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Tus preguntas sobre los Santos

San Antonio de Padua, milagros

San Antonio de Padua, milagros

Aquí transcribo, literalmente, unos milagros por intercesión de San Antonio de Padua, extraídos de www.franciscanos.org. Tienen ese sabor de crónica antigua, barroca, novelesca, en la redacción, por eso los he dejado tal cual. La opinión sobre la veracidad, constancia y certeza de estos milagros, pues es siempre variable, según el redactor de estas "florecillas". quedémonos con lo importante: Los santos son nuestros hermanos y nos ayudan. En la imagen, la que se venera en San Agustín de Castellón, un molde conocidísimo, pero bonito. Para verla más grande: aquí.

ALGUNOS MILAGROS POR INTERCESIÓN DE SAN ANTONIO

1. El día en que fue honrosamente sepultado el cuerpo del beatísimo Antonio en la iglesia de Santa María de Padua, cierta mujer por nombre Cuniza, que desde hacía un año estaba gravemente enferma, se llegó hasta la iglesia valiéndose de muletas. Se había formado sobre sus espaldas una giba descomunal y de tal manera la tenía encorvada, que en manera alguna le era posible caminar sin el apoyo de bastones. Postrada en oración durante breve tiempo ante la tumba del bienaventurado Antonio, se le aplanó repentinamente la espalda sin quedar rastro de la giba, y, dejadas las muletas, retornó desencorvada a su casa.

2. Una monja de Santa Clara, llamada Oliva, cuando aún estaba insepulto el cuerpo del santo, se llegó a besarle las manos. Mientras permanecía postrada ante su cuerpo, pidió a Dios que, por los méritos del bienaventurado padre Antonio, le infligiera en la presente vida toda la pena que por sus pecados hubiera merecido. Acabada su oración, volvió a entrar al monasterio, siendo enseguida atacado todo su cuerpo de un dolor tan violento, que no sólo le fue imposible dominarse a sí misma, sino que sobresaltó a las otras monjas con sus gritos. Cuando al día siguiente entraban las otras en el refectorio, entró también ella a hurtadillas; pero, recreciéndole poco a poco el mal, no pudo probar bocado, sino que, mientras sus hermanas comían, se revolvía a uno y otro lado. Fue llevada a la enfermería por orden de la abadesa y, con redobladas súplicas, imploraba remedio. Se acordó entonces de que tenía guardada una partecilla de la túnica del bienaventurado Antonio y, tras hacérsela traer, se la aplicó. Inmediatamente cesó todo dolor.

3. Un clérigo de Anguilara, llamado Guidoto, cierto día que estaba en la cámara del señor obispo de Padua, se mofaba a escondidas de los testigos que deponían acerca de los milagros del bienaventurado Antonio. Pero a la noche siguiente fue acometido de dolores tan violentos por todo el cuerpo, que creyó que irremisiblemente le aguardaba la sentencia de muerte. Estimándose, y con razón, indigno de conmiseración, pedía a su madre que, apoyada en su confianza, hiciera un voto al santo de Dios, para poder alcanzar así misericordia. Apenas hecho el voto desaparecieron los dolores, y antes de que llegara el día ya estaba sano; y el que antes había hecho escarnio de los testigos con la risilla de la incredulidad, viose obligado ahora a rendir testimonio ante la verdad.

4. Un hombre de Porcilia (barriada de Padua), Escoto por nombre, que tenía los pies empodrecidos y tumefactos a causa de una podagra nudosa, acudió, llevado por un hombre a sus espaldas, al convento de los frailes. Tras confesarse y recibir la penitencia, sin pérdida de tiempo se hizo llevar, devoto, ante el arca de san Antonio. Habiendo permanecido allí brevemente, al momento retornó ya sano tan velozmente al fraile confesor, que éste, en extremo admirado por la brevedad del tiempo transcurrido, hizo que el que había curado se paseara por el claustro. Finalmente, ante los ojos de todos, el que llegó transportado a las espaldas, se fue por su propio pie, dando gracias a Dios y al bienaventurado Antonio.

5. Había en Codigoro una niña llamada Samaritana, a la que un día, habiendo ido con otras niñas al campo de su padre a coger legumbres, súbitamente se le contrajeron las rodillas. Ya no fue capaz de regresar, y fueron sus acompañantes las que la llevaron a la casa paterna. Y así, arreciando la enfermedad, desde hacía tres años caminaba arrastrándose con las manos y con las nalgas por el suelo. Cierto día, tras hacer la confesión, acudió la niña junto con su madre al sepulcro del bienaventurado Antonio para orar, y, recuperada enseguida su antigua salud, se apresuró a volver a casa por su propio pie. Llegó esto a oídos de la gente de Codigoro, que salieron al punto a su encuentro, mientras repicaban las campanas, y veneraron en ella la grandeza del Señor.

6. Vivía en el castillo de Montañana una mujer, cuyo nombre era Guina, que tenía ya dos años imposibilitados el hombro y la mano derecha, de manera que no podía echarse absolutamente nada a la espalda, ni tampoco llevarse la mano a la boca. Acercóse cierto día una primera y una segunda vez al sepulcro del bienaventurado Antonio, y, como no sintiera el más mínimo alivio en el hombro ni en el brazo, se llegó al fraile que estaba ocupado en confesar. Hecha la confesión, acercóse una tercera vez al arca, y se postró en oración. Mientras oraba, viose asaltada improvisamente de un agudo dolor en el hombro, y el hueso de la espalda retornó a su lugar, crujiendo como cuando se cascan nueces. Se alzó entonces la mujer, y al punto agitó el brazo, y, a la vista de todos, volvió libre a su casa.

7. Un caballero de Salvaterra, Aleardino por nombre, que desde su mocedad había sido seducido por la herejía, fue un día a Padua, y, mientras estaba sentado a la mesa, razonaba con los otros comensales sobre los milagros otorgados a los fieles devotos por los méritos del bienaventurado Antonio. Como todos sostenían que el bienaventurado Antonio era un santo de Dios, vació el vaso que tenía entre las manos y prorrumpió más o menos así: «Si aquel a quien vosotros llamáis santo preservare intacto este vaso, tendré por verdadero aquello de que intentáis persuadirme». Desde lo alto donde estaban comiendo, arrojó el vaso contra el suelo, y, cosa admirable, resistió el vidrio el choque contra la piedra y quedó incólume. Arrastrado a penitencia a la vista del milagro, precipitóse solícito el hidalgo a recoger el vaso intacto, y, llevándolo consigo, contó a los frailes cómo había sucedido todo. Y hecha la confesión, aceptó con unción la penitencia que por sus pecados se le impuso, adhirióse a Cristo con fidelidad, y convirtióse en incansable predicador de sus maravillas.

8. En la ciudad de Comaquio vivía un hombre llamado Domingo que, cierto día, salió de su casa para un menester, y se llevó en su compañía a un hijo pequeño, que iba caminando tras él. Cuando se habían alejado algún tanto de su casa, volvió la vista atrás y no vio aparecer a nadie. Sobrecogido, se puso a dar vueltas, buscándolo por los alrededores con ojos asombrados, hasta que finalmente encontró al pequeño ahogado en una poza. Sacó el desdichado padre al muchachuelo, lo llevó a casa y se lo entregó exánime a la madre; pero ésta, haciendo al punto un voto, lo recibió vivo por los méritos del muy bienaventurado Antonio.

9. Una mujer de Tremiñón, por nombre Vida, ferventísima devota del bienaventurado Antonio, anhelaba con toda su alma visitar su sepulcro. Pero se acercaba el tiempo de la cosecha, y bandadas de gorriones causaban gran estrago en el panizo, que ya blanqueaba próximo a su sazón, y como ella estaba puesta de guardiana para espantar a tan importuno género de pajarillos, no tenía ninguna posibilidad de ponerse en camino. Llegando un día a la cerca que rodeaba el panizal, prometió que si el bienaventurado Antonio lo guardaba de los gorriones, visitaría nueve veces su sepulcro. Apenas hecha la promesa, cuando una nube de los dichos pájaros abandonó el lugar en una sola bandada, y vio que no quedó ni un solo gorrión sobre los sauces que circundaban el panizal. La buena mujer se apresuró a dar cumplimiento a su anhelo.

Sí, las Gliceria tienen santa

Sí, las Gliceria tienen santa

Pregunta: el sacerdote de mi parroquia dice que no existe santa Gliceria y mi hermana siempre ha dicho que me llamo así porque mi abuela lo vio en una lista de santos del dia que nací. él dice que no y que no, y yo no sé que creer, porque no se donde buscar. Puerto Rico

Respuesta: ¡que manía tiene la gente de decir "este santo no existe", sin averiguar lo más mínimo. Sepa, amiga mía, que sí hay una Santa llamada así, muy venerada en Oriente, pero desconocida en occidente, lo cual le ha hacho pasar por inexistente, así que quédese tranquila, sí tiene su santa. Aquí va:

Santa Gliceria (o Glykeria), virgen y mártir. (13 ó 26 de mayo). Este nombre significa "dulzura" o "la dulce", (vamos, como la glucosa). Era hija de un gobernador romano y, al quedar huérfana, entregó sus bienes a los pobres, haciéndose una más con ellos, Se fue a vivir a Trajanópolis en Tracia y durante una persecución a los cristianos, fue llevada al templo de Zeus a ofrecer sacrificios. En lugar de encender la lámpara, como era costumbre, Gliceria trazó la señal de la cruz sobre su frente, a lo que el gobernador le preguntó que era eso. Ella respondió: "Esta es mi luz." El gobernador enfureció y mandó a arrojarla a una prisión sin alimentos, para que muriese de hambre. Un ángel la visitó, dándole alimentos. Al pasar el tiempo prudencial en el que debía haber muerto (unos días) el gobernador fue con Laodicio, el carcelero, para abrir la celda de Gliceria, a la que encontraron con buena salud y alegría. Laodicio (26 de mayo), al ver el milagro, confesó su fe en Cristo y fue decapitado. El gobernador mandó a arrojar a Gliceria a un horno ardiente, pero ella se mantuvo ilesa, cantando el cántico de los tres jóvenes de Babilonia (Santos Azarías, Ananías y Misael, 16 de diciembre). Por último, fue arrojada a los leones, donde, orando, murió. Fue martirizada el 13 de mayo de 141. Durante mucho tiempo, se dice que se su cuerpo fluía mirra y muchos fueron sanados al contacto con sus reliquias.

Santa Cecilia

Santa Cecilia

Una de las santas mártires más conocidas y veneradas a lo largo de la historia cristiana ha sido Cecilia Metela, Cecilia de Roma. Universalmente reconocida como patrona de la música, ya tenía una amplia veneración y reconocimiento por parte de la comunidad cristiana en el siglo IV de nuestra era. Pero, ¿sabemos realmente quién fue esta mártir tan reverenciada?

Partiendo de que no se conoce la fecha exacta de su martirio, a ello hay que añadir que sus actas, legendarias y sin la menor credibilidad histórica, fueron redactadas varios siglos después del marco propuesto para su muerte –entre los siglos I y III-; como suele suceder en la mayoría de casos. Por lo tanto es poco creíble la tradición, que nos habla de una encumbrada dama romana, prometida en matrimonio a un esposo al que no sólo convirtió al cristianismo, sino al que convenció de no tener trato carnal alguno, manteniéndose virgen pese a su condición de casada. Contempló el martirio de su esposo Valeriano y del hermano de éste, Tiburcio, antes de ser ejecutada ella misma, poniendo a disposición de la comunidad cristiana su casa y todos sus bienes. Parece ser que la asociación con los mártires Valeriano y Tiburcio se debe tan sólo a que ellos fueron enterrados junto a ella en las catacumbas donde serían hallados mucho tiempo después, por lo que la leyenda, aunque bella y edificante, no nos dice nada de la Cecilia histórica.

Para más inri, también su asociación con la música es totalmente errónea. Probablemente una mala traducción del pasaje "cantantibus organis illa in corde suo decantabat"  llevó a pensar que era ella la que estaba tocando el órgano, lo cual es ridículo teniendo en cuenta que dicho instrumento no existía en la Antigüedad. En realidad, el pasaje parece aludir a que, mientras sonaban los instrumentos (¡no el órgano!) de música (en el día de su boda), ella cantaba al Señor en su corazón. Se ha querido arreglar este desastre poniéndola como cantora, o dándole instrumentos más propios de la época, como arpas o liras; pero lo cierto es que todo esto es pura inventiva y es muy poco probable que en la educación de una respetable matrona romana estuvieran incluidos el canto y la música, más propios de esclavos. Por último, hay quien propone que quizá organis hiciera referencia a los instrumentos, no de música, sino de tortura (“y mientras la torturaban, ella cantaba al Señor en su corazón”); lo cual es bellísimo, pero igualmente ridículo: a una matrona de su alcurnia jamás se la hubiera sometido a tortura, pues la ciudadanía romana la preservaba de ello.

En resumen, es muy poco lo que sabemos con certeza de una de las mártires más conocidas y omnipresentes en la cultura cristiana. Todo cuanto creemos saber sobre ella, no es más que una bella construcción romántica y piadosa de la época tardoantigua. Mientras tanto, nuestra pobre Cecilia sigue cargando con instrumentos de música allá donde va, y si no fuera por esto, quién sabe si haría tiempo que hubiera sido olvidada como tantas otras. Bienvenido sea, pues, tal error, y sigan invocándola los músicos, para que su memoria no se pierda.

Meldelen

Los Trece martes de San Antonio

Los Trece martes de San Antonio

Nunca me comprometo a recomendar devociones, y menos en el blog, que no es devocional, pero esta sí que la indico a todos, porque es muy efectiva. Será por milagroso, o por cansancio, pero el santo responde.

El origen de los Trece Martes se pierde en la tradición, la leyenda y la devoción de los fieles. Se dice que se debe a la gran cantidad de milagros que San Antonio de Padua realizó el martes siguiente al día de su muerte (13 de junio de 1231), de tal manera que todos los que le invocaron fueron socorridos. Otro origen parece ser que, después de su canonización, surgió en el pueblo cristiano la costumbre de prepararse a la celebración de la fiesta de San Antonio, dedicándole los 13 martes que preceden al 13 de junio. Y otra tradición habla de una mujer que, pidiendo un milagro, ofreció una novena de martes al santo, al término de esta aún no había logrado lo conseguido, por lo que continuó pidiendo al santo, hasta llegar al martes decimotercero, en el que alcanzó la gracia. Sea cual sea el origen, el número 13 tiene aquí su significación mágica, en este caso, de gracia y bendición. León XIII concedió el 1 de marzo de 1898 indulgencia plenaria para cada uno de los Trece martes (o domingos) consecutivos, en los cuales los devotos reciban los Sacramentos y practiquen algún piadoso ejercicio en honor al Santo.


Por la señal…
Señor mío Jesucristo…

ORACIÓN INICIAL. Postrado a tus pies, oh amantísimo protector mío San Antonio, te ofrezco el piadoso ejercicio que voy a practicar para que me alcances del Señor el perdón de mis pecados, las virtudes propias de mi estado, la perseverancia final y la gracia especial que solicito con esta devoción. Mas si esta no me conviniese, obtenme una perfecta conformidad con la divina voluntad. Amén.
      
Rezar a continuación la oración del martes (o domingo) que corresponda:

MARTES 1º: LA CARIDAD. ¡Oh, llama de amor hacia Dios y el prójimo, San Antonio! Compadécete de mi frialdad en el servicio de Dios y de mis hermanos, y alcánzame la virtud de la caridad, con la cual pueda lograr todos los bienes temporales y eternos.   

MARTES 2º: GOZO ESPIRITUAL. ¡Oh, fidelísimo observador de los divinos preceptos y de la Regla Seráfica, San Antonio! Otórgame el gozo espiritual en el cumplimiento de mis deberes y seré feliz en este mundo y en el otro.   

MARTES 3º: LA PAZ. ¡Oh, pacificador de pueblos y ciudades, San Antonio! Consigue para mi y para los míos la paz que vino a traer Jesús a la tierra, y que me otorgue en esta y en la otra vida los derechos de hijo de Dios.   

MARTES 4º: LA PACIENCIA. ¡Oh, sacrificado siervo del Altísimo, San Antonio! Consígueme por tus ruegos la paciencia que necesito para llevar la cruz de mis obligaciones, la cual me abra las puertas del cielo.   

MARTES 5º: LA LONGANIMIDAD. ¡Oh, generoso abogado de los pobres, San Antonio! Haz que yo me enamore de la longanimidad para merecer de Dios mayores gracias y mercedes y obtener la eterna felicidad   

MARTES 6º: LA BONDAD.
¡Oh, dadivoso bienhechor, San Antonio! Dígnate extender la dulce virtud de la bondad hacia mí, para que no me contente con la justicia aparente, sino que sea bueno de verdad ante Dios y los hombres, según El desea.   

MARTES 7º: LA BENIGNIDAD. ¡Oh, soberano San Antonio! Alcánzame una santa benignidad para con mi prójimo, a fin de que no quiera otras armas contra mis enemigos mas que orar por ellos y hacerles bien.   

MARTES 8º: LA MANSEDUMBRE. ¡Oh, humilde San Antonio! Obtenme por tus méritos aquella mansedumbre que aun a los malos cautiva, y que logre con ella salvarme acompañado de muchos.

MARTES 9º: LA FE. ¡Oh, defensor de la Iglesia y martillo de los herejes, San Antonio! Fortifica en mí más y más la fe, para que goce de sus beneficios incomparables en el tiempo y en la eternidad.

MARTES 10º: LA MODESTIA. ¡Oh, modelo perfectísimo de honestidad, San Antonio! Alcánzame la modestia, circunspección y recato en obras y palabras, para que pueda y sepa oponerme a las pompas y vanidades que renuncié en mi bautismo.

MARTES 11º: LA CONTINENCIA. ¡Oh virginal amador de Jesús, San Antonio! Suplica para mí la gracia de la continencia en todas las cosas exteriores referentes a los placeres, honras y riquezas, para que prepare a Cristo digna morada en mi corazón.

MARTES 12: LA CASTIDAD. ¡Oh, lirio de pureza, San Antonio! Ten compasión de mí, para que, a pesar de las dificultades que me rodean, guarde la castidad según mi estado y logre ver a Dios en el cielo.

MARTES 13.
¡Oh, árbol frondoso de todas las virtudes, San Antonio! Sazona en mí los frutos del Espíritu Santo que en estas trece semanas os he pedido, a fin de que agraden a Dios Nuestro Señor mis obras, y por ellas y su gracia me dé la gloria.

Rezar cada martes un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Terminar con el responsorio de San Buenaventura y la oración final.

Oraciones e himnos a San Antonio. Parte II

Oraciones e himnos a San Antonio. Parte II

Aquí publico las dos grandes devociones a San Antonio: El rosario y el responsorio de San Antonio 

El rosario de San Antonio (en la imagen) esta conformado por 39 cuentas, en 13 grupos de 3 cuentas. Cada grupo de 3 se inicia con una invocación, continuación se reza un padrenuestro en la primera cuenta, un avemaría en la segunda y un gloria en la tercera. Concluidos los 13 grupos de cuentas, se finaliza el rosario con el rezo del Responsorio.

ORACIÓN PREPARATORIA.

Por la señal de la Santa Cruz… Señor mío Jesucristo...

Abrid, Señor mis labios para bendecir vuestro Santo nombre y el de vuestra Santísima Madre, la Bienaventurada Virgen María al rezar los Trece Padrenuestros, Avemarías y Glorias en honor de vuestro siervo Antonio, cuyas virtudes deseo, con vuestra gracia, copiar en la tierra, para después gozar de vuestra gloria en el cielo. Amen.

INVOCACIONES.

  • 1ª. San Antonio de Padua, apóstol por la Fe, ruega por nosotros. Padrenuestro, avemaría y gloria.
  • 2ª. San Antonio de Padua, Patriarca por la Esperanza, ruega por nosotros. Padrenuestro...
  • 3ª. San Antonio de Padua, serafín por la Caridad, ruega por nosotros. Padrenuestro...
  • 4ª. San Antonio de Padua, que practicaste la Mansedumbre y la Humildad de Jesús, ruega por nosotros. Padrenuestro...
  • 5ª. San Antonio de Padua, ángel por la Castidad, ruega por nosotros. Padrenuestro...
  • 6ª. San Antonio de Padua, prodigio de Penitencia, ruega por nosotros. Padrenuestro...
  • 7ª. San Antonio de Padua, Espejo de Obediencia, ruega por nosotros. Padrenuestro...
  • 8ª. San Antonio de Padua, mártir por la Paciencia, ruega por nosotros. Padrenuestro...
  • 9ª. San Antonio de Padua, querubín por la Oración, ruega por nosotros. Padrenuestro...
  • 10ª. San Antonio de Padua, celador de la Justicia, ruega por nosotros. Padrenuestro...
  • 11ª. San Antonio de Padua, dechado de Templanza, ruega por nosotros. Padrenuestro...
  • 12ª. San Antonio de Padua, perla de Pobreza, ruega por nosotros. Padrenuestro...
  • 13ª. San Antonio de Padua modelo de Constancia, ruega por nosotros. Padrenuestro...
  • LAS TRES AVEMARÍAS.

  • 1ª. Virgen purísima antes del parto, ruega por nosotros. Avemaría.
  • 2ª Virgen purísima en el parto, ruega por nosotros. Avemaría.
  • 3ª. Virgen purísima después del parto, ruega por nosotros. Avemaría.

Se concluye el rosario rezando el Responsorio y Oración de San Antonio.

RESPONSORIO DE SAN ANTONIO.

Si buscas milagros, mira:
Muerte y error desterrados,
Miseria y demonio huidos,
Leprosos y enfermos sanos.

El mar sosiega su ira,
Redímense encarcelados,
Miembros y bienes perdidos
Recobran mozos y ancianos.


El peligro se retira,
Los pobres van remediados;
Cuéntenlo los socorridos,
Díganlo los paduanos.

El mar sosiega su ira,
Redímense encarcelados,
Miembros y bienes perdidos
Recobran mozos y ancianos.

Gloria al Padre, Gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.

Ruega a Cristo por nosotros, Antonio glorioso y santo, para que dignos así de sus promesas seamos.

Oración final. Haz, oh Señor, que la intercesión de tu Confesor San Antonio, llene de alegría a tu Iglesia, para que siempre sea protegida con los auxilios espirituales y merezca alcanzar los eternos gozos. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Oraciones e himnos a San Antonio. Parte I

Oraciones e himnos a San Antonio. Parte I

Seguimos (y aún no terminamos) con el Santo Paduano. Ahora hablaré de los himnos y oraciones más conocidos del santo:

13 MINUTOS CON SAN ANTONIO

Trece minutos que estaré a tus pies, Padre mío San Antonio, para ofrecer mi invocación sentida ante tu imagen milagrosa, de quien tanto espero, pues bien se ve que tu tienes poderosas fuerzas divinas para llegar a Dios. Así lo revelan tus patentes milagros, Padre mío San Antonio, pues cuando acudimos a ti en horas de tribulaciones, siempre somos prontamente escuchados. Hoy que es un día tan grande llegarán a ti, miles de almas, que son tus fervientes devotos, a pedirte, porque sabemos que nos harás grandes concesiones, poniendo en primer turno a los más necesitados para que reciban tus favores. ¡Qué consolado me siento al entregarte mis penas! Espero Santo mío me concedas la gracia que deseo y si me la concedes, te prometo contribuir con una limosna para tus niños pobres.

Tres grandes gracias te concedió el Señor; que las cosas perdidas fueran aparecidas, las olvidadas recordadas y las propuestas aceptadas. ¡Cuantos devotos llegarán a ti, diariamente a pedirte alguna de las tres, y tú jamas te niegas a concederlas! ¡Qué llegue hoy a ti lo mío que tan necesitado pone a tus pies éste humilde devoto.

Al final se rezarán tres Padres nuestros, Ave María y Gloria.

BENDICIÓN DEL PAN DE SAN ANTONIO

V/. El Dios providente que todo lo creó para nuestro bien, esté con todos vosotros. R/. Y con tu espíritu.

Oremos: Señor Jesucristo, verdadero pan de vida,
dígnate bendecir + este pan
como bendijiste los cinco panes en el desierto;
haznos solidarios con el hambre de los pobres para que,
a ejemplo de san Antonio,
compartamos nuestro pan con los necesitados
imitando así tu generosidad.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

¡Salve, Antonio, venerado
con el bello lirio blanco,
el libro del Evangelio
y el Niño Dios en los brazos!

El candor en ti rebosa
del corazón a los labios;
con alma pura penetras
la luz del Verbo encarnado.

Sagrario de la Escritura
eres por el Verbo santo
martillo de la mentira
y bálsamo de apenados.

A ti los pobres se acercan
buscando pan y milagros,
porque eres pobre y sencillo,
hermano entre los hermanos.

Cristo solo es tu prodigio,
tu ciencia y poder sagrado,
Cristo en tu fe y tu deleite,
Cristo en tus brazos mostrado.

¡Honor a Cristo bendito,
presente en su pecho amado;
honor a Cristo en Antonio,
que en Cristo fue consumado! Amén.

ORACIÓN PARA HALLAR LO PERDIDO

¡Oh admirable y esclarecido protector mío, San Antonio de Padua! Siempre he tenido grandísima confianza en que me haS de ayudar en todas mis necesidades, rogando por mi al Señor a quien serviste, a la Virgen Santísima a quien amaste y al Divino Niño Jesús que tantos favores te hizo. Ruégales por mi, para que por tu poderosa intercesión me concedan lo que pido. ¡Oh Glorioso San Antonio! Pues las cosas perdidas son halladas por tu mediación y obras tantos prodigios con tus devotos; yo te ruego y suplico me alcances de la Divina Majestad el recobrar la gracia que he perdido por mis pecados, y el favor que ahora deseo y pido, siendo para Gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

Vida y cronología de San Antonio de Padua. Parte II

Vida y cronología de San Antonio de Padua. Parte II

Seguimos la cronología de Antonio de Padua:

1229-1230: Antonio, provincial, participó en la misión pacificadora de la Iglesia en la Marca de Treviso, atormentada por los crueles enfrentamientos entre facciones de la nobleza., armonizando el cuidado de los frailes con los viajes de evangelizador y pacificador, tarea en la que buscó la colaboración de hermanos bien preparados; tuvo que visitar repetidas veces Padua y es probable que fijara allí su residencia, al menos temporalmente; como se concluye de la redacción definitiva de los Sermones dominicales y su profunda amistad con el pueblo paduano.

1230: Visita al papa Gregorio IX, para exponerle al Papa las dudas sobre cual era el valor jurídico del Testamento de San Francisco y como interpretar algunos pasajes de la Regla. Allí continuó ejerciendo el ministerio de la palabra, predicando y dando conferencias espirituales. Además, colaboró en la bula “Quo elongati”, con la que Gregorio IX trató de resolver las cuestiones que la Orden le había planteado.

1231: Del 5 de febrero al 23 de marzo, libre de la responsabilidad de cuidar de sus hermanos, se dedica plenamente a la predicación itinerante y a la preparación de sus sermones para las fiestas del año litúrgico; sin embargo, al acercarse la cuaresma, interrumpió este trabajo para dedicarse a la predicación, y, terminada la cuaresma, lo reemprendió en Camposampiero; la obra quedó bruscamente interrumpida para siempre en el sermón para la conmemoración de San Pablo, que se celebraba el 30 de junio.

Del 5 de febrero al 23 de marzo de 1231, Antonio predica la cuaresma en Padua, con un sermón diario, lo que constituía una práctica desconocida hasta entonces, con catequesis y horas de oír confesiones; tan admirable misión cuaresmal agotó las fuerzas del santo y minó su salud, pero produjo muy abundantes frutos evangélicos.

1231: El 13 de junio, sufre un colapso y, sintiéndose morir, pidió que lo llevaran a Padua, para estar con su comunidad a la hora del tránsito. Para no cruzar la ciudad por el centro y evitar así tumultos, se desviaron hacia el monasterio de las clarisas de La Cella. Aquí empeoró, se confesó, cantó a la Virgen el himno litúrgico “O gloriosa Domina”, tuvo la visión de Cristo, se le administró la unción de los enfermos, cantó con los frailes los salmos penitenciales, y, tras una media hora de sopor, expiró. Su entierro estuvo precedido de una serie de enfrentamientos y violencia: sectores de la población enfrentados, las monjas y los frailes, el podestà y el obispo, por el sitio donde enterrarlo. Finalmente se impuso el parecer de los frailes, y el martes 17 de junio los restos mortales fueron trasladados en procesión desde La Cella hasta la iglesia de Santa María, tras la misa solemne de Réquiem oficiada por el obispo.

1231-1232: Su proceso de canonización fue uno de los más rápidos de la historia: duró menos de once meses, de julio de 1231 al 28 de mayo de 1232. Los milagros y la devoción de las gentes se multiplicaron a partir de aquel mismo 17 de junio, al tiempo que se multiplicaban las peregrinaciones. Gregorio IX puso de inmediato en marcha el proceso, y, cumplidos todos los requisitos, el 28 de mayo de 1232 decidió proceder a la canonización.

1232: El papa Gregorio IX canonizó a San Antonio el 30 de mayo de 1232 en la catedral de Espoleto, donde se encontraba entonces la curia papal.

1263: El 8 de abril, con motivo del solemne reconocimiento y traslado de los restos mortales de San Antonio de la pequeña iglesia de Santa María a la nueva basílica construida en su honor, actos que presidió San Buenaventura, se encontró incorrupta la lengua del santo (aún se venera en un relicario).

1946:
Con la Carta apostólica “Exulta, Lusitania felix”, de fecha 16 de enero, Pío XII constituyó y declaró a San Antonio doctor de la Iglesia, con el título de “Doctor Evangélico”.

Vida y cronología de San Antonio de Padua. Parte I

Vida y cronología de San Antonio de Padua. Parte I

Empiezo algunos artículos sobre San Antonio de Padua, porque sí, porque me cae bien y le considero un santo milagroso, que siempre ha estado atento para ayudarme. Sirvan estos artículos de agradecimiento, como el agradecimiento que expreso a la web http://www.franciscanos.org, de donde extraigo y condenso la información.

Vida y cronología de San Antonio de Padua:

1195: Nace en Lisboa y en el bautismo recibe el nombre de Fernando Martín. No se conoce que día, ni quienes eran sus padres.

1201-1210: Frecuenta la escuela catedralicia. (años aproximados)

1210: A los 15 años sufre una grave crisis de pubertad. Ingresa en San Vicente de Fiora,  Lisboa, comunidad de los Canónigos Regulares de San Agustín.

1212: Se traslada al monasterio de Santa Cruz de Coimbra, para librarse de la importunidad de los amigos lisboetas que lo visitaban, turbando su paz interior. Aquí se forja su formación intelectual con grandes maestros y una rica biblioteca; aunque el la disciplina y espiritualidad de esta comunidad no eran tan elevadas como las de San Vicente.

1220: El 16 de enero ocurre el martirio de los protomártires franciscanos, Berardo y cuatro compañeros, quienes habían pasado meses antes por Coimbra. Sus restos mortales fueron llevados por el Infante Don Pedro hasta Coimbra, y allí colocados en la iglesia de Santa Cruz, donde todavía son venerados y le mismo Antonio pudo hacerlo. Este testimonio de fe cala profundamente en Antonio, que decide conocer más a los hijos de Francisco de Asís. Este año recibe la ordenación sacerdotal, sin que se sepa la fecha

1220: Pasa a formar parte de la familia franciscana, con el deseo de ir a tierra de musulmanes para merecer compartir la corona de los santos mártires. Al obtener el permiso de los superiores, pasó de los Canónigos Regulares de San Agustín a los Hermanos Menores y cambió el nombre por el de Antonio. Hizo un breve noviciado, porque ya tenía formación y experiencia de vida comunitaria

1220-1221: Entre finales del otoño de 1220 y marzo de 1221, Antonio fue misionero en Marruecos, sin que se sepa en que ciudades y tampoco se conoce quien le acompañó, pues según la costumbre franciscana tenía que llevar consigo un compañero. Allí pasó gravemente enfermo todo el invierno hasta febrero de 1221; lo que le obligó a regresar sin haber alcanzado el deseado martirio. La nave sufre una tempestad y va a parar a Sicilia (las cosas de la providencia), donde le informaron de la celebración del Capítulo General en Asís, al que podían asistir los hermanos de toda la Orden e incluso los novicios. Allí conoció a San Francisco y, al terminar el Capítulo, lo destinan al eremitorio de Monte Paolo en la Romaña.

1222: El 24 de septiembre acude a Forlí una multitud de frailes, entre ellos Antonio, para asistir a una ordenación sacerdotal. Antes de que los ordenandos se trasladaran a la catedral, se les debía dirigir una exhortación espiritual, y resultó que ninguno de los sacerdotes presentes se había preparado, por lo que rehusaron improvisar. El superior franciscano ordenó a Antonio que, para salir del paso, dijera dos palabras de edificación, y el santo, sin pretenderlo, puso de manifiesto su gran cultura bíblico-teológica, así como su profunda espiritualidad, para asombro y alegría de los asistentes. Esto le valió el oficio de predicador itinerante.

1222-1224: Predica a sus propios hermanos de hábito, a grupos de estudiantes, a confraternidades, pronuncia discursos en sínodos, en capítulos canonicales o reuniones monásticas, e incluso ante la curia pontificia. A su predicación moral y penitencial hay que asociar su acción pacificadora, su enseñanza de la S. Escritura a sus hermanos, su enfrentamiento con los herejes, etc.

1223: Predica en Rímini, único de los lugares evangelizados por Antonio al que se refieren las fuentes históricas. Era una ciudad saturada de herejes, a los que Antonio se enfrentó con el Evangelio vivido coherentemente, las discusiones públicas, las exhortaciones al pueblo y los consejos personales. Cabe destacar la conversión de Bononillo, veterano dirigente cátaro. Aquí ocurren los milagros de la predicación a los peces, y el de la borrica que adora la Eucaristía (este último otros lo sitúan en Tolosa, dos años más tarde).

1223/24: Nombrado primer maestro de teología en Bolonia, con la aprobación de San Francisco, el cual le llama “mi obispo”, señalando que le agrada que enseñe teología a los hermanos, con tal que el estudio no apague el espíritu de oración y devoción. Antonio se dedicó a la enseñanza de la teología solo accediendo a las súplicas de los frailes, por una mejor formación de los predicadores, y tras aprobarlo Francisco.

1224-27: Apostolado en Francia, ante los albigenses, junto a los dominicos y los cistercienses. Maestro de teología y predicador en Montpellier, formando hermanos para predicar a los albigenses. Aquí se sitúan el milagro de bilocación del santo mientras predicaba, y algún otro.

1224-25: Mientras predica Antonio en el capítulo provincial de Arlés, se aparece San Francisco estigmatizado.

1226: Custodio de los hermanos en la región de Limoges. Funda un convento en Brive. En esta época se refieren actividades apostólicas, viajes y milagros: predicación en San Junien y anuncio de un hecho prodigioso; enfermo en la abadía benedictina de Solignac; predicación en el sínodo de Bourges, donde denunció el mal comportamiento del arzobispo, que se convirtió; guardián de los frailes en Le- Puy, donde realizó varios milagros o hechos prodigiosos.

1227: A finales de este año, regresa a Italia, como custodio de Limoges, para ir al Capítulo General de Asís, primero que se celebraba después de la muerte de San Francisco. Se desconoce si radicó en algún convento o continuó su predicación itinerante. Es elegido ministro provincial del norte de Italia, sin que se sepan claramente sobre que territorio. Las fuentes subrayan su ejemplaridad, clemencia y capacidad de conmover los corazones de los tibios y negligentes. Dejó el oficio de Provincial en mayo de 1230, luego del traslado de los restos mortales de San Francisco a la basílica que se le había construido.

1228: Predica en Vercelli, y sus sermones dejaron una huella indeleble incluso en el clero de la catedral.