos montantes verticales unidos en su parte superior por un travesaño denominado chapeau, que sostiene en alto una cuchilla de acero con forma triangular con un plomo de más de 60 kilogramos (mouton) en su parte superior. En su parte inferior se dispone un cepo de dos medias lunas (fenêtre) de las cuales la superior es móvil. Justo detrás de la máquina hay una plancha de madera que actúa como báscula. Hasta el siglo XX, era común que la guillotina estuviera elevada sobre un cadalso y pintada de rojo. Una ejecución puede completarse en menos de un minuto; de hecho, la acción mecánica es tan rápida que la cabeza permanece consciente unos segundos después de haber sido cercenada. Aunque la decapitación manual, mediante espada o hacha, se ha utilizado desde tiempos remotos, la decapitación mecánica no parece ser tan antigua. El primer ajusticiado de esta forma fue un bandido llamado Pelletier, el 27 de mayo de 1792.
En un principio el corte de la hoja era horizontal, pero debido a los fallos en las pruebas realizadas con cadáveres -y por recomendación del propio Luis XVI- se inclinó para que cortase eficazmente. El reo es acostado sobre la báscula posterior y empujado al trangallo o cepo, donde su cuello queda aprisionado; el verdugo acciona un resorte y la cuchilla cae, separando la cabeza del tronco a la altura de la cuarta vértebra cervical, la cual es recogida en un saco de cuero (y no en un cesto, como tantas veces se ha visto en películas). Esta máquina funcionó de un modo constante y estremecedor durante todo el período revolucionario en Francia, especialmente durante la etapa radical jacobina, no en vano conocida como el Terror, durante la cual se aniquiló no sólo a religiosos, monárquicos y cualquiera que no comulgase con el principio revolucionario, sino también a los propios revolucionarios que no compartían el radicalismo jacobino.
La última ejecución efectuada en Francia con este método tuvo lugar el 10 de septiembre de 1977; el ajusticiado se llamaba Hamida Djandoubi y era un inmigrante tunecino que había asesinado a su compañera. Luego de sucesivas movilizaciones por parte de organizaciones de derechos humanos, fue abolida en 1981. Bastante más recientemente de lo que muchos piensan, desde luego.
Los mártires más conocidos que fueron ajusticiados con este método rápido, pero no por ello menos horrendo, son naturalmente los del período revolucionario francés, aquí solo una pequeña muestra:
Beatas Carmelitas de Compiègne, vírgenes y mártires (17 de julio). Una por una, son:
- Beata Thérèse de Saint Augustin, superiora.
- Beata Germaine de Saint Louis.
- Beata Charlotte de la Résurrèction.
- Beata Euphrasie de la Inmaculade Concéption.
- Beata Henriette de Jésus.
- Beata Thérèse du Coeur de Marie.
- Beata Thérèse de Saint Ignace.
- Beata Julie Louise de Jésus.
- Beata Marie-Henriette de la Providence.
- Beata Constance de Jésus, novicia.
- Beata Marie de l’Esprit Saint.
- Beata Germaine de Sainte Marthe.
- Beata Germaine de Saint François Xavier.
- Beata Catherine.
- Beata Thérèse.
Beatas Mártires de Cambrai, Hijas de la Caridad, vírgenes mártires. (26 de junio)
- Beata Marie-Madeleine Fontaine.
- Beata Marie-Françoise Lanel.
- Beata Thérèse-Madeleine Fantou.
- Beata Jeanne Gerard.
Beatas Ursulinas Mártires de Valenciennes, vírgenes y mártires (17 de octubre). Dentro de este grupo:
- Beatas Anne-Marie Erraux y Françoise Lacroix, brigidinas; Beata Josephine Leroux, clarisa.
Beatas Mártires de Orange: Ifigenia Gaillar, Teotisa Pélissier, Andrea Minutte, Mariana De Rocher, Mariana Béguine-Royal y 27 Religiosas más de varias órdenes. (9 de julio).
Beata Marie de la Dive. 26 de enero
Beatos Mártires de Laval. Dentro de este grupo: Beata Françoise Mezière, laica. (5 de febrero).
Beatas mártires de Anjou: María Ana Vaillot, Otilia Baurngarten, religiosas; Juana Gruget, Luisa Rallier de la Tertinilre, Magdalena Perrotin, María Ana Pichery y Simona Chauvigné, viudas; Francisca Pagis, Juana Fouchard, Margarita Riviére, María Cassin, María Fausseuse, María Galard, María Gasnier, María Juana Chauvigné, María Lenée, María Leroy Brevet, María Rouault, Petrina Phélippeaux, Renata Cailleau, Renata Martin y Victoria Bauduceau, esposas; Juana, Magdalena y Petrina Sailland d’Espinatz, hermanas; Gabriela, Petrina y Susanna Androuin, hermanas; María y Renata Grillard, hermanas; Ana Francisca de Villencuye, Ana Hamard, Carla Davy, Catalina Cottanceau, Francisca Bellanger, Francisca Bonneau, Francisca Michau, Jacoba Monnier, Juana Bourigault, Luisa Amata Déan de Luigné, Magdalena Blond, María Leroy, Petrina Besson, Petrina Ledoyen, Petrina Grille, Renata Valin y Rosa Quenion. (1 de febrero)
(En la imagen, “Martirio de las Hijas de la Caridad de Cambrai”, mural de la iglesia de Santa María de Barrens, en Perryville, Missouri, Estados Unidos).
Meldelen
Martyrium: diversos tormentos

En el ciclo de MARTYRIUM no he hallado sitio para unos cuantos mártires desperdigados por el santoral. De antiguo y de ahora, de Europa y de Asia, viejos, jóvenes y niños. Aquí va una buena recopilación de cuanto santo mártir hay por ahí (y cuanto atormentador también).
San Walter de Onhaye, mientras atravesaba el río Mosa, un sacerdote al que recriminaba sus costumbres lo mató golpeándole con un remo. 23 de junio. (en la imagen)
San Serapión: luego de descoyuntarlo, lo lanzaron de la azotea de su propia casa. 20 de febrero.
San Trifón: fue clavado al suelo y dejado morir. 11 de noviembre.
San Ferreol: falleció cargado de cadenas . 18 de septiembre.
San Flaviano: le vertieron plomo derretido en los ojos. 22 de diciembre.
San Marcelo de Lyon: fue enterrado en la tierra, dejando fuera el torso y dejado morir. 4 de septiembre.
San Quintín de Vermand: atravesado con una barra en forma de clavo. 31 de octubre.
San Thiem de Salzburg: le sacaron las tripas con una manivela, como a San Erasmo.
Santos Ciriaco, Largo y Esmaragdo: se vertió plomo ardiendo sobre sus cabezas. 16 de marzo.
Beato Pedro de Ruffia: inquisidor dominico, fue asesinado a patadas por los valdenses. 3 de febrero.
San Eutiquio de Roma: fue castigado con insomnio y hambre y, luego lo arrojaron a una sima profunda y allí fue abandonado. 4 de febrero.
San Flaviano de Constantinopla: fue atacado con puñetazos y patadas. Aunque murió poco después, en el destierro, se le considera mártir. 17 de febrero.
Santos Tiranión y Zenobio de Tiro: fueron colgados de garfios de hierro, en los fueron abandonados hasta morir. 20 de febrero.
San Conon de Pamfilia, hortelano mártir: fue obligado a correr ante un carro con los pies atravesados por clavos.
Santos mártires de Sebaste, después del agua helada, murieron con el descoyuntamiento y quebrantamiento de las piernas. 9 de marzo.
Santos veinte monjes de San Sabas, fueron encerrados en la iglesia y ahogados con humo. 19 de marzo
San Bercario de Montier-en-Der, abad: un monje al que había castigado lo hirió con un punzón, un Jueves Santo, muriendo el día de Resurrección. 26 de marzo.
Beatos Enrique Kaczorowski y Casimiro Gostynski, sacerdotes mártires de Dachau, en las cámaras de gas. 6 de mayo.
Beatos Estanislao Kubski, sacerdote; y Martín Oprzadek, franciscano, mártires de Dachau, en las cámaras de gas. 18 de mayo.
Beato José Czempiel, mártir de Dachau, en las cámaras de gas. 19 de mayo.
Santas Bárbara Kim, viuda, y Bárbara Yi, virgen, mártires de Corea. Murieron a causa de la peste, estando encarceladas por cristianas. 27 de mayo.
Beato Antonio Julián Nowowiejski, obispo de Plock, murió de hambre en un campo de concentración. 28 de mayo.
Santos Marciano, Nicandro, Apolonio y compañeros mártires de Egipto, después de varios tormentos fueron emparedados expuestos al sol ardiente hasta morir de hambre y sed. 5 de junio.
Beato Guillermo Greenwood, cartujo mártir de Londres, murió en la cárcel, de hambre y enfermedad. 6 de junio.
Beato Juan Davy, diácono cartujo, mártir de Londres, murió de hambre en la cárcel. 8 de junio.
Beato Jacobo Berthieu, jesuita mártir de Madagascar, fue expulsado tres veces de las misiones, pero siempre regresó. Finalmente, al no querer apostatar fue pisoteado hasta la muerte. 8 de junio.
Beato Roberto Salt, cartujo mártir de Londres, murió de hambre en la cárcel de Newgate. 9 de junio.
Beato José Imbert, jesuita mártir de Rochefort. Murió de hambre y enfermedad en el barco, como todos ellos. 9 de junio.
Beatos Tomás Green y Walter Pierson, monjes cartujos de Londres, murieron de hambre y enfermedad en la cárcel. 10 de junio.
Beata María Ana Biernacka, mártir de Polonia (hoy en Bielorrusia), se entregó a los soldados para que su nuera embarazada pudiera esconderse, y fue fusilada. 13 de junio.
Beato Tomás Scryven, cartujo mártir de Londres, murió de hambre en la cárcel. 15 de junio.
Beato Tomás Reding, cartujo mártir de Londres, murió de hambre en la cárcel. 16 de junio.
Beato Antonio Constante Auriel, mártir de Rochefort. Murió de hambre y enfermedad en el barco, como todos ellos. 16 de junio.
Beato Felipe Pappon, mártir de Rochefort. Murió de hambre y enfermedad en el barco, como todos ellos; justo al dar la absolución sacramental a otro prisionero. 17 de junio.
Beato Jacobo Morelle Dupas, mártir de Rochefort. Murió de hambre y enfermedad en el barco, como todos ellos. 21 de junio.
San Eusebio de Samosata, obispo. Disfrazado de militar, recorría las comunidades cristianas, alentando a los fieles contra los arrianos, habiendo paz en la Iglesia, continuó haciéndolo abiertamente, hasta que una mujer arriana le mató arrojándole una teja en la cabeza. 22 de junio.
Beato Raimundo Petiniaud de Jourgnac, mártir de Rochefort. Murió de hambre y enfermedad en el barco, como todos ellos. 25 de junio.
Santo Tomás Toán, catequista mártir de Viet-Nam, padeció varios tormentos en la cárcel, hasta que falleció de hambre y sed. 27 de junio.
Beatos Juan Bautista Duverneuil y Pedro Aredio Labrouche de Laborderie, mártires de Rochefort. murieron en el barco por el hambre y la enfermedad, como todos ellos. 1 de julio.
Beato Agustín José Desgardin, monje cisterciense, mártir de Rochefort. Murió de hambre y enfermedad en el barco, como todos ellos. 6 de julio.
Santa Filotea, su padre le cortó una pierna por dar su comida a los pobres. Maldito tragón.
La Crucifixión: el mito de Santa Wilgefortis

Quizá hoy en día ya no muchos la conozcan, pero durante la Edad Media y Moderna, y especialmente en Alemania y el centro de Europa, fue una de las santas más conocidas y veneradas, estando presente en no pocas iglesias y atribuyéndosele incluso algunos milagros. Hablo de Santa Wilgefortis, quien adopta en la iconografía la forma de una mujer crucificada con una espesa barba y coronada. Lo cierto es que su culto hoy día prácticamente ha desaparecido y sólo resta como leyenda, porque es lo que realmente fue siempre: un mito.
Santa Wilgefortis es el resultado de la malinterpretación del Volto Santo de Lucca (en la imagen), una antíquisima imagen-relicario de Cristo Crucificado, a medio camino entre el Christus Triumphans y el Christus Patiens, que se venera en Lucca, Italia, del cual se dice que fue esculpido por San Nicodemo y que tiene la auténtica faz de Cristo (bueno, esto se dice de muuuchas otras piezas). Al venir de Oriente, presentaba la imagen propia de la zona: Jesús llevaba túnica. En Occidente, eso jamás se había visto: los hombres siempre habían llevado pantalones. Cuando la imagen empezó a ser copiada y a circular por Europa, se produjo la metamorfosis: en la mente de los europeos sólo una mujer podía llevar túnica, por lo que creyeron que aquello que veían no era Cristo, sino una mujer crucificada. Irónicamente, eso prevaleció sobre la más que evidente barba, y prevaleció porque ya existían de antiguo viejas leyendas sobre vírgenes cristianas que pedían a Dios la fealdad física con tal de verse libre de los acosos de los mortales, por lo que Él les hacía crecer barba. Así nació el mito de Santa Wilgefortis: inventaron una mártir cristiana, hija del rey de Portugal, que pidió a Dios que la deformara para escapar a un matrimonio indeseado. Cuando le creció una enorme barba, su padre lo tomó por brujería y la hizo crucificar. Semejante absurdo tuvo mucho éxito y, como decía, el culto de la Santa se extendió por Centroeuropa.
Son risibles muchos estudios que pretenden demostrar la autenticidad de la Santa, asociándola a Santa Librada o a Santa Julia, mártires crucificadas por excelencia, o hablando de una posible anorexia nerviosa que hubiese provocado el nacimiento de la barba. Todo ello es absurdo. Santa Julia es una, Santa Librada es otra y Santa Wilgefortis es el mismo Jesús Crucificado. La anorexia nerviosa es una enfermedad del siglo XX y aunque es posible, por alteraciones hormonales, que a una mujer le saliese barba, nadie la haría crucificar ni quemar, sino que tales mujeres eran exhibidas en las ferias y en los circos, como muchos saben.
Éste es un ejemplo de los desastres que se derivan de las malinterpretaciones de la iconografía y la confusión de la imaginería propia de cada zona del mundo. Hay algunos más. Santa Wilgefortis, naturalmente, no pasó el filtro de los estudios de los Bolandistas y cayó del culto público ya hace mucho. Pero sus imágenes siguen allí donde siempre estuvieron, para curiosidad del visitante, y quizá para aprender una lección que sería mejor no olvidar.
Meldelen.
Yo añado que Wilgefortis nunca fue canonizada, fue un culto que se introdujo y se dejó estar en algunos sitios, mientras que en otros no se permitió, como España; y es que en esto antiguamente había más libertad y autonomía.Algunos plantean que Wilgefortis vendría del latín "virgo fortis", o sea, un título a la "virgen fuerte", pero en realidad, proviene de "Hilge Vartz", o sea, Santo Rostro en lengua germánica. Así mismo es llamado el Cristo de Lucca, que representa el rostro verdadero de Cristo, siempre según la leyenda. También se le conoce como Kummernis, Oncommer, Reginfledis. Una bella leyenda acrecentó su culto: Un violinista tocóante su imagen y esta le dejó caer un zapato cuajado de piedras preciosas, por lo que el músico fue acusado de robo y condenado a muerte por sacrilegio. Pidió la gracia de tocar de nuevo delante de la imagen, que corroborando su inocencia, se descalzó del otro zapato, arrojandoselo, en presencia de todo el pueblo. En fin... muy bonito, pero legendario.
Ramón.
Martyrium: las mártires de la pureza

Con este apelativo se conoce a un grupo de mártires (todas mujeres) que responden al perfil de mujer joven asesinada brutalmente durante un intento de violación (la Iglesia las engloba dentro de la causa martirial in defensum castitatis, “en defensa de la castidad”, grupo creado recientemente). El término fue acuñado a principios del siglo XX, cuando se hizo famoso el terrible caso de Santa María Goretti, una niña campesina italiana que había sido brutalmente masacrada por su joven vecino cuando ella rechazó primero el acto sexual, y luego se resistió enconadamente a la agresión. Sin embargo, este término de mártires de la pureza resulta un tanto impreciso en muchos casos, incluso inadecuado, por una serie de razones que, desde mi estricta opinión personal, expondré a continuación:
1.- El término “mártires de la pureza” excluye a todas aquellas santas nacidas antes de María Goretti que fueron también asesinadas en un intento de violación. Semejante exclusión no es justa ni comprensible, pero es un hecho aunque muchos lo desconozcan. Se podría corregir incluyéndolas, pero esto parece complicado tratándose de santas muy antiguas, y algunas casi legendarias:
Santa Eutalia.
Santa Dula.
Santa Eufrasia de Nicomedia.
Santas Domnina y sus hijas Verónica y Proscudia.
Santa Pelagia de Antioquía.
Santa Irene de Tesalónica.
Santa Saturnina de Arrás.
Santa Belina de Landreville.
Santa Tomaide de Egipto.
Santa Solange de Bourges.
Santa Úrsula y compañeras.
Santa Sofía de Fermo.
Santa Laura de Constantinopla y compañeras trinitarias mártires.
Beata Marquesina Luzi.
NOTA: Hay una tendencia, actualmente en boga, que pretende considerar a Santa Inés de Roma como la primera mártir de la pureza. Esto es incorrecto, probablemente algo devocional y piadoso nacido de los bellos escritos de San Ambrosio y otros autores al exaltar el candor de una niña virgen. Pero no es una mártir de la pureza, ni de serlo de facto, estaría incluida dentro de ellas, por ser anterior a María Goretti. Inés fue víctima de un proceso judicial romano basado en el edicto de persecución a partir de la denuncia de un prometido rechazado, si es que damos su legendaria historia por cierta. Pero las causas de su martirio NO tienen nada que ver con la defensa de la pureza ni de la castidad.
2.- El término “mártires de la pureza” excluye sistemáticamente a los varones, por entender que sólo la mujer tiene una integridad física y sexual que proteger (este concepto, ya se ve, es machista y perjudica tanto a ellas como a ellos). Existen al menos dos santos varones que fueron martirizados por rechazar el trato sexual, aunque no en un intento de violación, se ha de hacer notar:
San Pelayo de Córdoba.
San Carlos Lwanga.
3.- El término “mártires de la pureza” excluye a todas aquellas mujeres de vida ejemplar que murieron en un intento de violación, aunque al ser esposas, viudas o madres de familia, no son vírgenes, pero también fallecen en la defensa de la integridad física, que tampoco es exclusiva de una virgen. Me consta que algunas mujeres entre las mártires de China y Japón, y otras de la Guerra Civil Española, responderían a este perfil.
4.- Por último, aunque esto ya no lo digo yo, tanto desde algunos colectivos feministas como desde dentro de la propia Iglesia hay voces que sugieren que el término “mártires de la pureza” es anticuado y han propuesto denominaciones alternativas como “mártires de la integridad física” o “mártires de la dignidad de la mujer”, que no han prosperado hasta la fecha. El caso de Pierina Morosini, que sí llegó a ser violada antes de la muerte, tendría algo que decir al respecto. Hoy en día los partidarios de estas propuestas más modernas enfocan el martirio de estas personas como una defensa de la dignidad y de la integridad física más del hecho simplemente virginal y casto de la cuestión. Creen, y probablemente con razón, que esto calaría más entre la gente en el mundo actual en el que vivimos, que el ancestral tópico de la defensa de la virginidad como el (casi) único bien valioso de una mujer.
Pero vamos a ver concretamente las que sí están incluidas como mártires de la pureza.
Santa María Goretti.
Beata Pierina Morosini.
Beata Antonia Mesina.
Beata Albertina Berkenbrock (en la imagen).
Beata Teresa Bracco.
Beata Lindalva Justo de Oliveira.
Beata Karolina Kozkówna.
Beata María Clementina Anwarite Nengapeta.
Sierva de Dios Josefina Vilaseca.
Sierva de Dios Concetta Lombardo.
Sierva de Dios Santa Scorese.
Sierva de Dios Marisa Porcellana.
Sierva de Dios María Vieira.
Sierva de Dios Angelina Zampieri.
Sierva de Dios Marisa Morini.
Sierva de Dios María de la Luz Cirenea Camacho González.
Sierva de Dios María de San José Parrá Flores.
Sierva de Dios Coleta Meléndez Torres.
Sierva de Dios Elena Spirgevidutè.
Sierva de Dios Anna Kolesarova.
Sierva de Dios Bodi María Magdolna.
Sierva de Dios Verónica Antal.
Sierva de Dios Isabella Cristina Mrad Campos.
Sierva de Dios María Israel Bogotá Baquero.
Sierva de Dios Bárbara Umiastauskaite.
Sierva de Dios Marta Obregón Rodríguez.
Además, llegó a mis manos, por cortesía de un amigo, una estampa de una chica llamada Esmeralda Rebenaque Rebenaque, de la que se dice que a los 22 años fue asesinada en un intento de violación, pero no he podido hallar más información al respecto, y parece que no esté todavía en calidad de Sierva de Dios.
Meldelen
Hoy, en el misal, se prefiere, salvo en el caso de las "vírgenes mártires" de siempre, poner simplemente "mártir", de hecho se celebra el oficio de mártires cuando no lo tiene propio. Creo que durante mucho tiempo se ha dado más importancia al hecho de la cuestión física que al hecho de por qué se defendieron: Estas mártires, no solo preservaban su cuerpo, sino que defienden su virginidad como un valor espiritual, como signo de pertenencia exclusiva a Dios. A muchos les podrá parecer una bobería, un atraso, pero a ellas no (y esto es lo importante) y es esa visión de la virginidad como valor religioso lo que da sentido a esta "pureza" y es, desde ese punto de vista, cuando trasciende el plano meramente físico o vaginal.
A mí el término de "mártires de la dignidad de la mujer" me parece tan machista o inadecuado como "mártir de la pureza", sobre todo porque la dignidad va más allá. Creo que "mártir", es suficiente. Con dejar claro que la defensa del cuerpo fue por razones religiosas basta (esto no quita mérito a las demás). Y lo de “mártires de la integridad física” creo que se aplica a todos, desde el primero hasta el último, porque crucificar, cortar cabezas, arrancar brazos es atentar contra la integridad física.
Ramón
Martyrium: violencia de género

Tanto te quiero, que te asesino.
Alguno se extrañará de esto, pero la violencia de género no es un invento del siglo XX, aunque el término para definirla sí lo sea. También entre las Santas y Beatas hay mujeres que padecieron esta situación o murieron por culpa de ella, y son honradas como mártires. Dejaremos aparte el caso de Santa Rita, Santa Mónica o la Beata Ana María Taigi por no ser mártires, pero que sí fueron mujeres maltratadas por sus maridos, y pasaremos a las que perdieron la vida a causa de estos malos tratos, o por la intervención de su prometido o marido contra ellas.
En primer lugar, las que fueron denunciadas a las autoridades. Aquí se parte de la base de no permitir a una mujer que disponga libremente de su vida, en la Antigüedad, los relatos nos hablan de vírgenes cristianas cuyo ideal era consagrarse a una vida contemplativa –antes de la aparición del monacato, por cierto- y que fueron denunciadas por las autoridades, o directamente castigadas por sus pretendientes. Otras veces, aunque no pretendieran consagrarse, lo que no querían era desposarse con un pagano, porque no iba a permitirles ejercer su religión ni criar a sus hijos en ella. Entregarlas a las autoridades era la vía más rápida de vengarse de ellas por su negativa, ya que las ponía en el compromiso de faltar a su fe o someterse a la tortura y la muerte.
Santa Lucía.
Santas Victoria y Anatolia.
Santas Rufina y Segunda.
Santa Calíope.
Santa Flavia Domitila.
Santa Inés.
Santa Tárbula de Persia.
Santa María de Persia.
El caso de Santa Juliana de Nicomedia es particular, al existir versiones que defienden que fue casada por la fuerza con un prefecto, y no queriendo tener contacto carnal con él hasta que se convirtiera, él se vengó iniciando contra ella un proceso judicial en el que él mismo fue su juez. Otras versiones la equiparan a las anteriores mártires, yo suelo preferir la primera por ser más verosímil y no parecer copiada del resto de las actas.
El caso también de Santa Hripsime, donde el rey de Armenia es a la vez el rechazado y el juez de la mártir, junto con todas sus compañeras.
Santa Sushanik (Susana) de Armenia, esposa de un gobernador, decidió abandonar el domicilio conyugal cuando su marido se convirtió a la religión persa. Él, para vengarse, la persiguió, capturó, y encerró en una celda, donde permanecería seis años padeciendo hambre, sed y la tortura, y sin poder ver a sus hijos. Murió a inicios del séptimo año sin haber podido salir de allí.
Santa Sara de Antioquía, casada y madre de dos hijos, fue denunciada por su propio marido, el senador Sócrates, a las autoridades, que la hicieron quemar viva a ella y a los dos niños.
Santa Anastasia estuvo casada y su marido la maltrataba encerrándola en habitaciones cerradas, privándola de alimento y bebida y ordenando a los esclavos que la golpearan frecuentemente. Hubiera muerto de no ser por el fallecimiento repentino de éste y su consecuente liberación. Las causas de su martirio no tienen que ver con esto, pero sí fue una mujer maltratada.
De Santa Tecla también hay otras dos versiones, una que ya estaba casada, y otra que tan sólo estaba prometida, en ambos casos, al decidir abandonar la casa conyugal para ir en pos de San Pablo, fue denunciada a las autoridades, aunque no por su marido, sino por su propia madre.
En segundo lugar, las que eran directamente asesinadas por sus pretendientes. Los casos de mujeres que rechazaban el matrimonio en pro de una vida contemplativa y que lo pagaban con su vida se multiplicaron sobretodo en la Edad Media, pero también antes y después. Pero esta vez ya no eran llevadas a los tribunales, pues no existía ninguna causa que las pudiese inculpar, sino que eran directamente asesinadas por pretendientes rechazados. Este caso es muy triste porque, por contrapartida, a muchas mujeres las enviaron al convento en contra de su voluntad, donde languidecieron toda la vida, mientras que a otras que sí querían les imponían matrimonios desagradables o finales trágicos. Es el caso de:
Santa Maxellendis (en la imagen)
Santa Winifred (también llamada Ginebra)
Santa Valeria de Limoges.
Santa Zlata de Maglene (Neomártir Crisa)
Santa Engracia de Badajoz.
Santa Solange de Bourges (fue incluso raptada por un noble, pero intentando huir de él cayeron ambos a un torrente. Al final la decapitó).
Santa Irene de Portugal: único caso en que el pretendiente respetó la voluntad de ella de entrar en un convento, pero luego, habiendo oído la calumnia de que ella mantenía relaciones deshonestas con otros hombres desde el convento, sin más la encontró y la mató.
Santa Úrsula (según la tradición, hubiera salvado la vida de haber aceptado ser la concubina del caudillo huno, al rechazarlo, éste la mató de un flechazo)
Santa Dimpna (rechazó el matrimonio con su propio padre, aceptado por la cultura celta, pero considerado en la cristiana como incesto)
Finalmente, las esposas que fueron asesinadas por sus maridos, por rivalidades familiares y desavenencias con la vida piadosa de ellas.
Santa Godeleva de Gistel
Beata Camilla Gentili Rovellone
Hay que tener en cuenta que existen muchas vírgenes mártires de las cuales se dice que sufrieron el martirio porque rechazaron los amores de este prefecto, de aquel emperador, de aquel otro… pero no todos los casos valen. La mayoría de veces son simples leyendas piadosas que se repiten simplemente por edificación. Por tanto, NO fueron víctimas de ningún hombre despechado Santas como Águeda, Dorotea, Ágape, Quione e Irene, o Filomena, de la que también se ha dicho, sin el menor fundamento, entre otras. (Todos aquellos casos en los que se ha querido calumniar a prefectos y emperadores merecerían un artículo aparte).
Dejamos aparte todos los casos de santas que rechazaron el trato sexual, las conocidas como “mártires de la pureza”, y todas las que lo fueron de facto antes de que apareciera este término, porque también merecerían un artículo aparte, siendo también víctimas de esta violencia de género.
Meldelen
Yo añado, porque lo fueron, a San Pelayo, adolescente que rechazó las propocisiones del califa de Córdoba y a San Carlos Lwanga, lo mismo, pero con el rey de Uganda. Y, como siempre, excelente artículo, Meldelen.
Ramón.
Martyrium: tsurushi

Aunque suene a algo así como sushi, no se trata de un plato típico japonés. A nosotros nos ha llegado con los nombres de forca, fossa u hoya, y es un horrendo método de tortura y ejecución que se empleó durante la persecución del emperador Tokugawa (s.XVII) en Japón y Filipinas, y únicamente ideado para el tormento de los cristianos.
Podemos ver en la imagen en qué consistía: se colgaba a la víctima de un poste cabeza abajo, introduciendo el cuerpo en un hoyo. En ocasiones se añadían piedras colgando de los brazos o del cuello para añadir mayor peso y sufrimiento. La muerte tardaba días en llegar, y se producía por asfixia y por hemorragia intracraneal, es decir, que al estar colgado boca abajo toda la sangre que debía circular libremente por el cuerpo descendía y se encharcaba en el cerebro. Para evitar esto, se hacía una perforación en las sienes para permitir que la sangre se vertiera y liberara un tanto al cráneo de esa presión, pero naturalmente eso acababa implicando la muerte por desangramiento. También era imposible respirar bien boca abajo, y el diagfragma, al descender, comprimía los pulmones. Era considerada la muerte más atroz y dolorosa en aquel momento.
Si la conocemos es porque se trata del suplicio con el que fue ejecutada Santa Magdalena de Nagasaki (en la imagen), agustina recoleta y terciaria dominica, quien permaneció nada menos que 13 días boca abajo en la oscuridad porque se había dado orden de tapiar el hoyo con maderas alrededor de su cuerpo. No llegó ella a morir ni por asfixia ni por hemorragia, sino que debido a unas lluvias torrenciales, se llenó el hoyo con el agua y murió asfixiada por el lodo. También es muy conocido el mártir filipino San Lorenzo Ruiz, quien fue también colgado boca abajo en la fosa y murió a causa de la hemorragia.
Es importante añadir que, si bien los pies estaban atados a la cuerda y uno de los brazos se ataba al cuerpo, el otro se quedaba colgando libremente. Esto se hacía para que el condenado, en el momento en que no pudiese soportarlo más, pudiese alzar la mano y hacer una señal a los verdugos para que lo descolgaran, lo cual implicaba, evidentemente, que estaba dispuesto a apostatar. Si hacía esto, su vida era respetada con todas las garantías. Por ello es notable saber que Magdalena no sucumbió tras trece días, y que Lorenzo fue el último en morir de todos los que fueron colgados con él; eso nos permite hacernos la idea de la fortaleza que tuvieron para ello.
Meldelen
Martyrium: desollamiento

Horrible y contundente, el desollamiento o despellejamiento consiste en desprender la piel del cuerpo, sin la cual no podemos vivir, para que al rato sobrevenga la muerte por hemorragia y asepsis. Esta horrenda y dolorosa forma de muerte –en tanto que mártires cristianos- se ha hecho muy conocida a través de la iconografía de San Bartolomé, apóstol a quien se atribuye esta forma de tormento y muerte (pero que no todas las versiones aceptan).
El desollamiento podía aplicarse por partes (cabeza, manos, pies) o de forma completa: en la Edad Media bastaba con hacer un gran corte en forma de T en la espalda e ir tirando de los bordes del corte para sacar la piel entera, aunque ello ya dependía de la habilidad del verdugo para hacerlo de una sola pieza y causando la menor hemorragia posible. Semejante pena era aplicada por delitos de traición, lesa majestad, o por robar en monasterios e iglesias (la piel arrancada era expuesta en público para escarmiento de todos). Probablemente en la Antigüedad semejante atrocidad no difirió demasiado de esto.
Tenemos apenas dos casos mencionados en cuanto a desollamiento completo, el de Santa Fotina, quien fue despellejada y arrojada a un pozo para dejarla morir, y el de Santa Julita, que lo fue antes de ser decapitada. Despellejamiento por partes, especialmente el cráneo, incluiría a todas las santas que mencioné en el artículo de los cabellos arrancados, porque también es desollamiento.
Esto se realizaba a cuchillo, pero no solamente: existían otros instrumentos que provocaban el desprendimiento de la piel (y de la carne también) que no tenían un efecto completo: los garfios de hierro, las úngulas, las garras de gato, los rastrillos, pinzas de hierro, o a veces simplemente trozos de cerámica rota, tejas o vidrios. Se aplicaban sobre el cuerpo arañándolo y se llevaban por delante piel, trozos de carne y hasta vísceras si se aplicaban sobre el estómago, además de provocar tremendas hemorragias. Fueron atormentadas de este modo las santas Martina (en la imagen), Cándida, Eulalia de Mérida, Teódota, Fausta, Irene de Éfeso, Hermíone, Sebastiana, Zoe de Atalia, Victoria de Córdoba, Parasceve de Iconio, Marta de Astorga, Águeda, Prisca, Dorotea, Marina (Margarita) de Antioquía, Aquilina de Persia, Arquelaide, Cristina, Regina, María la esclava, Rebeca, Teodosia de Tiro, Marcionila, Constanza, Faustina, Bárbara, y muchísimas otras. San Blas también lo fue, por ello se le representa con un peine, lo que le ha valido el patronato sobre los cardadores de lana.
Los ortodoxos tienen gran veneración a una virgen búlgara, Santa Zlata de Maglene (más conocida por ellos como la Neomártir Crisa), quien, secuestrada por un grupo de jóvenes turcos y habiendo rechazado insistentemente casarse con el cabecilla de ellos (lo que hubiera implicado su forzosa conversión al Islam), fue colgada de un árbol y le fueron arrancando la piel a tiras hasta desollarla por completo.
Martyrium: la tortuga

En un alarde del humor negro más atroz, se conocía con este nombre a un horrendo método de ejecución que fue ideado por la Inquisición protestante, durante el cual la persona sentenciada era prensada hasta morir por aplastamiento. Nos es conocido por ser el procedimiento con el que fue ejecutada Santa Margaret Clitherow (en la imagen), una de los 40 Mártires de Inglaterra y Gales, pero por supuesto lo padecieron muchísimas otras personas víctimas de esta Inquisición.
Consistía en colocar a la persona sentenciada desnuda y abierta de brazos y piernas en el suelo, para ser atada por las manos y los pies a cuatro estacas, y tensadas las cuerdas para elevar su cuerpo por encima del suelo. Bajo la espalda se colocaba una piedra puntiaguda y encima del cuerpo una tabla de madera, sobre la cual se iban amontonando tantos pesos como dictara la sentencia. La muerte llegaba, como decíamos, por aplastamiento: las costillas cedían bajo el peso y se hundían, destrozando los órganos internos, mientras la piedra de abajo hacía lo propio con la columna vertebral. Tal muerte no era en absoluto rápida: en el caso de Margaret, que fue aplastada por unos 800 kilos de peso, tardó quince minutos en morir, aunque luego su cadáver fue dejado allí durante seis horas.
Precisamente porque sólo cabeza, brazos y piernas sobresalían de la montaña de tablas y pesos, el condenado recordaba vagamente a una tortuga dentro de su caparazón, de ahí el nombre que recibió esta atrocidad, que se empleó mayoritariamente en los países protestantes. Si a ello añadimos que Margaret estaba embarazada de varios meses cuando fue aplastada hasta morir, podemos hacernos una idea de la crueldad e inhumanidad de las autoridades en aquellos tiempos –no únicamente las protestantes, sino también las católicas-. Ni siquiera los antiguos romanos, cuya crueldad han cantado tantos autores, fueron capaces de semejante bajeza moral, pues sus leyes prohibían terminantemente torturar o ejecutar a una mujer embarazada, hasta que hubiese parido, pues ponían por encima de todo la nueva vida en ciernes. En cambio, las Inquisiciones católica y protestante no vacilaron en torturarlas y ejecutarlas estuviesen embarazadas o no, lo que quizá debería conducir a una reflexión sobre la ancestral crueldad romana, como si ser cruel fuera ligado a ser pagano. Pero ésa es otra historia.
Martyrium: dolor de muelas

La dentadura, ese precioso mecanismo para alimentarnos tan útil como frágil, fue también víctima de atroces torturas a lo largo de toda la Historia. Al estar hechos de esmalte, los dientes son más delicados y se rompen con más facilidad que cualquier hueso, no era raro que se recurriese a destrozarlos para causar dolor, y hecho esto el daño era irreparable. Además desfiguraba la belleza de una sonrisa, aunque tampoco vayamos a creer que el mundo antiguo –y el medieval, y el moderno- estaba plagado de boquitas celestiales, la salud y la higiene dental son cosas del siglo XX y no antes, ciertamente.
Los santos que fueron torturados en la boca se invocan para los dolores de muelas y otros males bucales, pero la tradición quiso que esta intercesión se confiara únicamente a una sola Santa, la mártir Apolonia de Alejandría (en la imagen), que en todo caso no deja de ser una figura muy especial por sí sola.
La tradición nos dice que era una virgen de avanzada edad cuando, en el contexto del motín de Alejandría en tiempos de Felipe, fue torturada en la boca y quemada viva. El arte nos ha legado la imagen de diversos rufianes arrancándole los dientes con tenazas, pero sabemos por la carta de Dionisio de Alejandría que esto no fue así. A Santa Apolonia le destrozaron, no sólo los dientes, sino las mandíbulas y la parte inferior de la cara a golpes de piedra, lo cual es más horrible si cabe. Algunas versiones sostienen que ella era diaconisa y que probablemente habría predicado por la tumultosa Alejandría, sede de odios raciales y querellas religiosas, por lo que a juicio de aquellos salvajes, a cada golpe de piedra estarían castigando aquella boca que les había predicado. Otras versiones, menos creíbles, hablan de un juicio y de una sentencia a ser flagelada en la boca, por esto de la predicación, pero realmente estaba prohibido azotar en la cara y antes se sacaba un ojo que se rompía un diente de este modo. El dolor que debió experimentar sólo lo podemos imaginar, y palpar, sabiendo que antes prefirió arrojarse a una pira que exponerse a seguir siendo torturada.
Sin embargo, ella no fue la única mártir que ha padeció este horrendo trato. Así pues, a Santa Devota de Córcega también le rompieron los dientes y la mandíbula, probablemente a puñetazos, como sí que sabemos que hicieron con Santa Dorotea de Capadocia.
Del mismo modo, a Santa Julia de Córcega la abofetearon con tanta violencia que también le rompieron muchísimos dientes.
El padre de Santa Augusta de Serravalle dio orden que le rompieran a su hija los dos dientes delanteros, para destrozar su sonrisa y afearla para siempre. Esperaba así escarmentarla, pero fue en vano.
A Santa Febronia de Nisibe le rompieron diecisiete dientes durante el tormento, antes de que se desmayara. No está claro el cómo, es probable que usaran un cincel y un martillo para ir hundiendo y desprendiendo las piezas dentales como se labra una piedra.
La extracción de los dientes con unas tenazas sí que ocurrió en los casos de Santa Anastasia la Romana y a Santa Caritina. Pero en general este proceder era algo costoso y demasiado sofisticado, por lo que era más fácil recurrir a la violencia pura y dura.
Huelga decir que los dientes, al tener una función en el habla, al romperse, perderse (y pudrirse la boca, digo yo) influía notablemente en la capacidad para expresarse de una persona, lo cual tenía sus serias consecuencias en los procesos judiciales, sobretodo en la Edad Media, cuando no poder responder a las acusaciones por tener la boca destrozada, era como aceptar la culpabilidad.
Meldelen
Martyrium: apuñalamiento

Se entiende por apuñalamiento el golpear con un puñal, pero dentro de esta categoría se incluyen los golpes dados por otros instrumentos cortos y afilados, por ejemplo –esta vez sí- la espada. No fue general como método de ejecución en Roma ni tampoco después, normalmente, apuñalar a alguien es resultado de una violencia súbita, brutal y sistemática, más propia del asesinato que de un proceso de sentencia y condena desde las leyes de un Estado. Sin embargo está también considerado como martirio, ya que no importa el género de muerte sino el motivo de la muerte.
En la antigua Roma, cuando se dictaba “la muerte por espada”, se refería a que la persona sentenciada debía morir atravesada por una espada. No tiene nada que ver con la decapitación, como ya aclaramos en el artículo anterior. Y además lo que se solía hacer era atravesar directamente el corazón. Las mártires más conocidas que murieron de este modo son: Santa Justina de Padua, Santa Victoria (en la imagen), Santa Eufemia, Santa Atenea, las 33 compañeras de las Santas Hprisime y Gayanne, las compañeras de Santa Úrsula.
A Santa Anisia la detuvieron unos soldados cuando se dirigía a la asamblea cristiana, y como no quisiera dejar que la tocaran ni le levantaran el velo, uno de ellos le atravesó el estómago con la espada y la dejó morir así.
Otras veces, la espada debía atravesarse en la garganta. Aquí es fácil confundirlo con el degollamiento y de hecho a veces las dos Santas más conocidas que fueron apuñaladas en la garganta, Santa Inés y Santa Lucía, aparecen siendo degolladas.
Como particularidad podría incluirse aquí la muerte por lanza, que actúa también como apuñalamiento, porque se atravesaba a la víctima hasta morir. Fueron atravesadas con lanzas Santa Anatolia, Santa Córdula, Santa Greciniana, Santas Marta y María en Asia Menor.
Pero fuera de la época antigua y entrando ya en la Edad Media y más allá, encontramos casos particulares de violencia sistemática, que tienen dudosa atribución como martirio, pero que la veneración ha sentado como tal.
Santa Maxellendis: fue una joven francesa que rechazó a su prometido por entrar en un convento. Como no lograra convencerla, en un arranque de ira él la atravesó con su espada.
Beata Camila Gentili Rovellone: mujer piadosa y caritativa que vivió en la Italia del siglo XV y al que su marido, en un arranque de ira contra su paciencia y serenidad, apuñaló en la garganta y en el pecho hasta causarle la muerte.
Santa Teresa Zhang-He: madre de familia en la China de la rebelión boxer, que por no querer adorar a los ídolos, fue apuñalada hasta la muerte con sus dos hijos.
Santa Rosa Fan-Hui: maestra de catequesis en la China de la rebelión boxer, fue víctima de una violencia brutal, siendo apuñalada en la cara y en el cuerpo con espadas y cuchillos.
Santa Lang-Yang: joven madre catecúmena en la China de la rebelión boxer, fue atacada en su propia casa y atada a un árbol, donde la atravesaron repetidamente con una lanza, como aún respirara después de esto la quemaron viva con su hijo de siete años, San Pablo Lang-Fu.
Santa María Goretti: uno de los casos más brutales que se conocen fue el de esta niña campesina italiana, mártir de la pureza, que por rechazar el trato sexual con un joven que vivía en su casa, fue apuñalada un total de 14 veces en pecho, vientre y espalda con un punzón de hierro afilado. Los piadosos relatos que hablan de ella suelen obviar (o desconocen) el hecho de que la destripó por completo, aun así, no murió hasta pasadas 24 horas del horrible suceso, después de sufrir una intervención quirúrgica sin anestesia.
Beata Karolina Kozkówna: mártir de la pureza, por resistirse a una agresión sexual por parte de un soldado ruso en la Polonia de la II Guerra Mundial, fue apuñalada repetidamente en cabeza, piernas, manos, costado y cuello con una bayoneta; y luego abandonada a la muerte por desangramiento.
Los Mártires de Nagasaki, fueron alanceados a la par de crucificados.
Santos Kilián de Zalsburg y Bonifacio de Fulda, fueron atravesados con una espada.
San Adalberto de Praga, alanceado tres veces.
Martyrium: poena capitalis

Así se llamaba en la antigua Roma a la sentencia de muerte, término que nosotros seguimos empleando en castellano: la pena capital, la pena que exige la cabeza, o dicho de otro modo, la muerte por decapitación. La mayoría de los mártires de la Antigüedad acabaron así el curso de sus tormentos. Los afortunados que gozaban de la ciudadanía romana fueron directamente a ello sin pasar por la tortura. El arte ha acostumbrado a representar este momento en todo tipo de obras a la memoria de los mártires, y precisamente por devoción, libre albedrío o rutina del artista se han cometido errores y malinterpretaciones con la aplicación de esta pena.
En primer lugar, y al menos en lo que concierne en el antiguo Imperio, la decapitación no se realizó jamás mediante espada. La espada romana –llamada gladius- era corta y ligera, pensada para dar estocadas, no para cortar transversalmente, por lo tanto no tenía la contundencia necesaria para desprender la cabeza del tronco. Por tanto, las obras de arte que representan a un o una mártir portando una espada como instrumento de martirio o siendo decapitados con ella, son históricamente incorrectas –y nótese que son la inmensa mayoría-.
La decapitación se realizaba a golpe de hacha. La cabeza del condenado debía reclinarse sobre un soporte de madera –el tajo- y dejar la nuca al descubierto. El golpe se aplicaba en la zona de las vértebras del cuello, y la ley romana permitía un máximo de tres golpes. Aunque evidentemente fue el método de ejecución más rápido que existió hasta el invento de las armas de fuego, no es cierto, como se ha dicho, que fuera indoloro: a partir de ciertos –y muy desagradables- experimentos se ha podido comprobar que la conciencia se mantiene hasta varios segundos después de desprendida la cabeza, un suspiro para el vivo, una eternidad para el que muere. Y naturalmente el dolor se prolongaba si no se acertaba al primer golpe, lo que dependía de la destreza del verdugo y de la no resistencia del condenado.
La veneración cristiana fomentó que muchas veces la cabeza fuera separada del cuerpo y acabara perdiéndose o ésta o aquél. No se puede hacer una lista exhaustiva de todos los mártires que murieron por decapitación, por ser éstos la gran mayoría. Sí cabe destacar el caso de Santa Cecilia, que por su linaje y familia, estaba llamada a sufrir lo mínimo, sin embargo, la torpeza del verdugo hizo que sufriera los tres golpes legales sobre la nuca sin lograr ser decapitada, para luego ser abandonada a una larga agonía por desangramiento, que ningún cuidado pudo evitar.
La inutilidad de las espadas romanas para la decapitación queda de sobra demostrada con el caso de Santa Perpetua, cuya ejecución fue encomendada a un torpe gladiador que se empeñó en decapitarla con su espada. Lo que hizo fue masacrarla golpe tras golpe sin lograr nada más que destrozarle las vértebras del cuello, hasta tal punto que ella acabó dirigiéndole el golpe para que no volviese a fallar.
Cabe destacar a los santos llamados cefalóforos, que acabados de decapitar se levantaban y tomaban su cabeza en manos para ir a buscar un lugar adecuado en el que reposar. Huelga decir que es pura leyenda, como lo es también el caso de Santa Winifred, mártir celta que fue resucitada tras ser decapitada por un pretendiente rechazado por el simple hecho de pegar su cabeza cortada al cuello. Tales leyendas ya eran habituales en el mundo nórdico antes de la llegada del cristianismo, por lo que no extraña que fueran incorporados a las vidas de los santos.
Cabe por último tener en cuenta que el término decapitación se refiere única y exclusivamente a cortar la cabeza separándola completamente del trono. Por tanto, no debe confundirse –como tristemente se hace- ni con la degollación, ni con el apuñalamiento, que ya trataremos en siguientes artículos.
(En la imagen, decapitación de Santa Dorotea, por J. Navas, para el volumen I de El Santo de Cada Día. La única representación realmente fiel que he hallado hasta ahora).
Meldelen
Martyrium: arrastre

Otra atroz forma de tormento y castigo era arrastrar a una persona por el suelo, atada a carros, colas de caballos, bueyes o asnos, y llevarla así por campo y ciudad hasta que se agotara la sed de violencia de quien solía concebir estos horrores. El cuerpo, que estaba desnudo y podía ir boca arriba o boca abajo, sujeto por manos, pies o cabellos, quedaba muy pronto lacerado y destrozado por la fricción violenta contra el suelo y el impacto contra piedras, esquinas o superficies duras. No se solía sobrevivir a ello, ya que constituía una auténtica carnicería, y el que salía de ello era inmediatamente rematado. Sucedió mas con frecuencia en el contexto de motines o linchamientos anticristianos.
Santa Quinta: (en la imagen) noble matrona alejandrina, que llevada por la fuerza a sacrificar y negándose a ello, fue atada a un caballo y arrastrada hasta destrozarla por las calles de Alejandría en Egipto. Como al final del recorrido aún respiraba, la remataron a pedradas.
Santa Bárbara: arrastrada primero por su padre y esclavos, fue luego perseguida y azotada por las calles de Nicomedia, en cuanto caía al suelo era arrastrada y golpeada hasta que se levantaba.
Santa Engracia: fue arrastrada por las calles de Zaragoza atada a las colas de dos caballos. El cuerpo quedó muy malherido pero se dio orden de detener aquella carnicería a tiempo para proseguir luego con diferentes tormentos.
Santas Justa y Rufina: las ataron por los brazos a la parte trasera del carro del gobernador y arrastradas así por la pedregosa Sierra Morena. Llevaban ya los pies destrozados por una previa exungulación y se desplomaron pronto, no pudiendo hacer el camino de retorno, por lo que las cargó el magistrado en su carro.
Santa Lucía: la tradición dice que se quiso conducirla a un lupanar para forzarla a la prostitución, pero que al no lograr moverla del sitio donde estaba le ataron varias cuerdas a diversos hombres fornidos y yuntas de bueyes, que tironearon para tratar de arrastrarla, lo que fue en vano.
En las supuestas revelaciones privadas que Santa Filomena hizo a una religiosa italiana, la mártir comentó que Diocleciano la había hecho arrastrar por las calles de Roma y que si sobrevivió a ello fue porque de noche fue sanada por ángeles en su celda, donde la habían arrojado para dejarla morir; pero como con todo lo que se relaciona con esta santa, ni es creíble ni vale la pena afirmarlo con rotundidad.
Respecto a santos varones, cabe destacar a San Saturnino de Tolosa, que fue atado a los pies de un toro furioso y arrastrado, de modo que se reventó el cráneo al golpearse contra unos escalones y murió enseguida. Esto probablemente se daría en más de un caso.
Meldelen
San Hermes, San Alejandro.
Martyrium: por los pelos

En el cuero cabelludo –es decir, la piel que recubre nuestro cráneo, de la cual brotan nuestros cabellos- hay muchos vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas, por lo que es una zona que, herida, sangra abundantemente y se percibe gran dolor. Un simple tirón de cabellos basta para hacernos saltar las lágrimas, por lo que –tristemente- no debe extrañarnos que fuera desde antiguo contemplado como un lugar en el que recibir tortura. Especialmente las mujeres, quienes, siguiendo los cánones de belleza más ancestrales, siempre llevaban la cabellera larga como el más bello símbolo de feminidad. Fue frecuente, para castigar a una prisionera, colgarla de los cabellos para que el peso muerto del cuerpo colgante recayera en el cuero cabelludo, causando un sufrimiento difícil de imaginar. Fue frecuente, también –y esto ha durado hasta la actualidad- afeitarles el cráneo a las mujeres para despojarlas de su feminidad y humillarlas públicamente. Como ya he dicho, el cráneo rapado se atormentaba de muchas formas, siendo despellejado, quemado, atravesado con clavos o coronado de espinas. A veces se arrancaba el cabello con piel incluida, práctica atroz y cruel que también padecieron algunos varones, especialmente cautivos celtas y otros pueblos no romanos donde los varones también lucían larga cabellera. Todos los que han padecido este tormento se invocan para la pérdida del cabello.
Santa Fausta: le fue afeitada la cabeza para su pública humillación.
Santa Sinforosa: la colgaron de los cabellos frente a un templo para ser objeto de burla de todos los transeúntes.
Santa Zoe de Roma: (en la imagen) fue colgada por los cabellos a un árbol y encendida una hoguera bajo sus pies.
Santas Justa y Rufina: fueron colgadas por los cabellos al techo de su celda y flageladas hasta que perdieron el conocimiento.
Santa Juliana de Nicomedia: estuvo colgada de los cabellos mientras le arrojaban aceite y pez hirviendo sobre el cuerpo.
Santa Julia: también estuvo colgando del cabello mientras le arrancaban los pechos con tenazas. A veces también se representa así a Santa Águeda.
Santa Bárbara: es la santa asociada por excelencia a los tirones de cabello, porque al saber su padre que se había convertido al cristianismo, la golpeó y arrastró por el suelo cogida de los cabellos, de modo que siempre aparece así en la iconografía, también los verdugos, mientras la torturan, le están tirando del cabello.
Santa Eufemia: estuvo colgada por los cabellos al techo de su celda una noche entera, medida que se tomó para ver si el dolor la hacía ceder al sacrificio pagano, cosa que fue en vano.
Santa Gudelia: le arrancaron el cuero cabelludo hasta despellejarle el cráneo por completo, para ser luego coronada con espinas.
Santa Teonila: de avanzada edad, reprochó al juez que le hiciera afeitar la cabeza para humillarla, siendo a continuación también coronada con espinas.
Santa Caritina: le afeitaron la cabeza y le quemaron cráneo con carbones encendidos.
Santa Cristina: le raparon la cabeza también y luego fue expuesta al público calva y desnuda, que no obstante se compadeció de ella, especialmente las mujeres.
En las pinturas y representaciones de decapitaciones de las Santas, es frecuente ver al verdugo asiendo a la mártir por la cabellera antes de descargar el golpe. En realidad esto no se hacía así –ya se explicará en otro artículo concretamente- sino que es un símbolo del dominio masculino y la fuerza bruta de un verdugo frente a la delicadeza e inocencia de la víctima, contraste hoy en día un tanto sexista, pero que en tiempos pasados fue considerado edificante e instructivo acerca de las virtudes de la mártir representada, ideal de sometimiento, aceptación y resignación ante el tormento y la muerte.
Meldelen
Martyrium: estrangulamiento

Dícese de comprimir la tráquea de una persona hasta causar la muerte por asfixia. Nunca fue un método oficial de ejecución, si exceptuamos la horca y el garrote vil; por considerarse un proceder infame y vergonzoso para agresor y víctima, y también por no ser la muerte de martirio por excelencia: solía tratarse asesinatos realizados en secreto, con violencia y rapidez, que no daban lugar a grandes confesiones de fe y no solían contar con ningún testimonio. Con todo, ello no ha restado mérito a estas personas, que constituyen casos excepcionales pero válidos y como tales han recibido el reconocimiento de la comunidad cristiana.
Santa Beatriz de Roma: fue denunciada por un particular que codiciaba sus bienes y encarcelada. Allí, en la oscuridad de la celda, fue estrangulada y su cuerpo arrojado al Tíber. Todos sus bienes fueron tomados por el denunciante, que sin embargo no pudo disfrutarlos mucho tiempo (o eso dice la tradición, tratando de inculcar la lección moral de “lo mal habido no aprovecha”).
Santa Eutalia: convertida al cristianismo por los hermanos y mártires Alfio, Filadelfo y Cirino, en cuanto su hermano supo de este cambio, y al no poder hacerla retractarse de su decisión, mandó a un esclavo suyo que la violara y a continuación él mismo la estranguló con sus propias manos.
Santa Sira: sacerdotisa persa consagrada al culto de Ahura Mazda –dios del fuego-, como se convirtiera al cristianismo, su propia familia la entregó a las autoridades, que la encarcelaron e hicieron torturar durante meses, hasta ser finalmente estrangulada con una soga en su calabozo.
Santa Ludmila: princesa de Bohemia y abuela de San Wenceslao, como adquiriera gran protagonismo en la difusión de la fe cristiana y obstaculizara las acciones de su nuera, la princesa Drahomira, ésta envió contra ella unos sicarios con orden de asesinarla. La anciana fue estrangulada con su propio velo, mientras suplicaba que le diesen una muerte más digna de una mártir (esto es, con efusión de sangre). La dejaron ahorcada con las cortinas de su lecho, donde fue hallada al día siguiente. Su nieto se encargó de honrarla y hasta el día de hoy sigue recibiendo el homenaje y la veneración de su pueblo.
Santa Godeleva (en la imagen): joven francesa cuyos actos de piedad y caridad con los pobres se ganaron la aprensión de su marido y suegra, que la maltrataban de continuo. Habiendo escapado de la casa conyugal y pedido auxilio al obispo local, fue sin embargo obligada a volver con su marido, que mandó estrangularla con las sábanas de su cama y hundir su cuerpo en un lago cercano. La veneración de esta santa comenzó con una serie de milagros acaecidos en su tumba, como fue la curación de la hija de su marido, que se había vuelto a casar en segundas nupcias. A la vista de esto su marido confesó el crimen y tomó el hábito de los penitentes. (Es patrona de costureras, tejedores, sastres y lavanderas, por lo de la sábana).
Santa Cunnera: considerada por la tradición como una de las compañeras de Santa Úrsula, tras ser apresada por los hunos, fue rescatada por el rey de Rhenen, quien la tomó como sirvienta, y se dio a la práctica de la caridad con las gentes de la zona. Como el señor le tomara afecto por su servicio fiel y humilde y le permitiera administrar los bienes del comedor y evangelizar a las gentes; la reina montó en cólera y, ayudada de su doncella, asaltaron a Cunera, la estrangularon con una tela y la enterraron en los establos. El culto se inició a partir de haber sido hallado su cuerpo incorrupto después de varios siglos.
Beata Marquesina Luzi: religiosa de la orden terciaria de San Agustín, fue atacada por su propio hermano, que quiso violarla, y como ella se le resistiera en exceso la estranguló con sus propias manos y ocultó su cuerpo en una gruta. El cadáver fue hallado aún sin corrupción después de varios días, lo que dio pie a su veneración.
Beata Teresa Bracco: mártir de la pureza, fue estrangulada por un soldado alemán al no querer permitir que la agrediera sexualmente, y luego destrozó el cuerpo dándole varios tiros y aplastando su cabeza a pisotones.
Martyrium: qué dolor de cabeza

Si eres de los que, como esta que os escribe, padece con frecuencia cefaleas y migrañas, quizá te hayas preguntado a qué santo podrías invocar, además de tomar analgésicos e ir al médico. Por extraño que parezca, aquellos santos que con frecuencia se invocan para el dolor de cabeza son aquellos que fueron atormentados o que murieron a causa de un grave traumatismo en el cráneo. Y no son pocos.
Santa Engracia: (en la imagen) como si no bastaran los otros atroces tormentos a los que fue sometida, finalmente le hundieron un clavo en la frente. Ni siquiera entonces le fue concedida una muerte rápida, por lo que, comparada con su agonía, la peor de las migrañas debe ser cosa de risa.
Santa Bárbara: le llovieron sobra la cabeza diversos y repetidos golpes de martillo, para aturdirla e interrumpir las oraciones que pronunciaba en medio del tormento.
Santas Sabina y Cristeta: con su hermano San Vicente, fueron ejecutadas siendo aplastados sus cráneos a golpe de vara, con tanta violencia que –dicen las actas- “les saltaron los sesos por todas partes”.
Santa Eufemia de Roma: es un cuerpo santo extraído de las catacumbas de Roma, y que se venera en Pavía. Al estudiar el cráneo se hizo evidente que había sido aplastado con un golpe de maza. Por eso, la figura de cera que recubre el esqueleto presenta la frente partida, a falta de más datos sobre su vida y martirio.
Por añadidura, cabe considerar a todas las mártires que fueron apedreadas, porque la muerte por lapidación llega a causa del impacto de las piedras contra la cabeza.
Santa Emerenciana: cristiana catecúmena que oraba en la tumba de Santa Inés cuando fue atacada por un grupo de mujeres paganas que la apedrearon hasta matarla. Como la enterraran con la niña mártir, surgió la tradición de que habían sido hermanas de leche.
Santa Mamelta: joven persa que, por haber abandonado el culto oriental y abrazado la fe cristiana, fue apedreada hasta la muerte por su propia gente.
Santa Quinta de Alejandría: matrona cristiana que fue linchada en el motín donde también pereció Santa Apolonia. Después de arrastrarla por toda la ciudad atada un caballo, fue rematada a golpes de piedra contra la cabeza.
A Santa Apolonia se la ha invocado también contra los dolores de cabeza, pero eso se debe a que el dolor de muelas, que es su patronazgo especial, se extiende con pasmosa facilidad a la cabeza si no se trata enseguida.
Santa Dionisia: por haber intervenido a favor de los mártires Andrés y Pablo, y haberles animado a resistir los tormentos, fue entregada a la turba, que la apedreó hasta la muerte.
Santa Aquilina la Neomártir: era una joven cristiana griega que, en la Turquía otomana, por no querer renunciar a la fe ortodoxa y abrazar el Islam, fue apaleada brutalmente y le aplastaron la cabeza.
Santa Helena de Sínope: como se resistiera a someterse sexualmente a un pachá turco (quien había solicitado a la chica a cambio de no incendiar el barrio griego de Sínope), le fueron hundidos dos clavos en la cabeza como remate a una larga tortura. A través del cráneo de la mártir dicen haberse obrado muchos milagros en Sínope, especialmente en aquellos que padecen dolores de cabeza. Los fieles convocan al sacerdote, quien les trae el cráneo, ante el cual se ejecutan súplicas y cantos serviciales, se bendice el agua y tras esto se realizaría la curación. Dicho cráneo se venera actualmente en la iglesia de Santa Marina de Ano Toumba, en Salónica (Grecia). Dicen que desprende un aroma fragante y que continúa realizando curaciones.
Beata Teresa Bracco: mártir de la pureza, cuyo agresor le aplastó la cabeza pisándola con su propia bota.
Beata Pierina Morosini: mártir de la pureza, por defenderse de su agresor había cogido una piedra, pero ésta le fue arrebatada y usada contra su cabeza. El traumatismo la conduciría a un coma profundo y en dos días, a la muerte.
Beata Antonia Mesina: mártir de la pureza, su agresor también la mató a golpes de piedra contra la cabeza.
San Esteban, San Tarcisio.
Hay que hacer notar que el apredreamiento era fruto de la exaltación popular en revueltas y ataques contra los cristianos, o de un agresor de cara a una víctima concreta. Nunca fue un método institucionalizado de ejecución en la cultura grecorromana, sí en la hebrea, como sabemos a través de los textos bíblicos.
Además, el coronamiento de espinas también debe ser incluido en este apartado, porque se clavaban en el cráneo produciendo un dolor insoportable. Además del propio Jesucristo, tenemos también los casos de las mártires Santa Gudelia y Santa Teonila, a través de sus actas vemos que se solía afeitar la cabeza previamente para que el cabello no amortiguara el impacto de las espinas.
También los santos cefalóforos, o que portan su cabeza cortada entre las manos, son invocados para ello, pero ya no tiene que ver con su método de ejecución, que era la decapitación:
Santos Regúla, Félix y Exuperancio
Santa Noyale
Santa Quiteria
Santa Restituta
Santa Valeria de Limoges
Aquí, más de santos y dolores de cabeza
Martyrium: enterramiento en vida

No fue demasiado practicado, pues se consideraba impío –y horrible- entregar a la tierra a quien aún no le había llegado su hora, pero en toda piedad hay excepciones. Cabe destacar que el enterramiento en vida que se practicaba en el antiguo Imperio –al menos en Occidente- no tenía nada que ver con cavar un hoyo, tirar a alguien dentro y cubrirlo con piedras y tierra, como han pretendido hagiógrafos y artistas. Esto es rotundamente falso. Lo que se hacía era excavar una cámara subterránea, o aprovechar tumbas e hipogeos, que se equipaban con luz, agua y alimentos, lo cual era mucho más civilizado que llenarle la boca a alguien de tierra suelta, pero no por ello menos cruel: la luz el agua y los alimentos se acababan tarde o temprano, y según la moral pagana era más honroso suicidarse que esperar a la muerte lenta y atroz, por lo que a menudo se le proveía a la víctima de una soga o una espada. Se mencionan algunos casos:
Santa Fotina: considerada por la tradición ortodoxa como la mujer samaritana que hablara con Jesús en el pozo de Jacob, fue, tras ser desollada, arrojada a un pozo seco que fue sellado.
Santa Daría: con su esposo San Crisanto, fueron encerrados en una cámara sepulcral bajo un arenal que luego fue lugar de reunión de la comunidad cristiana, algunos de sus miembros fueron de nuevo enterrados vivos allí. Su caso es interesante porque antes de casada había sido virgen vestal (sacerdotisa de la diosa Vesta), y el castigo para aquellas vestales que abandonaban el sacerdocio antes de hora o perdían la virginidad, era ser enterradas vivas.
Santas Cándida y Paulina (en la imagen): madre e hija respectivamente, y esposa e hija de San Artemio, fueron encerradas en el Tullianum –o cárcel Mamertina-, horrenda sima que no era más que un simple agujero en el suelo por el que descendían a los condenados, donde morían de hambre en la oscuridad. Nadie que entraba allí salía nunca, por lo que no parece verídico el pasaje del encierro de San Pedro.
Santa Antusa la Joven: fue arrojada también a un pozo, donde se la dejó morir. El sobrenombre de “la Joven”, es para distinguirla de la otra Santa Antusa, princesa de Constantinopla, más conocida.
Santa Irene de Egipto: junto con su hermano San Atanasio, como no quisieran adorar a los dioses, fueron también arrojados a un pozo que luego fue sellado.
Además de los varones ya mencionados, cabe destacar a San Vidal, que también fue enterrado vivo en un pozo -y tengo entendido que por eso es patrono de los poceros-; los Siete Santos Durmientes de Éfeso, jóvenes cristianos que fueron encerrados en una cueva sellada, pero que cuando mucho tiempo después fueron rescatados sus cuerpos, parecía que durmiesen, de ahí su nombre (y una leyenda tardoantigua según la cual sí se habrían dormido de verdad, y despertado trescientos años más tarde, cuando el cristianismo ya era religión oficial).
Martyrium: desmembramiento

Si el catálogo de atrocidades hasta ahora expuesto no basta para abominar de la crueldad humana, faltaría ver la vergonzosa y terrible muerte que suponía ser desmembrado, es decir, cortado o desgarrado a trozos, para hacerse siquiera una idea de hasta qué extremos eran –y son- capaces de llegar las personas.
Existían diversos métodos para convertir en un destrozo de carnicería la maravillosa creación que es el cuerpo humano; uno de los cuales era la sierra. Algo tan brutal y repugnante como serrar a una persona por la mitad o a fragmentos no se dio demasiado en el occidente del Imperio Romano, sino que es una tortura originaria de Persia que se exportó a la India – que mantiene la memoria de muchos mártires sikh, cortados a cachos por no querer abrazar el Islam- y a las provincias orientales del Imperio. Naturalmente el resultado era la muerte, pero la más atroz y lenta, que no podemos imaginar. Lo padecieron pocas mártires, pero no por ello dejan de ser significativas. El horror e indignidad del proceso hace que muchos hagiógrafos inventen todo tipo de prodigios para hacer que la mártir salga ilesa, salgo algunas excepciones.
Santa Tárbula y compañeras: a esta mártir la veneran los ortodoxos con el nombre de Ferbuta. Fue una esclava en el harén de la emperatriz de Persia, que por cristiana fue serrada por la mitad, y con ella su hermana y otras cristianas cuyos nombres no se conservan.
Santa Teódota
Santa Calamanda: la tradición dice que su padre le hizo serrar los brazos para que no pudiera unir las manos en oración ni hacer la señal de la cruz. Como aprendiera ella a hacerlo con los pies, éste hizo dar orden de serrarla por la mitad.
Santa Fausta: fue metida dentro de una caja de madera de la que salían los brazos y piernas, y éstos serrados. La tradición dice, no obstante, que las sierras se rompían al tocar el cuerpo de la niña.
Santa Irene de Tesalónica: la tradición sostiene que al ir a ser serrada, un trueno resonó en el cielo, y el pretor, temiendo una desfavorable señal divina, mandó suspender el tormento.
Santa Eufemia: mismo caso que Fausta, sin embargo, al no ser herida por intervención divina, este tormento no ha trascendido en la iconografía, con excepción del pintor barroco español Zurbarán, que sí la representa portando una sierra.
Beata Apolonia Lizárraga: religiosa que, en el contexto de la Guerra Civil Española, fue serrada viva y sus restos arrojados a los cerdos. Sirva esto de ejemplo que muchas brutalidades que consideramos “cosas del pasado”, no lo son en absoluto.
Santas María y Gracia de Alzira
Santa Zlata de Maglene
San Tirso de Palas y San Quintin de Vermand: ambos aserrados.
El desmembramiento también se realizó en el occidente del Imperio romano, pero recurriendo a golpes de hacha, que fue el caso de las Santas Basilisa y Anastasia, de Santa Anastasia Romana, de Santa Cirila de Cirene y de Santa Febronia, descuartizadas progresivamente hasta rematarlas por decapitación.
En el caso de Santa Orosia parece que fue usado un alfanje –espada curva- árabe, que tiene gran contundencia, para amputarle manos y pies antes que la cabeza, aunque en algunas representaciones aparezca siendo serrada.
Pero sin duda la forma más atroz de desmembramiento era la que se hacía por tracción simultánea, es decir, tirando de los cuatro miembros a la vez para arrancar brazos y piernas de una sola vez. Esta atrocidad también es de origen persa y se usó en las provincias orientales del Imperio. Se ha aplicado especialmente a los traidores y se ha usado en Europa hasta el siglo XVIII. Especialmente conocidas son:
Santa Estefanía (Corona): fue atada de brazos y piernas a dos palmeras dobladas que, al ser soltadas, desgajaron su cuerpo en trozos. (en la imagen)
Santa Tecla: fue atada a cuatro bueyes a los que se azuzó para que corrieran en direcciones opuestas y la descuartizaran, pero según la tradición, los animales rehusaron obedecer.
Como excepción, es de justicia mencionar a la filósofa pagana Hipatia de Alejandría; que como consecuencia de un motín cristiano –al parecer alentado por San Cirilo de Alejandría- fue atacada por una turba de cristianos que la arrastraron, pisotearon, despellejaron y cortaron a trozos usando trozos afilados de cerámica rota. Cuando el prefecto Orestes, alumno suyo, mandó castigar a los culpables, se aludió por parte de la comunidad cristiana que practicaba la magia negra y que tabajaba por la perdición de los cristianos. En realidad, parece que Hipatia, mujer ilustrada y librepensadora, había rehusado abrazar la fe cristiana por considerarla demasiado restrictiva para sus ideales. La comunidad científica y filosófica la honra como mártir, y lo cierto es que ella representa el trágico cambio cristiano de perseguidos a perseguidores en un tiempo récord, que es injustificable se mire por donde se mire.
Martyrium: mutilaciones

La mutilación –esto es, amputar una parte del cuerpo sin finalidad médica- fue siempre un método de tortura y castigo. La muerte se producía por hemorragia si no se cosía ni cauterizaba la herida inmediatamente, o por la infección si estaba mal curada. Se practicó desde siempre en todas las culturas, hasta la actualidad. El mutilado, al que se le solía permitir vivir tras ello, quedaba por siempre estigmatizado y era objeto de la burla y el rechazo de la sociedad. Aunque esta situación se dio más en la China y Persia antiguas y en la Edad Media que durante las persecuciones cristianas en Roma; donde tuvo un destino de muerte por desangramiento, frecuentemente asociado al descuartizamiento. Se cortaron casi siempre manos y pies, los pechos a las mujeres –cosa que ya tratamos en otro artículo- y los genitales a los hombres, a los que luego se les vendía como esclavos para gineceos –caso de los mártires Proto y Jacinto, Nereo y Aquiles, entre otros-. También se les cortaba la lengua a los que replicaban al pretor o juez con insolencia, gritaban con estridencia, le insultaban o proferían injurias contra las divinidades paganas.
Santa Avia: una de las compañeras de Santa Úrsula, la tradición sostiene que sus captores le amputaron los pechos con cuchillos sin afilar para darle mayor tormento.
Santas Basilisa y Anastasia: les amputaron manos y pies, pechos y lengua, y fueron dejadas para desangrarse hasta que fue decidido que las remataran.
Santa Cristina: al final de su largo proceso, como siguiera confesando su fe con ánimo e insistencia, el pretor Juliano mandó cortarle la lengua.
Santa Febronia: le amputaron los pechos, manos y pies, y finalmente la cabeza.
Santa Orosia (en la imagen): le cortaron manos y pies.
Santa Ebba y compañeras: el suyo fue un caso de automutilación voluntaria. Como el convento se viese asaltado por bandidos sajones y temieran ser violadas, la abadesa Ebba se cortó ella misma la nariz y el labio superior, siendo imitada por sus compañeras. Su aspecto quedó tan horrible que los sajones no las quisieron tocar, pero las quemaron vivas.
Santa Taciana: le fueron extraídos los dos ojos con un garfio calentado al rojo vivo.
Santa Sinforosa y San Leodegario de Autún: les vaciaron los ojos a punzadas.
Santa Hripsime: mutilada de pechos, manos y pies, le sacaron los ojos también.
Santa Victoria de Córdoba: le cortaron manos y pies, y como profiriera grandes gritos de dolor que molestaban a los verdugos, se dio orden de cortarle la lengua.
Santa Anastasia Romana: le cortaron manos y pies, luego brazos y piernas. Como suplicara que le diesen algo de agua, le cortaron la lengua.
Aunque parezca una obviedad, a los santos que padecieron mutilaciones se les invoca contra pérdidas de miembros, hemorragias, a favor de los que padecen discapacidades por falta de miembros, las víctimas de accidentes, y para las consecuencias psicológicas que se derivan de estas situaciones.
Meldelen
También sufrieron mutilaciones: los Santos Adriano, Quirico y Julita, Mario, Bruno de Querfurt (le cortaron la mano derecha) y Juan Damasceno, que le cortaron una mano aunque a este le fue restituida por la Virgen María, así que no se vale.
Martyrium: suplicio por fuego

Tras la fractura de un hueso, la quemadura es la lesión más dolorosa que percibe el cuerpo humano. A tal efecto se aplicaban en el tormento diversos métodos para quemar zonas del cuerpo, por lo general axilas, costados, pechos en el caso de las mujeres, genitales, plantas de las manos y de los pies, es decir, las zonas del cuerpo más sensibles. Esto se hacía con la aplicación de instrumentos metálicos calentados al rojo vivo, tales como tenazas, barras, planchas o pinzas, que además tenían la propiedad de cauterizar al aplicarse sobre heridas de tormentos anteriores. Se podían aplicar también antorchas o hachones encendidos. De igual modo podían disponerse lechos de brasas –a menudo combinados con trozos de vidrio o cerámica rotos- o parrillas grandes sobre los que tendían al supliciado.
Las quemaduras que producían estos instrumentos eran lesiones muy graves que se infectaban enseguida y causaban la muerte. Estos tormentos fueron muy típicos en todas las etapas de la Historia, se usaron profusamente en la Edad Media – inspirados por los antiguos y espantosos ritos de ordalía en los pueblos bárbaros de Europa- y han durado invariablemente hasta hoy, sin que hayan desaparecido en absoluto, únicamente modernizados por instrumentos contemporáneos.
Y aquí el habitual registro de mártires –no exhaustivo, como siempre- que sintieron en carne propia este suplicio, y a las que se podría invocar en caso de quemaduras –pero no por ello dejar de recurrir a la medicina, claro está-.
1. Antorchas o hachas encendidas:
Santas Basilisa y Anastasia
Santa Victoria de Córdoba (con su hermano San Acisclo)
Santa Marta de Astorga
Santa Dorotea (le quemaron los pechos en una ocasión, y los costados en otra)
Santa Marina (Margarita) de Antioquía
Santa Caritina
Santa Regina
Santa Fermina (en la imagen)
Santa Bárbara
Santa Teodosia de Tiro
2. Planchas de metal calientes:
Santa Blandina
Santa Reparata
Santa Dignamérita
3. Barras de metal:
Santa Calíope (las usaron para quemarle la cara hasta desfigurarla)
4. Carbones encendidos:
Santa Caritina (usados para quemarle la cabeza, previamente rapada)
Santa Águeda (lecho de brasas)
5. Parrilla:
Santa Fe de Agen.
Santa Irene de Tesalónica.
Santa Fe, hija de Santa Sofía.
Santas Máxima y Donatila.
San Lorenzo.
San Vicente mártir.
Santos Tirso y Calínico. 14 de diciembre.
Santos Macedonio y Teódulo de Frigia. 12 de septiembre y 19 de julio.
6. Tenazas o pinzas:
Santa Águeda (aplicadas a los pechos)
7. Atados a un poste y quemados vivos:
Santa Juana de Arco
San Orestes
8. Dentro de un toro de bronce ardiendo:
Santa Pelagia de Tarso
Santos Estaquio, su mujer Teopista, y sus hijos Agapio y Teopisto.
Meldelen
Martyrium: exungulación

Esta palabreja designa el acto extremadamente horrible de arrancarle las uñas a alguien, y que lógicamente tenía gran efectividad como método de tortura. Se menciona algunas veces en la Antigüedad, especialmente por lo que concierne a Persia, pero su uso se masificó en la Edad Media, sobre todo por parte de la Inquisición. Parece que su origen se sitúa en Persia y en China, con el cruel método de introducir astillas de madera o de bambú bajo las uñas y desprenderlas a golpe de maza. Pero en el caso de Roma, las fuentes mencionan el uso de úngulas o tenazas dentadas, con las que se arrancaban, indistintamente, las uñas de manos y pies. Aunque éstas vuelven a crecer tarde o temprano, fácilmente se infectaban, generando una tremenda inflamación que imposibilitaba el uso de los pies o las manos y que a menudo, si se extendía la gangrena, generaba la pérdida de estos miembros, o la muerte por infección masiva. Lo padecieron:
Santas Justa y Rufina: (en la imagen) forzadas, después de ello, a caminar con los pies hinchados desde Hispalis (Sevilla) hasta las minas de plata en Sierra Morena. No pudieron realizar el trayecto de vuelta y hubieron de ser cargadas en el carro del pretor.
Santa Eulalia de Barcelona
Santa Anastasia Romana
Santa Victoria de Córdoba
Santa Caritina
San Benjamín
San Andrés Bobola
Martyrium: potro, garrucha, ecúleo, prensa

Se dice que el dolor físico más intenso que puede experimentar el cuerpo humano es la fractura o dislocación de un hueso. A tal efecto existían una serie de instrumentos horribles, anteriores a Roma pero muy usados durante este período, que se empleaban invariablemente en los procesos de tortura como castigo o presión.
El potro o caballete, conocida mesa de extremos móviles -que podía tener muchas formas y colocarse en diversas posiciones- estiraba las extremidades del cuerpo hasta dislocar las articulaciones, al tiempo que podían usarse otros métodos de tortura. La afirmación que hacen los hagiógrafos de que “el tuétano saltaba y se derramaba por el suelo” parece exagerada, pero se podía morir de dolor en medio del tormento. No se puede hacer una lista exhaustiva de las mártires que lo padecieron dado lo masivo de su uso, que fue retomado en la Edad Media y ha continuado hasta el pasado siglo, pero podemos establecer las principales:
Santa Águeda (en la imagen). 5 de febrero
Santa Felícula (murió en el tormento). 14 de febrero.
Santa Devota. 27 de enero.
Santa Marina (Margarita) de Antioquía. 18 de julio.
Santa Bárbara. 4 de diciembre.
Santa Juliana de Nicomedia (lo padeció dos veces). 16 de febrero y 28 de junio.
Santa Martina. 30 de enero.
Santa Julita. 16 de junio.
Santa Gudena (lo padeció cuatro veces)
Santas Justa y Rufina. 19 de julio.
San Blas. 3 de febrero.
San Vicente mártir. 22 de enero.
Santas Reparata y Benita. Extendidas sobre el las rociaron con sustancias ardiendo. 8 de octubre.
San Juan Yi Yun-il, mártir de Corea, descoyuntaron todos sus miembros, estirándolos, luego de azotarlo. Fue la última víctima de esta persecución. 21 de enero.
San Juan mártir. 7 de septiembre.
Santos Exuperancio y Marcelo, fueron tendidos sobre el potro y descoyuntados, además, les quemaron los costados y fueron apaleados.
Santos Trófimo y Eucarpo.
San Nicolás Owen, religioso jesuita, y mártir en Londres, fue cruelmente torturado en el potro para que revelase los escondites que había establecido durante años para esconder a los sacerdotes. 22 de marzo.
San Argimiro de Córdoba, fue atormentado en el potro y finalmente traspasado por una lanza. 28 de junio.
La garrucha era una especie de polea de la que se suspendía a la persona y se le tironeaban las extremidades hasta descoyuntarlas, o en ocasiones se utilizaba una vez ya estaba el cuerpo desgajado previamente en el potro, para extremar el dolor. Fue muy usada por la Inquisición. En cuanto a mártires cristianas, es conocida Santa Dorotea, que padeció este suplicio por dos veces. Al estar la víctima colgada, se recurría al mismo tiempo a otros tormentos.
El ecúleo, habitualmente llamado cruz de San Andrés, no era realmente tal cruz sino un potro vertical en forma de X o aspa cuyos cuatro brazos se prolongaban hasta desencajar las articulaciones, según afirma el P. Rivadeneira (se llama "de San Andrés", porque el santo apóstol murió en una cruz así). Célebre es el caso de Santa Eulalia de Barcelona, que aparece asociada a él, y que es confundido con la cruz en la que luego fue crucificada. Es decir, que el instrumento con el que aparece, a veces portándolo, otras sujeta a él, es el ecúleo, no la cruz en la que moriría clavada. Las hermanas Santas Sabina y Cristeta de Ávila, junto con su hermano Vicente, también padecieron este suplicio.
Por último cabe hablar de la prensa, que no es más que la máquina usada para exprimir la uva, que en ocasiones y especialmente en Persia y la parte oriental del Imperio era usada para aplastar el cuerpo del condenado. Método tan horrible causaba la muerte inmediatamente, o como mínimo dejaba a la víctima lista para remate. Se menciona este uso en el caso de Santa Demiana en Egipto, Santa Arquelaide, Santos Jonás y Baraquiso.
Todos estos instrumentos están perfectamente documentados en la Antigüedad clásica y fueron masivamente usados tanto antes como después. Aparte del inimaginable dolor que estas aberrantes máquinas producían, las lesiones, aunque reversibles, eran lentísimas en sanar; y con frecuencia ocurría que los huesos no soldaban bien y daban lugar a taras y discapacidades de por vida (en otras palabras, creaban individuos inútiles y desechables según la cruel sociedad de entonces). A menudo se prodecía a estos tormentos en primer lugar, y a partir de ese punto el torturado ya no podía valerse por sí mismo ni tenerse en pie, por lo que era arrastrado por los carceleros, arrojado escaleras abajo, y un sinfín de infamias y afrentas añadidas que los hagiógrafos callan por ignorancia o piedad.
Naturalmente, todos estos mártires se pueden invocar, y se invocan, para dolores de huesos, fracturas, dislocaciones, caídas y demás traumatismos óseos.
Martyrium: violación y humillación pública

Uno de los componentes de toda tortura es la humillación, que por ser psicológico y no físico el daño que produce, se tiende a minusvalorar. Sin embargo basta un esfuerzo para ponerse en la piel del otro para imaginar el horror y la vergüenza de semejante procedimiento, que es patrimonio de todas las culturas y de todos los tiempos. Las torturas se ejecutaban en público y dada la desnudez de la víctima, ello era ya bastante humillante de por sí, pero a menudo las mujeres eran las más afectadas. La exhibición de la víctima desnuda era algo que se hizo cin frecuencia y se hacía con hombre, mujeres, ancianos y niños, invariablemente, que recibían el insulto y la burla de la multitud. Se los paseaba por las calles y se les exhibía en sitios públicos a tal efecto. Pero no era lo peor, ya que todos ellos estaban expuestos, en cualquier momento, y especialmente las mujeres, a ser víctima de una agresión sexual.
De esto no hablan las fuentes cristianas por pudor y piedad, pero existía una ley en Roma, tan antigua que procedía de los legendarios tiempos de la monarquía, según la cual una virgen no podía padecer ni tortura ni muerte. Violar esta ley era un sacrilegio tal, que no se conoce momento en que fuera inflingida. La virgen, ser puro e inmaculado, era un regalo de los dioses, y lo que viene de los dioses ni se ofende ni se destruye. Por eso, hecha la ley, se hizo la trampa; y para no obstaculizar procesos de condenas y ejecuciones que implicaban a mujeres vírgenes, se las violaba antes de proceder a la tortura o a la ejecución, porque ninguna ley prohibía ejercer ese tipo de violencia contra ellas –en todo el mundo antiguo, el único Estado que contempló la violación como delito fue el Egipto faraónico- . Esto significa que la inmensa mayoría de aquellas que veneramos como vírgenes y mártires, con toda seguridad ya no eran lo primero en el momento de su suplicio y/o ejecución. Conscientes de la dureza y el horror que asumir esto implicaba, los hagiógrafos inventaron mil prodigios que protegían la castidad de las casadas y la virginidad de las solteras, para edificar al lector y convencerle de que el poder de Dios velaba sobre sus fieles. Tristemente, la realidad era otra.
Algunos relatos mencionan el traslado de algunas mujeres a burdeles, donde se las forzaba a ejercer la prostitución, esto no era más que otro modo de solventar esta cuestión. Pero no es cierto, como se ha dicho, que fuera un castigo únicamente reservado a las cristianas, como tampoco es cierto que a ellas esto las horrorizara más que a las paganas; este proceder inhumano se aplicaba a las condenadas vírgenes profesaran la religión que profesaran, y naturalmente es injusto pensar que para una pagana fuera menos horrible que para una cristiana.
No se puede hacer una lista exhaustiva de las mártires agredidas de este modo, que en la Roma imperial serían prácticamente todas, pero podemos hablar de aquellas que las actas sí mencionan explícitamente este procedimiento contra ellas. En primer lugar, las que fueron forzadas a la prostitución en un burdel:
Santa Inés (en la imagen)
Santa Águeda
Santa Lucía
Santa Daría
Santa Teodora de Alejandría
Las que fueron exhibidas desnudas ante la multitud o paseadas así por las calles:
Santas Basilisa y Anastasia
Santa Bárbara
Santa Inés
Santas Perpetua y Felicidad
Santa Sinclética y sus dos hijas
Santa Irene de Tesalónica
Santa Eulalia de Mérida
Santa Sinforosa
Santa Blandina
Santa Episteme
Santa Teodosia de Constantinopla (mártir de los iconoclastas, en el Bizancio medieval)
Santa Cristina de Bolsena
Santa Teonila
Santas Ágape, Quione e Irene.
Los Santos mártires de Tiro (no se conservan los nombres), que fueron expuestos desnudos a las fieras con los cuerpos azotados previamente y finalmente fueron degollados. 20 de febrero.
Las que murieron defendiéndose de un intento de violación, -o se suicidaron para evitarlo-, no se limitan tan sólo a la Edad Antigua, haciendo notar que la crueldad de este método va más allá de Roma:
Santa Eutalia
Santa Dula
Santa Eufrasia de Nicomedia
Santas Domnina y sus hijas Verónica y Proscudia
Santa Pelagia de Antioquía
Santa Irene de Tesalónica
Santa Saturnina de Arrás
Santa Belina de Landreville
Santa Tomaide de Egipto
Santa Solange
Santa Úrsula y compañeras
Santa Sofía de Fermo
Santa Laura de Constantinopla y compañeras trinitarias mártires.
Mención aparte merecerían las llamadas mártires de la pureza, que son básicamente lo mismo, mujeres que murieron violentamente en defensa de su integridad física, o porque rechazaron propuestas de tipo sexual; pero se trata de un término acuñado en el siglo XX y por tanto se limitaría a las mártires de este siglo:
Santa María Goretti
Beata Pierina Morosini
Beata Antonia Mesina
Beata Albertina Berkenbrock
Beata Teresa Bracco
Beata Lindalva Justo de Oliveira
Beata Karolina Kozkówna
Beata María Clementina Anwarite Nengapeta
Sierva de Dios Josefina Vilaseca
Sierva de Dios Concetta Lombardo
Sierva de Dios Santa Scorese
Sierva de Dios Marisa Porcellana
Sierva de Dios María Vieira
Sierva de Dios Angelina Zampieri
Sierva de Dios Marisa Morini
Sierva de Dios María de la Luz Cirenea Camacho González
Sierva de Dios María de San José Parrá Flores
Sierva de Dios Coleta Meléndez Torres
Sierva de Dios Elena Spirgevidutè
Sierva de Dios Anna Kolesarova
Sierva de Dios Bodi María Magdolna
Sierva de Dios Verónica Antal
Sierva de Dios Isabella Cristina Mrad Campos
Sierva de Dios María Israel Bogotá Baquero
Sierva de Dios Bárbara Umiastauskaite
El hecho de que la agresión sexual a la mujer vaya más allá de la Antigüedad y de un sistema cruel y machista, que se prolonga hasta nuestros días en un mundo considerado moderno, igualitario y libre, debería hacernos reflexionar. Por otra parte, todas y cada una de estas santas, beatas y siervas puede ser -y suele ser- invocada en situaciones semejantes.
Meldelen
A las mártires por la defensa de su castidad, hay que añadirle, en justicia a algunos varones, a los que raramente se les da este título y son: San Pelayo de Córdoba (26 de junio), adolescente mártir que se negó a complacer al sultán. Y los más conocidos: San Carlos Lwanga y sus 12 compañeros mártires (3 de junio). Carlos rechazó de plano las insinuaciones homosexuales del soberano, que había vuelto al paganismo, lo que le valió un atroz martirio. Aunque a estos chicos les diferencia de las chicas que no murieron en una violación, su acto de valentía es el mismo. Por cierto, San Carlos era de Uganda, único país africano donde menos sida hay, porque retrocede y, por cierto, donde menos preservartivos se venden.
Y yo, añado, la curiosidad de la humillación pública (hoy no lo sería tanto, según andamos) a la que fueron sometidos los santos Sergio y Baco: fueron paseados vestidos de mujer antes de ser martirizados.
Ramón
Martyrium: ¡a los leones!

Probablemente el suplicio más notable y conmovedor de la Antigüedad clásica sea el suplicium ad bestias, que consistía en arrojar los condenados para que fueran devorados por animales salvajes. Pero se han dicho muchas cosas que no son ciertas sobre esto, ya sea por ignorancia o maldad.
En primer lugar, este tipo de ejecución no fue un invento romano, ni siquiera era un espectáculo profano en principio. Formaba parte de ciertos rituales y juegos funerarios en la cultura etrusca, predecesora de Roma, y consistía en una serie de luchas a muerte entre condenados o de éstos con las fieras; pero también luchaban profesionales que se prestaban voluntariamente a ello y que además recibían un salario por esto, siempre que sobrevivieran, claro. Formaba parte de la religión funeraria etrusca. Roma, cautivada por lo exótico y sangriento de estos ritos, los tomó, transformó y adaptó a su mentalidad, convirtiéndolos en el espectáculo profano que no es más familiar. Tales espectáculos tenían lugar en el anfiteatro –y no en el circo, como tienen muchos la manía de decir-, y no se vio a un cristiano en la arena hasta la primera persecución, desatada por Nerón, que tras incendiar Roma no halló mejor chivo expiatorio que aquel nuevo culto al que todos detestaban. Son los Protomártires de Roma.
La variedad de animales, machos y hembras, que participaban en los juegos era abrumadora: felinos salvajes (leones, tigres, leopardos, panteras…) bovinos (toros, uros, búfalos) caninos (perros, lobos, mastines), así como elefantes, rinocerontes, osos, cocodrilos… en fin, una amalgama interminable. Para asegurarse de que iban a atacar cuando estuviesen en la arena, se les retiraba todo alimento días antes del espectáculo y se les maltrataba continuamente. Así, cuando saltaban a la arena estaban absolutamente hambrientos y rabiosos, de modo que, pese a lo que las piadosas leyendas nos dicen, embestían contra todo lo que se les pusiera por delante y lo devoraban brutalmente. Esto tenía que ser así porque los espectáculos eran muy caros y los costeaba el emperador y las familias patricias de su propio bolsillo, por lo que no había lugar a errores. Tras el espectáculo estos animales eran inmediatamente sacrificados, pues al haber comido carne humana se volvían impuros –según la religión pagana- y aún más peligrosos que antes.
Aunque estamos acostumbrados a ver la romántica escena del mártir atado a un poste esperando a la fiera, esto casi nunca se hacía: al público le parecía más divertido ver al condenado correr y gritar tratando de huir, o encarándose a la fiera por ver si podía vencerla. Se vestía a los condenados con pieles y se les rociaba con sangre para volverlos más apetitosos para las fieras. Los juegos eran de una extrema crueldad y el pueblo acostumbraba a llevar a sus hijos al anfiteatro desde muy niños, para que se fortaleciera su carácter con la contemplación de ese espectáculo. Del suplicio se libraban todos los ciudadanos romanos, pero no se respetaba a nadie ni por sexo ni por edad, tan sólo las mujeres embarazadas; pero después del parto igualmente se las arrojaba a las fieras.
Es imposible hacer una lista mínimamente exhaustiva dada la infinidad de mártires que padecieron este vergonzoso suplicio público, pero se puede hacer colocando en primer lugar al animal responsable –es un decir, los responsables son las personas y su inmensa crueldad- de su martirio. Huelga decir que acabado el espectáculo, se remataba a quienes aún seguían con vida.
Oso: Santa Columba de Sens.
Leones: Santas Tecla de Iconio, Blandina (en la imagen), Eufemia de Calcedonia, Rufina de Sevilla, Crescencia, Martina, Donatila, Máxima y Segunda, Gliceria, Taciana, Marcionila, Prisca, Basilia, Ancia, Fortunata y Dominica (Ciríaca), San Ignacio de Antioquía, San Germánico, San Mamés.
Leopardo: Santa Marciana de Cesarea, en África.
Toro, vaca: Santas Tecla de Iconio, Marciana de Cesarea, Blandina, Perpetua y Felicidad de Cartago, San Saturnino.
Cocodrilo: Santa Tecla de Iconio.
Meldelen
Martyrium: ahogamiento

En artículos anteriores hablábamos de la importancia del fuego en la religión como elemento purificador. Existe otro elemento que tiene idéntico valor, el agua; pero mientras el agua dulce precisa una serie de ritos para volverla sagrada, el agua salada lo era por naturaleza: así lo entendían los antiguos. Del mismo modo que se quemaba a los sacrílegos, también se les arrojaba al mar, cuya agua salada los purificaría de su ofensa a la divinidad. Tal cosa se hacía con los cristianos, con una doble maldición añadida: el cuerpo insepulto no dejaba a su alma reposar en paz –según la religión pagana- y tampoco podía ser venerado por la comunidad cristiana, a menos que se recuperara, cosa que siempre entrañaba sus riesgos.
Al sentenciado se le ataba un peso al cuerpo, casi siempre un pedrusco mal labrado –no es sensato pensar que se recurriera sistemáticamente a ruedas de molino y anclas, que eran más útiles en molinos y barcos- y se le hundía en el mar. Pocas veces se dan casos de recurrir a ríos o lagos, porque el agua dulce era mejor reservarla para personas, animales y cultivos; y naturalmente arrojar un cuerpo a ella implicaba contaminación.
Podemos dividir a las mártires entre las que fueron arrojadas al mar como sentencia final, y perecieron ahogadas; y aquellas que siendo ya cadáveres fueron sumergidas con la intención de hacer desaparecer sus restos.
Santa Cristina de Bolsena: la leyenda nos dice que por orden de su padre fue arrojada al lago Bolsena con una rueda de molino como peso. Como suele suceder en estos relatos, es inmediatamente rescatada por una cohorte de ángeles.
Santa Áurea: fue ahogada en el puerto de Ostia, pero al poco la marea devolvió su cadáver a la orilla, siendo inmediatamente rescatado.
Santa Teodosia de Tiro: ahogada en el mar, sus restos se perdieron.
Santa Beatriz: su cuerpo fue arrojado al Tíber, algunas versiones afirman que la ahogaron y otras que ya había sido estrangulada antes de ello.
Santa Honorina: arrojado su cadáver al Loira, lograron recuperarlo.
Santa Juana de Arco: las cenizas y huesos calcinados fueron a parar al Sena a su paso por Rouen, y se perdieron irremediablemente. Cualquier reliquia que digan que es de ella es pues, rotundamente falsa 1.
Las siete vírgenes de Amisus: Tecusa, Claudia, Matrona, Juliana, Alejandra, Claudia y Eufrasia, fueron ahogadas en un lago. Recuperó sus cuerpos Teotecno, sobrino de Tecusa y les dio honrosa sepultura, siendo luego martirizado por ello.
Santas Domnina, Verónica y Proscudia: madre e hijas respectivamente, prefirieron arrojarse a un rápido torrente antes que ser violadas por los soldados que las habían capturado. La corriente las arrastró y se ahogaron.
Santas Domnina y Teonila: el presidente Lisias, encargado de su proceso, tras hacerlas morir entre torturas dispuso que sus cuerpos fuesen metidos en sacos y hundidos en el mar. Sólo las conocemos por este relato.
Santa Sinforosa (en la imagen): tras varios tormentos, fue arrojada el Tíber en presencia de sus siete hijos, donde pereció ahogada. Su cuerpo fue rescatado después y enterrado.
Santas Rufina y Segunda: arrojadas al río con pesos, por un milagro éstos flotaron y pudieron salir por su propio pie.
Santa Helena de Sínope: su cadáver destrozado fue metido en un saco y tirado en alta mar, pero al verlo flotar otro navío, fue recogido y devuelto a tierra.
No incluimos aquí a Santa Filomena, tradicionalmente asociada a la iconografía del ancla, porque su historia, como ya hemos dicho, es resultado de la mala interpretación de este símbolo en su lápida, que en realidad alude a la cristiana virtud de la esperanza. Por este mismo motivo tampoco incluimos a Santa Caritosa, mártir de las catacumbas venerada en Bronte.
Entre los mártires, destacan San Silvestre (con ancla), San Juan Nepomuceno (en pleno siglo XIV), San Florián, San Vicente mártir (ambos con rueda de molino) y San Julián de Anarzaba (en un saco con un perro y serpientes)
Como excepción mencionaremos a dos valientes mujeres escocesas, la joven Margaret Wilson y la anciana Margaret McLachlan, protestantes presbiterianas, que por no acatar el juramento de obediencia al rey inglés como cabeza de la Iglesia –que además las forzaba abjurar del presbiterianismo y adoptar el anglicanismo-, fueron salvajemente ahogadas en el mar. Sin embargo es importante tener claro que no eran católicas, y por tanto, aunque han sido homenajeadas como mártires por sus correligionarios, no se cuentan entre el número de los Santos, al no haber veneración de éstos en el protestantismo, pero no son menos mártires.
Meldelen
1 Hoy se sabe que eran de un gato, cosa lógica, pues en algunos sitios se arrojaba un gato a las hogueras de los condenados.
Martyrium: Asaeteamiento

Esta palabra, en principio tan compleja, define simplemente el acto de herir o matar a alguien disparándole con un arco. En principio no era un método de ejecución en Roma, parece que se trataba de uno de los castigos aplicados a los soldados indisciplinados o rebeldes en el ejército. Era frecuente usar, pues, al desobediente como diana para que los arqueros hicieses sus prácticas de tiro. Era una agonía lenta y muy dolorosa, ya que rara vez se tiraba a matar, y se podía sobrevivir si no se hería algún órgano vital y se propiciaban inmediatamente cuidados médicos (caso del mártir San Sebastián).
Con todo, parece que en algunos casos las dianas fueron cristianos que se negaban a obedecer el edicto imperial de sacrificio a las divinidades paganas. Otras veces parece, sin embargo, que fueron abatidos mientras huían, lógicamente la única arma que alcanza un blanco en huida es el arco, y en ocasiones la lanza. La muerte se producía, obviamente, por hemorragia –más interna que externa-, pero por más que se alargase la agonía no solían esperar hasta el final, sino que a una orden del superior se remataba por flechazo en el corazón. Muchas veces, si el ajusticiado era soldado, se le encomendaba la horrible tarea de supliciarlo a sus compañeros de tropa, de modo que servía de escarmiento público.
Normalmente las mártires que han padecido este suplicio suelen llevar una o varias flechas en la mano, a sus pies o la llevan atravesadas en el cuello o en el pecho. Son:
Santa Cristina de Bolsena: el asaeteamiento fue su suplicio final. Hubo especial ensañamiento con ella, pues le atravesaron el abdomen con diversos tiros antes de rematarla.
Santa Irene de Tesalónica: no parece claro ya que algunas versiones le atribuyen muerte en la hoguera, pero otras afirman que huyendo de los soldados que tenían por orden violarla y ejecutarla, fue abatida a flechazos desde lejos.
Santa Úrsula: (en la imagen) parece que durante la masacre de las vírgenes de Colonia, algunas habían formado un círculo en torno a ella, como para protegerla, pero fue abatida de lejos por un disparo en el corazón. El resto parece que murieron a espada, sin embargo, cuando alguna de ellas es representada individualmente –Santa Odilia, por ejemplo- suelen colocarle la flecha como símbolo del grupo al que pertenece.
Santa Marcela de Quíos: huyendo de su padre, que pretendía violarla, fue herida por varias flechas lanzadas por éste. Debilitada por la pérdida de sangre, fue al fin alcanzada, torturada y asesinada por negarse a los intentos de este hombre sin escrúpulos.
San Teobaldo de Inglaterra, mercedario mártir.
San Raimundo de Blanes, protomártir de la orden mercedaria.
San Pedro Malasanch, mercedario mártir.
Alguna mente perspicaz habrá colegido que no incluyo aquí a la célebre Santa Filomena, que también aparece portando un haz de flechas, ya que según la leyenda se le aplicó este suplicio dos veces, siendo efectivo el daño tan sólo en la primera. El problema es que esta historia, supuesta revelación de la mártir por vía privada es una reconstrucción fantástica de los símbolos mal interpretados de su lápida en las catacumbas. Algo parecido sucede con la niña mártir Santa Grania. Por lo tanto, baste con mencionarlas por la iconografía, pero no se las puede considerar con la seriedad que conviene para las otras mártires mencionadas.
Meldelen
Martyrium: hogueras y hornos

La hoguera o pira siempre ha tenido un simbolismo especial desde antes de la cultura grecorromana. El fuego, elemento mágico y devastador, fue considerado siempre como agente purificador que borraba toda mancha. De ahí que uno de los rituales funerarios más ancestrales sea la incineración. No sabemos cuándo empezó a usarse, tristemente, como medio de ejecución, pero igualmente jugaba como rito de purificación. Se quema al blasfemo, al sacrílego, al hereje; y se ha quemado desde el mundo antiguo hasta nuestros días, siendo especialmente conocida la etapa medieval con su caza de brujas. Al quemar al que ha cometido la falta, se le purifica a él o ella y a la sociedad, que queda limpia de la mancha que ofendía a la divinidad.
Para los paganos, naturalmente, un cristiano era blasfemo y sacrílego, pues aunque les era fácil tolerar otros cultos, no toleraban en cambio que se atentara contra el suyo. Desobedecer un edicto imperial, romper la imagen de un dios, o injuriar el panteón pagano era intolerable profanación política, moral y religiosa para los antiguos. Y muchas veces la forma elegida para expiar dicho sacrilegio era el fuego.
Estamos acostumbrados a contemplar el mártir atado en su estaca en medio de un montón de leña, pero ésta es la modalidad medieval de hoguera. En el mundo antiguo era distinto: se preparaba, en efecto, una pira, o bien elcondenado era forzado a arrojarse a ella, o se le ataba desnudo a cuatro estacas en posición horizontal (brazos y piernas abiertos en X), mirando al cielo, y bajo su espalda se encendía la pira. Muchas veces sólo se empleaba como tortura, por lo que el fuego estaba bien controlado, o se extinguía rápidamente si el condenado aceptaba cumplir el edicto.
Algunas mártires que padecieron este suplicio son:
Santa Anastasia de Roma (en la imagen): también llamada de Sirmio o la Dispensadora de Medicinas (Pharmakolytria), gracias a su caso hemos podido documentar bien la modalidad antigua de hoguera.
Santa Inés: arrojada por la fuerza sobre la pira, en su caso los autores de la passio nos hablan de una milagrosa inoperancia de las llamas –lo cual es recurrente en las leyendas hagiográficas- por lo que se hubo de recurrir al degollamiento. (con todo tengo mis dudas de la validez de su caso, porque si realmente era miembro de la gens Clodia jamás se le hubiese dado muerte infame y dolorosa a la hija de dos ilustres patricios como eran Honorio Plácido y Laurencia.)
Santa Lucía: ocurre lo mismo que en el caso de Inés.
Santas Ágape, Quione e Irene. mártires de Tesalónica, fueron quemadas por no querer comer carne sacrificada a los ídolos. 1 de abril.
Santa Zoe de Roma: colgada de un árbol, se le encendió la hoguera bajo los pies, cuyo humo la asfixió antes de que las llamas la tocasen. Esto se debe a que se usó excrementos como combustible, que desprenden gases letales al quemarse.
Santa Febronia (Trofimena): modelo de pira como tortura.
Santa Afra de Augsburgo: su caso es ciertamente interesante, pues siendo sacerdotisa de Venus y habiendo apostatado de ella en pro de la fe cristiana, se entendió que había injuriado a la diosa y fue quemada como sacrílega. Junto con ella, y por la misma causa, Santas Hilaria, su madre; y Digna, Eunomia y Eutropia, sacerdotisas compañeras.
Santa Apolonia: linchada y amenazada con la hoguera, prefirió arrojarse ella misma antes que ser forzada a ello. (Por eso los ortodoxos no la consideran mártir, sino suicida).
Santa Restituta de Túnez: colocada en una barca lubricada con pez, incendiada y abandonada a la deriva en el mar.
Santa Augusta de Serravalle: su padre la hizo colgar de un árbol y le encendió un fuego debajo, que no la dañó.
Santa Juana de Arco.
Existe una variante de la hoguera, el horno, que tenía prácticamente el mismo simbolismo y operancia. Solía encerrarse a la víctima en un horno metalúrgico (y no de pan, que obviamente se destinaba a la producción del alimento). Dado que incineraba cualquier cuerpo en poco rato, para suavizar la brutalidad de este sistema los hagiógrafos también suelen recurrir a milagrosas inoperancias para edificación del lector.
Santa Cristina de Bolsena
Santa Reparata
Santa Dróside: probablemente sea una mártir legendaria, pero la leyenda la hace hija de Trajano, que se arrojó voluntariamente al horno en un descuido de su familia. Poco antes que ella habían sido quemadas las Santas Áglae (o Aglaya), Apolinaria, Mamtusa y Thais.
Santas Calixta y Cristeta: fueron quemadas en la hoguera, aunque por error de interpretación aparecen muchas veces metidas en un caldero.
Aunque muchas veces aparezca representada Santa Eulalia de Mérida portando un hornillo en la mano, no parece que éste fuera su destino, sino que fue quemada con antorchas, lo que ya trataremos en otra ocasión.
Meldelen
También fueron quemados vivos, de diversas maneras y lugares:
Beato Juan Forest, franciscano mártir de Inglaterra, como madera se usaaron las imágenes de la iglesia conventual.
Beato Juan de Prado, franciscano mártir de Marruecos.
San Cesidio Giacomantonio, franciscano martir de China. cuando intentaba proteger de las turbas el Santísimo Sacramento, fue apedreado y, envuelto con un lienzo empapado en petróleo, quemado vivo. 4 de julio
Beata Carmen Moyon, capuchina española: la rociaron con gasolina y le prendieron fuego.
Santos Vicente y Leto
Santa María Lang-Yang: joven catecúmena china; la quemaron viva con su hijo de siete años, San Pablo Lang-Fu, luego de ser atada a un árbol, ser atravesada repetidamente con una lanza y quedar viva. 16 de julio.
Santa Sara de Antioquía, fue denunciada por ser cristiana, por su propio marido, el senador Sócrates, a las autoridades, que la hicieron quemar viva a ella y a los dos niños.
Santa Justa de Bazzano, quemada viva en un horno.
San Julián de Cesarea, por besar y venerar los cuerpos de los mártires Elías, Jeremías, Isaías, Samuel y Daniel, fue quemado a fuego lento.
Santos Urbano, Teodoro, Menedemo y otros mártires de Nicomedia, fueron metidos en un barco y quemados en alta mar. 5 de septiembre.
Santos Luciano y Marciano de Nicomedia, quemados vivos en hoguera. 26 de octubre.
San Nemesio. 19 de diciembre.
San Plácido. Colgado cabeza abajo. 5 de octubre.
Santos Primo, Feliciano, Concordia, Evidio, Marino y Patrono.
San Tiburcio. Sobrevivió, porque las brasas se convirtieron en flores, al final fue degollado.
San Alejandro de Sicilia, mercedario. 1 de abril.
Santos Teófilo y Eladio, fueron quemados vivos, luego de ser torturados con cascos puntiagudos. 8 de enero.
San Pedro Balsami. 11 de enero.
Santos Fructuoso, Augurio y Eulogio de Tarragona. 20 de enero.
Santos Severiano y Aquila. 23 de enero.
San Eleuterio mártir.
San Francisco de Morales, dominico.
Beato Jerónimo de Angelis, jesuita mártir de Japón.
San Pedro de Bearn, mercedario. 28 de abril.
San Ricardo de Santa Ana, franciscano.
San Abibo de Edesa, diácono. 15 de noviembre.
Santos Cirión, Agatón y Moisés de Alejandría. 14 de febrero.
San Teodoro de Amasea, fue terriblemente azotado y finalmente quemado vivo. 17 de febrero.
Beatos Jorge Kaszyra y Antonio Lesczewicz de Polonia, presbíteros Marianistas, fueron quemados en la ocupación militar durante la guerra. 17 de febrero.
San Policarpo, obispo y mártir, discípulo de San Juan, cuando contaba ya casi noventa años, fue quemado vivo en el anfiteatro de Esmirna, mientras daba gracias a Dios. 23 de febrero.
San Pedro Palatino. 24 de febrero.
San Pionio de Esmirna, sacerdote. 11 de marzo
San Pedro de Nicomedia, era ayudante de cámara de Diocleciano y por lamentar los suplicios de los mártires y manifestar su admiración por ellos, fue detenido, azotes y terminó quemado a fuego en una parrilla. Sus compañeros santos Doroteo y Gorgonio, también esclavos del emperador, sobrevivieron a la parrilla y fueron finalmente estrangulados. 12 de marzo.
San Pablo de Chipre, monje que fue quemado vivo por defender las imágenes frente a los iconoclastas. 17 de marzo
San Anfiano de Cesarea, se enfrentó a golpes con las manos al prefecto Urbano, que obligaba a sacrificar a los dioses, queriendo impedir aquello, le envolvieron en lino empapado de aceite y le prendieron fuego y luego, vivo aún, fue arrojado al mar. 1 de abril.
Santos Mártires de Seleucia, (111 varones y 9 mujeres), por no querer adorar al fuego, fueron quemados vivos. 5 de abril.
San Crescente de Mira. 15 de abril
San Hespero y su esposa Zoe, junto con sus hijos Ciriaco y Teódulo, primero fueron azotados y luego arrojados a un horno. 2 de mayo.
Santa Antonina de Nicea. 4 de mayo.
Santos Casto y Emilio de África. 22 de mayo.
Beato Juan de Prado, franciscano. 24 de mayo.
Santos Domingo Toai y Domingo Huyen, mártires de China, fueron quemados vivos después de ser atormentados en la cárcel, donde alentaban a otros cristianos presos. 5 de junio.
Santos Pedro Dung, Pedro Thuan y Vicente Duong, laicos, mártires de China. Fueron condenados a la hoguera por negarse a pisar una cruz. 6 de junio.
San Vicente de Agen, fue quemado mientras se celebraba una festividad de adoración al sol. 9 de junio.
San Pedro Da, carpintero y sacristán, mártir de Vietnam, luego de varios tormentos fue arrojado a las llamas. 17 de junio.
Beatos Francisco Pacheco, y compañeros jesuitas mártires de Nagasaki.
Ramón
Martyrium: ollas, calderos y sartenes

En numerosas actas tenemos noticia de un tormento que consistía en introducir a un condenado en calderos, ollas o sartenes con sustancias en su punto de ebullición. Este espantoso sistema es anterior a Roma y parece proceder de Oriente, ya tenemos referencia a él en el Libro de los Macabeos, donde se narra el martirio de una madre –conocida como Santa Salomonia- y sus siete hijos. Luego parece que se mantuvo dentro del régimen romano como sustrato cultural que ya era propio de las provincias orientales.
Lo que hervía en estos recipientes era agua, aceite, u otras sustancias como resina, pez, grasa, o estos elementos formando fórmulas y composiciones. Era un tormento horrible ya que las lesiones que provocaba sólo podían sanar con un tratamiento adecuado que, como ya hemos dicho, no solía tener lugar. La mayoría de veces acababa en la muerte por deshidratación y quemaduras masivas, de modo que rara vez se admite en las actas de los mártires que llegaran a causar daño alguno: los autores recurren a milagros, prodigios u otras intervenciones o señales divinas, así como la inoperancia del tormento, para edificación del lector. Que era mejor que admitir que tormento como éste provocaba la muerte, si no inmediata, al menos en muy poco tiempo. En varios casos se recurría a introducir inmediatamente al condenado en agua fría, con la aviesa intención de aumentar el dolor con el brutal contraste de temperaturas.
Algunas santas mártires que padecieron este tormento son:
Santa Salomonia: nombre que se da a la madre de los Macabeos, y que está incluida en el santoral por considerarse mártir precristiana.
Santas Potamiena y Marcela: hija y madre respectivamente, esclavas, Potamiena se destacó especialmente por pedir ser introducida lentamente en el caldero –“así veréis cuánta paciencia me da mi Señor Jesucristo”- con lo cual su suplicio se prolongó durante tres horas.
Santa Juliana de Nicomedia (en la imagen). 16 de febrero.
Santa Parasceve de Roma (también conocida como Venera y Veneranda por los católicos occidentales).
Santa Regina de Alesia.
Santa Justina de Antioquía (junto con San Cipriano).
Santa Cristina de Bolsena.
Santa Crescencia (junto con su esposo San Modesto y su pupilo San Vito).
Santa Fausta.
Santa Caridad (hermana de Fe y Esperanza e hija de Santa Sofía).
Santa Julita (madre de San Quirce o Quirico).
Santa Régula (con Félix y Exuperancio).
Santos Crispín y Crispiniano: (primero fueron metidos en un caldero de plomo hirviendo, que no les causó daño alguno, aunque una gotita que tocó el ojo de su verdugo, Rictiovarus, le dejó ciego. Luego fueron metidos en una caldera con una mezcla de brea, grasa y aceite, donde no les pasó nada, entonces Rictiovarus, celoso, quiso ver que pasaba y, probarlo también y, claro, como en buena “passio” legendaria que se precie, terminó asado por idiota).
San Juan Evangelista: En un caldero de aceite hirviendo. (No murió de ello, sino que le vino bien para morir anciano. Antes se celebraba esta fiesta con el nombre "San Juan ante portam latinam").
Santa Lidia de Roma: esposa del senador Fileto, a la que metieron en un caldero de aceite hirviendo. (Aunque esto es dudoso, ya sabemos que la clase senatorial podía hasta elegir la forma en que quería morir, no creo que eligieran eso).
San Eleuterio y su madre Santa Antia.
Santos Jonás y Baraquiso, sobrevivieron a una de pez hirviente.
San Bonifacio de Tarso. Le metieron en una calera de pez hirviendo, pero la caldera se derritió, se quemaron los verdugos y el santo salió ileso.
El caso de Santa Cecilia, que muchas veces aparece representada dentro de un caldero de agua hirviendo, es rotundamente falso: como miembro de la gens Metela, una de las familias patricias más encumbradas de Roma, estaba totalmente exenta de cualquier tortura por su dignidad de matrona. A lo que fue sentenciada es a morir asfixiada en los vapores de su baño, que es muy distinto, pero ha sido malinterpretado como ser escaldada en agua hirviendo. Tampoco es válido el caso de las hermanas mártires Santa Calixta y Santa Cristeta, que fueron quemadas en la hoguera, aunque por error de interpretación aparecen muchas veces metidas en un caldero.
Meldelen
Martyrium: la crucifixión

Sobradamente conocida en la cultura cristiana por ser éste el método de ejecución de Jesucristo, probablemente se encuentre entre una de las formas más crueles de morir. Este sistema de ejecución no es de origen romano, lo tenemos documentado por primera vez en Cartago, siendo el modo de castigo que los generales púnicos empleaban con los soldados insubordinados. Debió causar gran impacto en los romanos porque lo tomaron para sí una vez destruida Cartago.
La crucifixión consiste en clavar una estaca vertical, a menudo reforzada y apuntalada por otras estacas y cuerdas, en el suelo. Luego, el condenado era conducido hasta ella cargando sobre sus propios hombros la estaca horizontal (patibulum) que ya llevaba fijada a los brazos mediante cuerdas. Se le izaba hasta la parte superior de la estaca vertical y a continuación se le amarraba a la misma. Esto significa que las cruces no estaban hechas de una sola pieza ni se cargaban a la espalda como solemos ver en los Calvarios; porque hubiera sido totalmente imposible pretender que un reo famélico o torturado, hombre, mujer o niño, pudiese llevar semejante peso. Esas imágenes se deben a una distorsión histórica por la mala interpretación de los hechos reales. De igual modo, rara vez se recurría al uso de clavos para fijar el condenado a las estacas, porque solía bastar con las cuerdas; sin embargo, si se usaban clavos, éstos se insertaban en las articulaciones de las muñecas y de los tobillos, y nunca en las palmas de las manos ni los empeines de los pies, porque ningún cuerpo se hubiese podido sostener así. Todo esto está fuera de toda discusión y ha sido demostrado por la historia, la ciencia, y aceptado sin ningún problema por la Iglesia.
La muerte se producía por asfixia, debido a la extrema dificultad de insuflar aire y hacer funcionar bien el diafragma en esa postura, y por tanto era una muerte lenta y espantosa que podía prolongarse durante días. Además, tenía diversos inconvenientes añadidos, la exposición del cuerpo desnudo al sol, al viento y al frío durante horas, las burlas del populacho y la consiguiente deshidratación. Si la muerte tardaba en llegar más de lo previsto, se le rompía las piernas al condenado a golpes de maza (como se hizo con Dimas y Gestas, compañeros de crucifixión de Jesús) para privar del escaso apoyo que aún proporcionaban éstas y acelerar el ahogamiento. Siendo una muerte infame y vergonzosa, estaba reservada a esclavos, a asesinos y a soldados desobedientes, nunca a quien gozaba de la ciudadanía romana. Un romano no podía concebir muerte más patética que ésta, de ahí la incomprensión del dogma cristiano. Las cruces también se colocaban en los anfiteatros, pero no solía ser un espectáculo muy entretenido dada la lentitud con que sobrevenía la muerte, se prefería colocar cruces bajas que las fieras pudieran alcanzar. Era frecuente que se adornaran los cuerpos de los condenados con guirnaldas de flores, y no para hacer bonito, sino para eclipsar con su perfume el hedor que despedían debido a las largas estancias en cárceles sin medidas sanitarias ni higiénicas.
Mártires que murieron con este tormento –pensado como ejecución, por lo general nadie era enviado a la cruz para ser descendido con vida- hay muchos, aquí una relación de las santas que lo padecieron, y que iconográficamente son fácilmente confundibles entre sí:
Santa Julia de Córcega (en la imagen)
Santa Liberata
Santa Maura de Tebaida: ella y su esposo San Timoteo tardaron diez días en morir
Santa Blandina: fue crucificada en la arena y expuesta a un toro, pero como el animal no mostró interés por ella hubieron de desclavarla y reservar su ejecución para otro día.
Santa Eulalia de Barcelona: no está muy claro su caso, pues se nos dice en efecto que murió crucificada, pero lo que la mayoría de representaciones nos dan a entender es que murió en el ecúleo, y este instrumento no se incluiría dentro de lo que normalmente se entiende por cruz. La crucifixión en el ecúleo o cruz de San Andrés es algo que merece ser tratado en un artículo aparte.
Santa Ketevan: fue crucificada en un árbol, recurso que se solía emplear cuando no se disponía del material típico de una cruz.
Santa Gudelia
Santa Gaudencia: no está confirmado, pero dado que algunas imágenes suyas la representan portando una gran cruz, es posible que muriese crucificada.
La mártir conocida como Santa Wilgefortis no debe ser considerada, porque no se trata de una figura real, sino legendaria, creada a partir de una malinterpretación del Volto Santo de Lucca, que en realidad es un Cristo vestido con túnica. Asimismo, no se debe interpretar que todas las figuras que portan una cruz significa que haya habido crucifixión, excepciones claras las constituyen Santa Helena emperatriz y Santa Margarita de Antioquía. Y por supuesto, existe infinidad de mártires crucificados de los que nunca sabremos el nombre, entre ellos los caídos en la persecución de Nerón.
Meldelen
Martyrium: la flagelación

La flagelación sí fue uno de los métodos de tortura más preferidos por el régimen romano, aunque es anterior a él, y también posterior, pues fue muy empleado durante la Edad Media y Moderna y ha seguido usándose hasta la actualidad, especialmente por los regímenes islámicos más integristas. Y por supuesto, como mecanismo autoimpuesto de penitencia, aunque esta variante es, naturalmente, mucho menos cruenta que la pena impuesta.
En la época romana existían diversas modalidades de flagelación, un tormento bastante subestimado cuyo horror difícilmente podemos imaginar, y que fue calificado por el mismo Cicerón como "la segunda muerte". De los instrumentos empleados, los romanos distinguían el flagrum, que estaba formado por diversas correas acabadas en bolas de plomo, también se le llamaba plumbea y al tormento suplicia plumbea, que en los primeros golpes provocaba grandes abcesos y moratones, y en los últimos solía reventarlos, amén de romper huesos finos, como las costillas, con pasmosa facilidad. Más terrible que esto era el flagellum, que da nombre al tormento en sí, hecho con nervios de toro, muy flexibles y elásticos, acabados en ruedecillas de metal llenas de pinchos y trocitos de cristal que cortaban y desgarraban la carne. Lo usual era combinar ambos tipos de instrumentos y solía ser la primera pena sufrida por un condenado. El número de azotes estaba contado según orden del magistrado y no se daba ni uno más ni uno menos de lo estrictamente dispuesto, así como también estaba terminantemente prohibido apuntar al rostro, porque podía mutilar, pero se apuntaba sin ningún problema a nalgas, genitales y, en caso de mujeres, a los pechos.
Había otras modalidades, como la flagelación con varas o vergas (facies) que eran flexibles varillas de madera que no causaban mucha lesión pero sí un insoportable dolor. El uso de escorpiones, o azotes terminados en cuchillas y ganchos, era menos usual en ámbito romano pero lo tenemos documentado en el caso de Catalina de Alejandría. Finalmente, el famoso látigo de piel de toro o hipopótamo, que desprendía finamente la piel al primer golpe, es más propio de la zona oriental del Imperio y se documenta en época islámica hasta muy avanzada la Edad Moderna.
El tormento es mucho peor de lo que parece y podía matar, y de hecho mataba -lenta y dolorosamente- si no se ponía un límite. Es imposible hacer una lista de todos los mártires que lo padecieron porque se aplicó por sistema a la práctica totalidad de todos ellos (de hecho, era el único tormento que podía sufrir un ciudadano romano, ahí está el caso de San Pablo); pero sí podemos realizar, al menos, una lista de todas las mártires que murieron a consecuencia de ese tormento, porque se dispuso que así debían ser ejecutadas. Son, entre otras:
Santa Bibiana (en la imagen). 2 de diciembre.
Santa Concordia
Santa Leocadia: no murió inmediatamente, pero recluida en cárcel la infección de las heridas acabó pronto con ella.
Santa Mustiola: en su caso, se le ofreció parar los golpes una vez pronunciara su conformidad de sacrificar a los dioses, pero como no se dio tal pronunciamento, murió en medio del tormento. 9 de diciembre
Santa Agripina. 23 de junio
Santa Poseidonia.
Para efectuar la flagelación se inmovilizaba a la persona sentenciada atándola a una columna baja, desnuda y en público, por considerarse un castigo ejemplar. Era muy frecuente en el ejército, particularmente la modalidad del apaleamiento, para castigar la desobediencia o la insubordinación. Y aun después de que la persona azotada dejara de manifestar signos de vida, se le atravesaba el corazón con una daga -como sabemos del caso de Santa Bibiana- para cerciorarse de su muerte definitiva y no cometer el error y la impiedad de enterrar a alguien vivo. Se podía sobrevivir a la flagelación siempre que se garantizaran unas mínimas condiciones curativas e higiénicas, pero dado que éstas brillaban por su ausencia en las cárceles -salvo orden expresa del magistrado- era muy fácil morir por infección y hemorragias, como sucedió con Santa Leocadia.
Meldelen
Otros que lo padecieron, en diversas ciscunstancias, algunos muriendo en ello:
Santas Reparata y Benita. La modalidad de azotes con bolas de púas. 8 de octubre.
San Ponciano. Fue azotado con varas y finalmente degollado. 19 de enero.
San Mayórico, hijo de Santa Dionisia. Le arrancaron la piel a base de azotes. 6 de diciembre.
San Juan Yi Yun-il, mártir de Corea, fue bárbaramente azotado antes de descoyuntarlo. 21 de enero.
Santos Gorgonio y Doroteo, flagelados hasta expirar, antes de otros tormentos. 9 de septiembre.
Santos Julián y Euno de Alejandría, azotados hasta la muerte mientras eran paseados atados a un camello, como escarnio. 27 de febrero.
Santos Majencio y Leandro, azotados con varas. 12 de diciembre.
San Celerino de Cartago. 3 de febrero.
San Teodoro de Amasea, fue terriblemente azotado y finalmente quemado vivo. 17 de febrero.
San Pedro Yu Chong-nyul, mártir de Pyongyang, mientras leía las escrituras a los cristianos escondidos, congregados fue azotado hasta la muerte. 17 de febrero.
Santos mártires de Tiro (no se conservan los nombres), azotados, expuestos desnudos a las fieras, y finalmente degollados en el 303. 20 de febrero.
San Lorenzo Bai Xiaoman de Xilianxian, China, obrero mártir, luego de ser azotado lo degollaron. 25 de febrero
San Augusto Chapdelaine, recibió trescientos azotes, luego lo metieron en un minúsculo agujero y terminó degollado. 28 de febrero.
Santos Marcos Chng Ui-ba y Alejo U Se-yong, mártires de Corea, fueron azotados hasta desangrarse y dejados morir así. 11 de marzo.
San Raimundo Li Quanzhen, mártir de China. Fue llevado a un templo y obligado a venerar alos dioses, como se negó, fue azotado hasta morir. 30 de junio.
Y añado a algunos que fueron apaleados, que no son azotes propiamente dichos, pero al fin y al cabo, golpes:
San Luciano, obispo. 19 de octubre.
San Arnaldo Arench, mercedario. 1 de junio.
San Pablo Ho Hyob, soldado mártir de Corea. Siendo apaleado, apostató de la fe, pero luego, arrepentido, se presentó ante el juez confirmando su fe en Cristo, por lo que fue encarcelado de nuevo, y falleció a causa de un nuevo apaleamiento. 30 de enero.
Beato Didaco Ortiz, agustino. Primero le destrozaron la boca y mandíbula, por tres cadenas que habían prendido en sus labios, para no que no predicara, luego murió mientras lo apaleaban.
San Jacinto. 3 de julio
San José Fernández, dominico mártir de China, apaleado por no querer pisar la cruz. 24 de noviembre.
San Lorenzo de Novara, fue apaleado junto a muchos niños, mientras se preparaba bautizarlos. 30 de abril.
San Metrobio de Malesco, fue apaleado y quemado, pero sobrevivió, luego fue decapitado.
San Reinaldo de Colonia, monje. 9 de febrero.
San Virgilio de Trento, obispo. Fue muerto a palos. 25 de junio.
Santos Liberato, Bonifacio, Servo, Rústico, Rogato, Septimio, y el niño Máximo, mártires de Cartago. Mientras eran clavados a los maderos con los que les quemarían les rompieron las cabezas a golpes de remo. 2 de julio.
Ramón
Martyrium: la rueda

Uno de los instrumentos de tortura que ha sido más empleado a lo largo de la Historia es la rueda. Ha tenido numerosas variantes, la de cuchillas, la que se hace girar sobre brasas encendidas, la horizontal, la vertical, e incluso diversas que funcionaban al mismo tiempo dispuestas sobre un armazón. Las actas de la mártir Catalina de Alejandría nos dicen que este instrumento fue inventado por un tal Cursato exclusivamente para ella, pero esto no parece creíble. La rueda ya se usaba en la antigua Persia y se siguió usando hasta la Edad Media y Moderna, de la mano de la Inquisición. El funcionamiento era complejo, las había diseñadas para triturar los huesos y otras para desgarrar la carne, algunas desmembraban directamente el cuerpo. Quien era sometido a la rueda ya no podía valerse luego por sí mismo. Por ello, muchas veces las actas de los mártires nos ilustran liberaciones milagrosas y destrucciones prodigiosas de esta máquina, porque de funcionar bien lisiaba de por vida y admitirlo no era edificante ni consolador. Aunque tampoco es imposible que más de una vez se quedara trabada o se rompiera debido a su estructura compleja.
Las mártires cristianas más conocidas que padecieron esta tortura fueron:
Santa Catalina de Alejandría (en la imagen): la más conocida, la que dio nombre a la rueda (que hasta la fecha sigue llamándose en su honor "rueda catalina"). Su variante fue la rueda de cuchillas, que tenía las yantas sembradas de cuchillas, punzones y cristales. La idea era desgarrar el cuerpo a medida que éste iba quedando pillado entre las yantas. Por piedad, la tradición ha querido que la rueda se atascara sin llegar a herir a la mártir, pero lo dicho, también es posible que esto hubiera sucedido sin intervención divina. 25 de noviembre.
Santa Augusta de Serravalle: misma variante que en el caso de Catalina. 27 de marzo y 22 de agosto.
Santa Cristina de Bolsena: variante de la rueda puesta a girar sobre una inmensa hoguera. 24 de julio
Santa Eufemia de Calcedonia: variante de rueda girada sobre brasas. 16 de septiembre.
Santa Juana de Arco: no está probado que llegara a padecer el tormento, pero sí se nos ha dicho que la doncella de Orléans fue amenazada con la rueda si no confesaba todo lo que le habían dicho sus voces, y se hizo una demostración ante sus ojos de cómo funcionaba la máquina. La variante que usaba la Inquisición era la de cuchillas. 30 de mayo.
Santa Catalina es patrona de aquellos oficios donde está presente la rueda, o al menos piezas que se asemejan a ésta, como son los relojeros, los zapateros, los carreteros, los guarnicioneros, etc. Por extensión, cualquier otro mártir que hubiese padecido este tormento podría ser invocado para lo mismo. En general nunca se admite que esta horrenda máquina llegara a herir debido a la irreversibilidad de las lesiones que producía. Con todo, en la Antigüedad no era de los sistemas de tortura más preferidos por el régimen romano, su uso se restringe mayoritariamente a la zona oriental y africana del Imperio. Y naturalmente, huelga decir que todo tormento se ejecutaba en público y con la completa desnudez de la víctima, cosa que por pudor y piedad, también eluden mencionar las fuentes y la mayoría de representaciones artísticas.
Meldelen
Además, lo padecieron también:
San Quintín de Vermand. La rueda también se rompió en el martirio. 31 de octubre.
San Mayórico, hijo de Santa Dionisia. 6 de diciembre.
Santos Fausto, Genaro y Marcial de Córdoba. 13 de octubre.
San Juan Sarkander, presbítero de Moravia. En 1620 fue sometido a este tormento por negarse revelar el secreto de confesión, sobrevivió y fue abandonado en una cárcel donde murió al mes. 17 de marzo.
Ramón
Martyrium: tormentos aplicados a los senos

“La razón y la fe están contestes al decirnos que los Santos que padecieron de modo especial en determinada parte de su cuerpo, se muestran particularmente compasivos con los que padecen idéntica dolencia”.
Con esta cita de la obra El Santo de Cada Día (vol.I, capítulo de Santa Apolonia, Ed. Edelvives 1960) se quiere dar comienzo a una serie de artículos que dedicaremos a exponer diferentes conocimientos sobre los tormentos de los mártires cristianos –mayormente las mártires cristianas, por ser la especialidad de quien os escribe- no con ánimo de regodearse en el sadismo y la crueldad humana, sino como manual de información para los interesados en conocer más sobre la iconografía y la intercesión de los Santos en diversos asuntos. Así iremos viendo determinados métodos de maltrato y tortura y los Santos que las padecieron.
Sobre el tormento aplicado a los senos, es ésta una tortura tradicional y ancestral, que se ha mantenido a lo largo de toda la Historia como la típica aplicada a las mujeres –también a los hombres, aunque no tenemos tantas referencias-, evidentemente por ser una zona muy delicada del cuerpo, y como forma de insultar a la feminidad y mancillar los órganos que amamantan a los hijos. Sin duda cortar los pechos de raíz era el procedimiento menos doloroso. Frecuentemente se arrancaban lentamente con punzones al rojo vivo y con tenazas, o simplemente se quemaban con antorchas, o se desollaban. La variedad es tan amplia como lo es la inventiva cruel de un verdugo. Semejantes lesiones eran gravísimas y causaban la muerte al poco tiempo debido a las profusas hemorragias, y como casi nunca interesaba el fallecimiento inmediato de la torturada, era frecuente cauterizar las heridas con hierros al rojo vivo para causar más dolor, pero también para desinfectar y cortar la vía de la sangre.
Mártires cristianas que padecieron este tormento son innumerables, pero aquí vienen las más conocidas:
Santa Águeda (en la imagen): es, ha sido y siempre será la patrona por excelencia de los males mamarios debido a haber padecido este tormento, pero no es la única. Otras son:
Santa Bárbara.
Santa Calíope.
Santa Macra.
Santa Teodosia de Tiro.
Santa Avia.
Santa Fe (hermana de las también mártires Esperanza y Caridad, hijas de Santa Sofía).
Santa Engracia.
Santa Julia de Córcega.
Santa Eulalia de Barcelona.
Santa Eulalia de Mérida.
Santa Febronia (también conocida como Trofimena).
Santas Basilisa y Anastasia.
Santa Cristina de Bolsena.
Santa Marcela de Quíos.
Santas Elena y Centola.
Santa Xenia.
Santa Helcónide.
Santa Ketevan de Georgia.
Naturalmente ésta no es una lista exhaustiva y muchas otras podrían ser incluidas, por ejemplo, las que padecieron flagelación, porque normalmente los golpes de látigo se dirigían también a los senos, como a las nalgas y los genitales, aunque esto normalmente lo silencian las fuentes cristianas por piedad, pudor o compasión. Cualquiera de ellas podría ser invocada para cualquier dolencia mamaria pues padecieron este tormento, sin menoscabo de que se puede invocar a cualquier Santo para cualquier asunto en general, desde luego.
Meldelen
